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Los tabúes sociales se quedan en topless

 Wendla es la hija de una católica fundamentalista que pondrá sus creencias en duda al enamorarse de un ateo / Omar Véliz

Wendla es la hija de una católica fundamentalista que pondrá sus creencias en duda al enamorarse de un ateo / Omar Véliz

La pieza se centra en las dudas de un grupo de adolescentes. Escrita en 1891, plantea problemas vigentes

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Los adolescentes siguen teniendo las mismas preguntas que en 1891. Lo que han cambiado son las maneras de conseguir las respuestas. En ese entonces, el dramaturgo Franklin Wedekind escribió una obra acerca de las dudas que se desatan en la pubertad. La bautizó Despertar de primavera, pieza que ahora retoma Luis Fernández con la intención de desmantelar los tabúes que resisten el paso del tiempo.

Fernández dirige a 12 jóvenes, a quienes hizo firmar un convenio en el que aceptaban hacer desnudos y escenas homosexuales si él lo consideraba pertinente. Y no dudó en usar esta licencia. Sin haber pasado 5 minutos de iniciada la obra, el personaje de Wendla, hija de una católica fundamentalista, hace el primer topless para cantar “Madre”, un tema que reflexiona sobre la evasión de los padres ante las preguntas incómodas de sus hijos.

La joven conoce a Melchior, el ateo que la hará poner en duda todos los dogmas que le inculcó su madre. Ambos estudian en un colegio católico junto con personajes como Morritz, el hiperactivo; Gregor, el obsesivo; Ernst, el homosexual; Hanssen, el adicto sexual; Martha, la abusada sexual; y Thea, la discriminada racial. Son tantas historias en paralelo que algunos personajes solo quedan como referencia en la trama principal. Todos deberán luchar por cumplir con los estándares sociales para ganar un cupo en el colegio el año siguiente, pues habrá 40 vacantes para 41 estudiantes. “Una víctima tiene que haber”, se vuelve el lema de todos.

Se mantienen las escenas de maltrato físico y masturbación del guión original. Aunque algunos de los desnudos son innecesarios a lo largo de las 2 horas que dura la obra –

tampoco fueron incluidos en la versión que presentó Broadway en 2006– en ciertas escenas podrían justificarse, como por ejemplo en la que los jóvenes le cantan a la genitalidad. En ese momento todo el elenco juvenil queda desprovisto de ropa.

Los primeros actores Diana Volpe y Luis Abreu son los únicos que nunca se desvisten. Encarnan a los adultos de la pieza y representan a la autoridad. Hacen las veces de doctores, profesores y padres.

El juego de luces crea una atmósfera íntima, revela por momentos el escenario completo, constituido por un gran pizarrón que representa una metáfora de psique colectiva, en la que se mezclan anotaciones de materias escolares con pensamientos de los protagonistas.

Las coreografías, a cargo de Vittorio Marson, desafían las habilidades de los artistas que comparten escena. Deben coordinar muy bien sus pasos para no lastimarse mientras bailan con dos bancos de madera, con los que representan gradas, estrados, camas y hasta una cruz sobre la que se suben todos.

La musicalización de Majarete Sound Machine es uno de los aspectos más destacados. Equipados con guitarra, batería, chelo, piano y bajo, los artistas se pasean por géneros como el rock y el pop, incluidos también en la versión original que se hizo en Broadway en 2006, en la que Lea Michelle (protagonista de Glee) le prestó su piel a Wendla. Ese año la obra ganó ocho premios Tony, entre ellos el de Mejor Musical.

En Venezuela, en 1992, el grupo Rajatabla presentó la obra bajo la dirección de Carlos Jiménez, protagonizada por Erich Wildpret y Nathalia Martínez.


Despertar de primavera

Centro Cultural BOD

Hora: 8:00 pm

Entradas e información: www.ticketmundo.com