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400 sacos de silencio para ver el alma

FOTO Williams Marrero

FOTO Williams Marrero

Luigi Sciamanna completa su trilogía sobre el arte, el humano y el poder con una pieza que ubica a un grupo de religiosas y a un soldado en un convento que será bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial

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A pocas horas del bombardeo, el soldado se justifica ante la madre superiora con un discurso sobre la guerra que trae la paz. Pero para ella los gobiernos siempre hacen las mismas promesas. “Aquí te dejo la ciudad destruida, pero tenemos paz. Te dejo los cadáveres de la gente que amaste, pero tenemos paz. Te dejo tu miseria y tu hambre, pero tenemos paz”, se lamenta la monja con el llanto atragantado.

En el convento Santa María de las Gracias varias religiosas viven las últimas 24 horas de la rutina que conocen. Pero antes de partir a un mundo desconocido se concentrarán en salvar una antigua pieza de arte cubriéndola con 400 sacos de arena.

El montaje, que se estrena esta noche en el Teatro de Chacao, completa la trilogía que Luigi Sciamanna se dedicó a escribir y dirigir sobre el arte, el ser humano y el poder. Luego de haber presentado La novia del gigante y El gigante de mármol, obras con las que explora la creación de Miguel Ángel Buonarroti desde una perspectiva masculina, con 400 sacos de arena se adentra en el misterioso y cambiante mundo femenino. Para ello tomó una anécdota protagonizada por sacerdotes y la trasladó a unas monjas de claustro.

“Es una cosa de intuición. Quería contar esa historia con mujeres. Desde que arranqué el proyecto, en 2006, me había enfocado con las dos obras ‘falocráticas’, como me gusta decir. Esta es diferente, porque aquí no se discuten las ideas como en las anteriores. Esta está llena de melodías y de pausas, de muchas preguntas que quedan con un final abierto. Me siento particularmente feliz con esta obra por lo que representa en mi transitar como artista”, afirma el autor.

El montaje incluye escenas de una misa, textos de la Biblia y cantos gregorianos, bajo la dirección musical de Isabel Palacios, quien además da vida a uno de los personajes. Cantantes líricas actúan y actrices –Elba Escobar, quien interpreta a la madre superiora, y Mariaca Semprún– cantan. Todo para crear una atmósfera emocional única, según el deseo del director. “Es una obra pensada para un espectador exigente, adulto. Todos sus elementos son muy importantes”, dice.

Escenas de introspección. Transcurre un día de agosto de 1943. En un convento de Milán, Italia, un grupo de religiosas recibe a un militar –encarnado por Martín Peyrou–, quien las advierte sobre los ataques de los Aliados. Entre sus rezos, comidas y costumbres, ellas se encargarán de resguardar La última cena de Leonardo Da Vinci para que no se deteriore entre los escombros. Mientras, se desarrollará una historia de amor entre el soldado –viril y a la vez dulce, señala el director– y una de las monjas. “Cuerpo y alma no pueden estar separados –explica Sciamanna–, tiene que haber un espacio para el amor expresado a través de la carne. Me parece fantástico que la madre superiora entienda y eso no significa que el personaje ame menos a Dios”.

400 sacos de arena es una pieza visualmente contrastante. Pero es sobre todo un montaje auditivo, tanto cuando se escuchan melodías y ruidos de guerra y de naturaleza viva como cuando aparecen y se alargan los silencios. Para el director, son esos los momentos para el encuentro del espectador consigo mismo: “Es una obra sobre el alma. Están las escenas fuera del convento, donde está la muerte, la destrucción; y aquellas de introspección, de servicio al otro, en las que el corazón quiere estar a solas. Es sentir el valor de estar en silencio, que habla también de la fuerza del espíritu en tiempos de adversidad”.


400 sacos de arena
Teatro de Chacao, avenida Tamanaco, El Rosal
Estreno hoy
Funciones: viernes, 8:00 pm; y sábado y domingo, 5:00 pm
Entrada: 280 bolívares, platea; y 180 bolívares, balcón