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La semilla del sistema en Groenlandia dio frutos

Ron Davis Álvarez y la delegación de Groenlandia visitaron Venezuela después de viajar por Europa y Estados Unidos | Foto Leonardo Guzmán

Ron Davis Álvarez y la delegación de Groenlandia visitaron Venezuela después de viajar por Europa y Estados Unidos | Foto Leonardo Guzmán

Una delegación de Uummanaq y Nuuk visitó el país para conocer el modelo venezolano de enseñanza

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Una delegación groenlandesa, asociada al Uummanaq Children’s Home, visitó el país para conocer la raíz de un modelo de enseñanza musical que desde hace un par de años ha estado aplicando. El responsable del nexo entre el orfanato y la institución que José Antonio Abreu fundó hace 38 años tiene nombre y apellido: Ron Davis Álvarez, un guatireño que asumió al reto de crear una orquesta infantil en el Círculo Polar Ártico.

Ayer los siete visitantes –tres alumnos y cuatro profesores– se integraron a la Orquesta de la Juventud Mirandina Vicente Emilio Sojo y al Coro Ambrosio Plaza en una de las sedes del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, en Parque Central. Los dos hábitats en los que Álvarez se ha formado como músico y pedagogo se fusionaron por un momento. Si no fuera porque los venezolanos lucían las chaquetas tricolores y los invitados llevaban sus trajes, blancos los chicos y rojos las señoritas, no habría manera de distinguirlos.

El maestro Abreu y algunas autoridades de Fundamusical Bolívar observaban la presentación. Álvarez, enérgico como de costumbre, llevó la batuta en un concierto que incluyó piezas escritas por Arnannguaq Gerstrom, directora de la Orchestra School of Nuuk, también ubicada en Groenlandia. Igualmente, como para poner el acento en la conexión entre naciones, interpretaron “Venezuela” y “Alma llanera”.

Navarana Berthelsen, de Nuuk, dice que no sabía ni siquiera dónde estaba ubicada la tierra de Bolívar antes de que Álvarez llegara a Groenlandia, un país con la tasa de suicidios más alta del mundo y un clima aplastante de -30° C , con estaciones de oscuridad en las que no se ve la luz del sol.

El venezolano, ahora de 28 años de edad, se trasladó al Círculo Polar Ártico tras ganar una beca del Uummannaq Children’s Home que le sugirió Virginia Largo, su profesora en el Instituto de Estudios Musicales, ahora Unearte. Hizo una gira por Europa con el pianista estadounidense Joel Spiegelman y se trasladó a esa región a la que, para llegar desde Caracas, es necesario recorrer 35.000 kilómetros: tomar 6 aviones, un helicóptero y trineos llevados por perros salvajes sobre la nieve.

“Queremos que se establezca un puente sólido y se constituya una orquesta binacional permanente, que sea punto de partida para un intercambio constante”, dijo un Abreu rebosante de orgullo. “Es muy emocionante para nosotros porque se corresponde con nuestro objetivo, con nuestra labor. Estamos felices de recibirlos. Haber sembrado esta semilla nos llena de esperanza”.

Álvarez lució un traje con lazo de cuadros rojos, que recordó los episodios en los que tuvo que ponerse zapatos de payaso para atraer la atención de 30 niños provenientes de hogares desintegrados y con serios problemas para socializar. Lo que para muchos parecía imposible, por causa de trabas psicológicas y traumas profundos, ocurrió: los pequeños, con los que no compartía ni siquiera un idioma –cuando llegó él no hablaba inglés, danés ni kalaalisut–, comenzaron a tocar juntos.

La delegación groenlandesa visitó el Centro de Acción Social por la Música y los núcleos de Montalbán, San Agustín y Guatire, donde actuó, apoyada por los jóvenes venezolanos, a casi 60° centígrados por encima de la temperatura a la que está acostumbrada.