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El respeto es el único camino hacia la libertad

El Grupo Actoral 80, bajo la dirección de Héctor Manrique, estrena la pieza Fresa y chocolate del autor cubano Senel Paz. Entre episodios de humor y ternura, la obra habla sobre la fuerza de la amistad y el dolor de las despedidas

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Diego y David se conocieron en Coppelia, una heladería al aire libre de La Habana. Cualquier encuentro entre ellos parecía improbable: uno representa lo que el otro “debe combatir”. Diego es homosexual, admirador de la literatura prohibida –como el poeta José Lezama Lima–, practicante de la religión y opositor del castrismo. Mientras que David –heterosexual que estudia gracias a la revolución– es miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas.

Pero siempre hay un modo de conquistar, sin importar el sistema político en que se viva –como dice Diego–, y entre ambos surge una amistad que se les vuelve ternura y rebeldía. Es su pequeño espacio para ejercer la libertad, hasta que el régimen los obliga a despedirse.

Más que a favor de la tolerancia –que suena, a veces, a obligación–, la historia de Fresa y chocolate es un manifiesto a favor del respeto, de la dignidad. Con la dirección de Héctor Manrique, la producción de Carolina Rincón y la interpretación del Grupo Actoral 80, la pieza se estrenará el viernes en el Trasnocho Cultural.

La idea fue del actor Juan Vicente Pérez, quien encarna a Diego. Conoció la historia cuando tenía 13 años de edad. Buscó el texto y lo propuso al grupo. “Esta obra es un canto a la amistad, a esa conexión que nos ayuda a superar las barreras”, dice.

Fresa y chocolate fue escrita por el cubano Senel Paz –que Manrique espera pueda ver el montaje si consigue boleto de avión–. Está basada en el cuento de su autoría El lobo, el bosque y el hombre nuevo, que él mismo adaptó para cine en los años noventa. Ha sido premiada y representada en diversas ciudades. “Es una obra que me convoca, como director, a hacer una puesta netamente actoral. Tengo muchos años conociendo a los intérpretes, sé cuáles son sus zonas de confort y sacarlos de allí ha sido una experiencia muy sabrosa. Hay un gran compromiso”, señala Manrique.

Daniel Rodríguez y Wadih Hadaya completan el elenco. El primero encarna a David y el segundo a Miguel, un amigo del estudiante que recorre el montaje como una sombra. Con barba y tabaco, representa a ese poder inquisidor, que vigila y elimina al que le resulta incómodo. Entre los tres fluyen energías alegres y violentas que viajan por un ambiente de muebles desgastados, mercado negro y escasez. Elementos que evocan La Habana de finales de los años setenta, pero también la actual, así como la Venezuela de principios del siglo XXI. La música incluye la voz de María Callas, el melancólico “Adiós a Cuba” de Ignacio Cervantes y composiciones de la pianista venezolana Karine Gil.


Aniversario. Se cumplieron dos décadas de la versión cinematográfica de Fresa y chocolate, que dirigieron Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío y ganó el Goya a la Mejor Película Extranjera y el Oso de Plata de la Berlinale y estuvo nominada al Oscar en la misma categoría. A juicio de Manrique, la historia sigue vigente: “Habla del amor como una fuerza modificadora. Creo que si hay algo que le está haciendo falta a nuestra sociedad es el respeto a la vida, a las ideas de los demás, porque nos enriquecen. En un país donde el gobierno nos insulta constantemente y donde no nos protege, creo que la salida es el encuentro real. Sin demagogia ni manipulación”.