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El talento se desperdicia por un pigmento en la piel

Foto Archivo El Nacional

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12 años de esclavitud rememora el genocidio negro del siglo XIX a través de la denuncia de un régimen que reprimía y desaprovechaba a hombres valiosos

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Algo grave ocurre en una sociedad cuando debe ocultarse la cultura o la inteligencia como método de supervivencia. “¡No le digas a nadie que sabes leer y escribir!”, casi ruega un esclavo experimentado a un recién llegado al sur de las brutales plantaciones de algodón del siglo XIX, el culto y sensible Solomon Northup, en 12 años de esclavitud. “Eres un negro excepcional, y temo que nada bueno vendrá de eso”, lo elogia de forma extraña, apesadumbrado, William Ford, el contradictorio papel de explotador piadoso interpretado por Benedict Cumberbatch que es probablemente el más rico en aristas de la película, a pesar de su brevedad.

En la cartelera venezolana desde el viernes y principal favorita al último Oscar que se entregará el domingo 2 de marzo (mejor película), 12 años de esclavitud es uno de esos casos en los que un premio podría revertirse en expectativas desmesuradas que invisibilizan los méritos concretos de una creación artística.

Perecer o adaptarse. El drama histórico del director británico Steve McQueen, basado en hechos reales, quizás no es la obra maestra y redonda que se espera que constituya una ganadora del Oscar. Pero el relato de Solomon Northup, un padre de familia y hombre libre del norte drogado con un equivalente a la “burundanga”, secuestrado y forzado a la esclavitud en el sur del escindido Estados Unidos de 1841, sí es un filme decente y conmovedor, que será apreciado mejor por los menos cínicos e insensibilizados, y plantea por lo menos un par de temas pertinentes en la Venezuela de 2014.

Uno de ellos es el del desperdicio del talento. 12 años de esclavitud muestra escenas de crueles torturas físicas que han levantado polémica, pero sobre todo deja en carne viva la estupidez de un régimen que desaprovecha a hombres como Northup (el actor de origen nigeriano Chiwetel Ejiofor), músico talentoso y sensible, perfeccionista carpintero y potencial ingeniero o arquitecto si recibiera la educación adecuada. ¿Qué pasa cuando un país segrega a los más capacitados al no considerarlos personas, o porque piensan diferente?

Otro es el dilema entre rebelarse frontalmente frente a un aparato represor y autoritario (y perecer en el intento) o tratar de mantenerse vivo de todas las maneras posibles, adaptándose, apelando a la astucia e incluso haciendo ciertas concesiones puntuales a los valores en los que el resistente cree porque, al fin y al cabo, siempre se es más útil a la causa final vivo antes que muerto. Por supuesto, es un debate eterno, cotidiano y extremadamente difícil de resolver.

Ni Ejiofor es un protagonista extremadamente carismático ni McQueen un director de muy alto vuelo, eso sí. 12 años de esclavitud se destaca ante sus dos otras competidoras en el Oscar, Gravedad y Escándalo americano, sobre todo por sus valores morales, antes que los estéticos. Se hace un poco predecible que Brad Pitt, uno de los productores de la película, interprete en la pantalla a uno de los pocos hombres blancos que denuncian el statu quo.

Del reparto secundario, la Academia de Cine de Hollywood postuló a la keniana Lupita Nyong'o por su papel de Patsey, una recolectora de algodón extremadamente eficiente que es objeto sistemático de vejaciones sexuales, y al alemán Michael Fassbender como Edwin Epps, un negrero degradado por su adicción al sexo y al alcohol quizás más apegado al estereotipo tradicional que el citado personaje de Cumberbatch.

 

12 años de esclavitud (12 Years a Slave)
Drama histórico. Estados Unidos, 2013
Director: Steve McQueen
Reparto: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Benedict Cumberbatch, Paul Giamatti, Lupita Nyong'o
2 horas
Estreno el viernes
Circuitos Cinex y Cines Unidos