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Un siglo de Guerras Mundiales

Hitler invade Rusia a pesar de su pacto con Stalin | Cortesía: History

Hitler invade Rusia a pesar de su pacto con Stalin | Cortesía: History

Mañana es el gran estreno de una superproducción sobre la épica del siglo XX: los treinta años convulsos que unieron la Gran Guerra con la Segunda Guerra Mundial. La ministerie de seis horas la transmitirá History Channel

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“Fue la Gran Depresión la que hizo a Hitler posible”. La frase es de Robert Gellately, historiador canadiense de la Florida State University, una de las muchas voces que analizan los vasos comunicantes entre las grandes guerras del siglo XX: el camino de trincheras que recorre la Gran Guerra y que desemboca en la Segunda Guerra Mundial.

Este es el enfoque por el que apuesta Guerras Mundiales, la superproducción que History Channel estrena mañana: seis horas de duración, en tres noches consecutivas, en transmisión simultánea por el nuevo canal H2.

Participaron tantos países como los involucrados en la Triple Alianza y la Triple Entente. Fue filmado en Estados Unidos y Europa. En este docudrama, sin embargo, los protagonistas son los liderazgos, la cronología individual de los hombres que crecieron en las trincheras de una guerra y que después dieron el salto de la retaguardia a la primera línea de la geopolítica internacional: Roosevelt, Hitler, Mussolini, Churchill, De Gaulle, Tojo, MacArthur, Patton, Stalin. ¿Y si en realidad no hubo una primera y una segunda guerra, sino una gran conflagración como motor de la historia? “Una guerra que duró treinta años”, dice Russ McCarroll, vicepresidente de desarrollo y programación de History. ¿Qué hay de nuevo en las dos grandes guerras del siglo XX? Un punto de vista.

Carácter en pantalla

Los historiadores más ortodoxos gozarán cazando detalles más propios de la cinematografía que de la rigurosidad del pasado. Por ejemplo, ver a Hitler despachando desde un escritorio barroco, sin aquel minimalismo de la Bauhaus. Vistiendo una corbata muy moderna para la ocasión. Pero funciona. La música es envolvente, la escenografía exhaustiva y lo mejor, el casting: no son caras famosas, sino caras conocidas. Una caracterización de primera línea: ver al viejo Adolf Hitler (Hugh Scully) y ver al joven Hitler (Maximilian Klas) es en la pantalla ver a una persona en lugar de dos actores. Igual que el viejo Josef Stalin (Joseph Scott Barbarino) versus el joven bolchevique revolucionario (Jacopo Rampini). Impresiona.

De ello dio fe Bernard de Gaulle, sobrino de aquel joven teniente que pasó a capitán y que fue clave en la historia del siglo XX. Él, incluso, va más allá: “La Primera Guerra Mundial fue en realidad la segunda guerra franco-prusiana. ¡Fuimos humillados! Mi bisabuelo, el padre de Charles de Gaulle, luchó en esa guerra. Por tanto, la Primera Guerra Mundial fue vista como una venganza; y la segunda guerra fue en realidad para nosotros la tercera”. Y su tío, Charles de Gaulle, el artífice de la reconciliación.

Acaso, la única omisión importante que hay en la producción es la ausencia de la Guerra Civil Española, ese campo de pruebas alemán, que alertó al mundo de lo que estaba por venir. Bernard de Gaulle, que era un niño en los años treinta, recuerda que entonces se dedicaba a leerle la prensa a su padre, quien sufría de una parálisis. Los titulares sobre España eran desalentadores: “Fue algo que me marcó mucho. Fue muy cruel”.

Steve Gillon, historiador in-house del canal, indica que son renuncias inevitables ante la apuesta del planteamiento: “La guerra fue un continuo”, y el objetivo de la miniserie es justamente centrar los focos en los hombres de la batalla. “La experiencia que tuvieron durante la Primera Guerra Mundial marcó su destino durante la segunda”.

Épica comentada

En paralelo a la narrativa, al trabajo del elenco y al efecto de la tecnología CGI (computer-generated imagery), la miniserie le da voz a expertos como Gellately, pero también a testimonios del presente, como el senador John McCain, el general Colin Powell, el ex primer ministro del Reino Unido John Major y el ex primer ministro de Italia Mario Monti, entre otros. “¿Cómo inspiramos a las nuevas generaciones? ¿Cómo los acercamos hacia la historia?”, se pregunta Russ McCarroll. Con las técnicas de la ficción al servicio del relato histórico, con los personajes en la primera línea de fuego. El debate de fondo, finalmente, es sobre el papel que desempeñan los individuos: la complicada interacción entre el entorno, las personalidades y las decisiones que cambian el curso de la vida de millones. El reto más grande, como señaló Sally Habbershaw, vicepresidente de programación internacional de A+E Networks, fue hacerlo con rigor, manteniendo la objetividad ante los hechos y aportando nuevos elementos de reflexión a una llama bélica que hace ya cien años que se encendió.


Charles de Gaulle en Maiquetía

Las fotos de aquel día son de Francisco Edmundo “Gordo” Pérez. La Venezuela que se recuerda en blanco y negro. El general Charles de Gaulle, embutido en su icónico uniforme militar, baja del avión y saluda. Lo recibe el entonces presidente Raúl Leoni.

El periodista Michel Anfrol, francés, pero con marcado acento sureño en su castellano, lo recuerda perfectamente: “En marzo de 1964, De Gaulle hizo una gira por América Latina”. Comenzó en Venezuela y terminó en Brasil.

“Durante la guerra –dice Anfrol, veterano periodista, quien narró la llegada del hombre a la Luna en Francia– América Latina fue el continente que más lo ayudó: prácticamente todos los gobiernos lo reconocieron como el jefe de la Francia Libre”, dejando entendiendo al mariscal Pétain, héroe de la Primera Guerra Mundial, quien comprometió su gloria al presidir el régimen colaboracionista de Vichy.

Anfrol, vinculado al Instituto Charles de Gaulle, es muy amigo de su sobrino Bernard. Un gaullista en toda regla. Acaso por ello, las principales observaciones que le hace a la miniserie Guerras Mundiales se concentran en él. “Es una visión gringa de la Segunda Guerra Mundial”, dice luego de la proyección, ante la cuota de pantalla que por contra se lleva Franklin Delano Roosevelt.

Anfrol asegura que De Gaulle siempre agradeció el gesto de América Latina. En Internet se puede ver un video sin sonido de la British Pathé que lo muestra paseando por las calles de Caracas, saliendo del Panteón Nacional y llegando al Palacio de Miraflores.


Stalin. Si Lenin tuvo el protagonismo durante la Primera Guerra Mundial, Stalin se encargó de destronarlo para imponerse como uno de los grandes villanos del siglo XX. Acaso solo un alemán fue capaz de hacerle sombra.

Hitler. Invade Rusia, a pesar de su pacto con Stalin. Los aliados acaban de rivales. Es la inesperada evolución de un pintor fracasado que en la Primera Guerra decide unirse al poderoso ejército alemán.

Tojo. Después de la Primera Guerra Mundial, estuvo en Berlín como agregado militar de Japón. Por él, Estados Unidos desembarcó en la segunda: Pearl Harbor. Los años de formación militar habían cristalizado.

Roosevelt. Empujado por la Gran Depresión, recortó a la mitad el presupuesto en defensa de Estados Unidos. Y en menos de treinta años se disponía a invadir Europa con un “arsenal de democracia”.