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"Hay reconocimiento a la diversidad política dentro del arte"

Freddy Ñañez, presidente de Fundarte / Leonardo Guzmán

Freddy Ñañez, presidente de Fundarte / Leonardo Guzmán

El escritor dice que no hay razones para que una agrupación no reciba subsidio del Ministerio de Cultura, como es el caso del Grupo Actoral 80. "A menos que la compañía tome distancia", señala

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Nació en Petare, pero pasó gran parte de su vida en los Andes.

Freddy Ñañez es poeta, titiritero y desde hace 3 años dirige la Fundación para la Cultura y las Artes, que depende de la Alcaldía de Libertador. Ha publicado poemarios como Todos los instantes (2000), Un millón de pájaros muertos (2004) y Postal de sequía, ganador de la Bienal José Antonio Ramos Sucre en 2009.

En su oficina, en Parque Central, el ambiente es agitado.

Todo el mundo se ocupa de los detalles del Festival de Teatro de Caracas, que comenzó el viernes y finaliza el 10 de marzo. Un afiche con el rostro de Hugo Chávez está detrás de la puerta, cercano a pizarras acrílicas donde están escritas las actividades de la semana. La brisa, a ratos fuerte, entra por la ventana lateral y le recuerda a los visitantes que están en el último piso del edificio.

--Usted ha dicho que el Festival de Teatro de Caracas es parte de una transformación de la ciudad. ¿Eso qué significa? --Hasta este momento había una preponderancia de los lugares de consumo como única oferta cultural. Ahora se revaloriza el espacio público, donde ejerces categorías abstractas como la democracia, el libre tránsito, la libertad de expresión. Pero para hacer esto había que reconstruir no sólo la parte física ­se han recuperado más de 1 millón de metros cuadrados­ sino también un trabajo de subjetividad en el que el afecto sea la identidad.

--En este proyecto de recuperación de espacios públicos, ¿tienen pensado hacer alianzas con otras zonas de la ciudad? --Aquí hay un problema de concepción de la ciudad y cómo ésta se expresa. Para nosotros la cultura tiene que ser un derecho, como dice la Constitución. Quizás en algunas alcaldías la visión liberal de las artes plantea que el hombre es libre, aun en condiciones de desigualdad, de resolver su problema de desarrollo intelectual. Es la tesis del liberalismo, o sea, de Smith y de toda esa gente que dice que yo tengo las mismas condiciones que Gustavo Cisneros de asistir a un evento cultural. La visión liberal es la del gasto público, mientras que la revolucionaria es la de la inversión en lo social.

--¿Puede profundizar en ambas visiones de la gestión cultural? --La visión liberal descontextualiza al individuo artista de su lugar de origen y lo convierte en un individuo cuyo único vínculo con el espectador es el mercado. En la visión de izquierda, el arte es un acontecimiento que se da en el individuo, que está en correspondencia armónica o dialéctica con su contexto histórico. La obra de arte para nosotros es un bien social que se relegitima mientras se tenga mayor acceso a ella. En el caso liberal, la obra es un producto cuya cotización está suscrita al precio que tengan las obras.

--Allí se toca un tema: los subsidios... --El Estado tiene la responsabilidad directa de garantizar las condiciones necesarias para la creación y la preservación de la identidad nacional, que los artistas puedan trabajar.

--Cuando el Ministerio de Cultura deja de otorgar subsidio a algunas compañías, como el Grupo Actoral 80, ¿no hay una falla en su responsabilidad? --El modelo subsidiario que el Conac tenía se agotó en sí mismo porque no generó lo que se buscaba, se quedaba todo en clientelismo. En cuanto al GA 80 no hay razón para que no reciba subsidio ni apoyo del Estado, a menos que la compañía tome distancia y diga que no le interesan estas políticas. Creo que el arte y el amor son los únicos espacios en los que la diferencia se puede vivir de un modo creador.

--¿El Sistema Nacional de las Culturas Populares sustituye la figura de los subsidios? --Ese sistema se ideó para fortalecer el recurso financiero que se destina al talento y los productos de los artistas.

Realmente, es subsidiar la creación pero con un incentivo social, porque los recursos que maneja el Ministerio de Cultura deben tener interés público.

--¿En la visión revolucionaria hay lugar para la autocrítica? --Yo creo que la autocrítica que florece en la revolución es más contundente que la proveniente de intelectuales de la oposición. En la izquierda puedes ver a Aporrea o al mismo diario Ciudad CCS, leer a Vladimir Acosta o a Luis Britto. Creo que estamos más libres de dogmatismo que los planteamientos de la derecha.

--¿En la revolución no existe el dogmatismo? --Nuestra revolución es muy amplia. Puedes ver que existe un componente fuerte del marxismo, pero también del cristianismo; hay una gran carga de pensadores como Bolívar, Sucre, Simón Rodríguez, Zamora; junto con una referencia de las luchas que se dieron contra Gómez, Pérez Jiménez y la resistencia armada contra el llamado puntofijismo. Nuestra revolución es tan plural.

--En esa pluralidad, ¿qué sucede con el que piensa diferente? --Hay reconocimiento a la diversidad política dentro del arte. La cosa está en respetar la Constitución. Tenemos el problema de encontrarnos en un programa común. Debemos hacer políticas que no pongan el interés de la gestión en individualismos. Esta revolución en lo cultural ha beneficiado a más personas que a las que ha perjudicado.

--¿Cree que existe polarización en el teatro? --Lo que existe es la confrontación de dos modelos de país. El ejercicio más democrático está en el teatro, porque uno va a ver dos verdades que se confrontan, a ver cómo se resuelve la tragedia.

--Si el país fuera una obra de teatro, ¿cómo se resolvería la tragedia? --Yo creo que no debe terminar, porque se acabaría la democracia. Pienso que habrá un crecimiento de la conciencia política y eso va a redundar tanto en educación como en cultura. Necesitamos un ser que trascienda lo mediático y se convierta en hombre del acontecimiento. Todos los venezolanos deberíamos sentirnos privilegiados de la democracia que tenemos.

Una mirada al otro festival

Freddy Ñañez cuenta que antes no asistía muy seguido al Festival Internacional de Teatro de Caracas porque no tenía dinero para comprar las entradas. "Ahora puedo pagar algunas", dice.

El presidente de Fundarte afirma que la relación con los organizadores del FITC es de convivencia, que la enemistad entre ellos es más mediática que verdadera. Sin embargo, indica que sí tienen incompatibilidades en cuanto a la vocación cultural: "Para apoyar el Festival Internacional de Teatro de Caracas tendríamos que participar de su concepción misma, pero ellos se basan en los preceptos ideológicos del mercado y nosotros tenemos que garantizar que lo que invertimos en cultura sea óptimo. En ese sentido, no es mucho lo que podemos hacer allí. No obstante, en cuanto a la convivencia, considero que estamos bien.

Nosotros hacemos énfasis en el teatro nacional y ellos, sin querer, complementan esa labor con una política de teatro internacional.

Creo en la proliferación de festivales, en la apertura sincera".