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La quietud que nace al abandonar las puertas del Infierno

La obra contó con la asistencia de dirección de Luz de Petre | Foto Leonardo Guzmán

La obra contó con la asistencia de dirección de Luz de Petre | Foto Leonardo Guzmán

El grupo de teatro Altosf presenta desde hoy la pieza Nuestra divina comedia, una lectura del clásico de Dante Alighieri dirigida por Juan Carlos de Petre

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No hay objetos. Solo seres que gritan y se agreden, que pierden el control ante lo terrible. No hay música. Se escuchan solo sus voces al cantar y el ruido que generan sus cuerpos cuando se encuentran con los otros. Tampoco hay texto. Nada más gemidos y quejas indescifrables que se interrumpen cuando un hombre –de traje, lentes y un inmenso libro entre las manos– lee fragmentos de una divina comedia y pregunta al espectador adónde se llega por las puertas del Infierno. 

Altosf trabajó durante dos años esta propuesta artística. La compañía, que suma 38 años de actividad, buscó en lo más profundo de su metodología del teatro de lo desconocido para llegar a algo más allá, a la quietud del Paraíso. Nuestra divina comedia, una lectura muy personal del clásico de Dante Alighieri, la estarán presentando desde hoy y durante tres semanas en la sede de la agrupación, que está ubicada en el sótano 1 del edificio San Martín, en Parque Central. La obra es dirigida por Juan Carlos de Petre.

“Es la travesía por los círculos de Dante: el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. El primero es la naturaleza animal, las pasiones, el torbellino de deseo, las ambiciones y la destrucción. En escena hay algunos que se comen tal como ocurre en la sociedad, en la que hay gente que devora a otros para alimentarse. Desde allí, el Infierno es una realidad casi cotidiana que puede cambiar si se pasa al círculo del Purgatorio, que es la posibilidad de la conciencia, el reconocimiento y la aceptación de los errores”, indica el director.

La puesta en escena es el vacío. En un ambiente de marcados contrastes lumínicos, individuos se violentan, quedan descuartizados por lo terrible. El segundo acto es el primer paso hacia la reflexión. La luz le llega a cada uno. Como llevados por una incertidumbre espiritual, unos se quitan la venda de los ojos para alcanzar ese Cielo que es encuentro, silencio y calma.

“Cada ser humano tiene un momento de iluminación. Pero hay quienes no quieren verlo y se vuelven a colocar la venda. Les aterra más la luz que la oscuridad porque en esta última nadie te juzga, haces lo que te provoca, es el derrape, la confusión, el caos. Para ver la luz hay que tener coraje, entereza, honestidad y ahí es cuando llega la posibilidad del gran cambio. Hay que perder el Paraíso para entrar en la oscuridad, luego ver la luz y que al final la mirada sea limpia. Creo que ahí nace el amor”, agrega De Petre, quien cuenta en la dirección con la asistencia de su hija, Luz de Petre.

María Egea es una de las actrices que forma parte del montaje. Sentada en el semicírculo que han formado en el piso todos los intérpretes luego del ensayo, cuenta su experiencia con la metodología de la creación desde adentro: “Es la posibilidad de trabajar con lo que cada uno tiene, lo que va sacando de su alma. En el Infierno hay ciertas escenas establecidas que se van a repetir en cada presentación. Pero en el Purgatorio lo hacemos de una forma muy libre. Y en el Cielo el espectador ve lo que sentimos en el momento. Hay que tener una humildad para entregarse. Es una enseñanza”.
 
Nuestra divina comedia
Teatro Altosf, sótano 1, edificio San Martín, Parque Central
Funciones: sábado, 7:00 pm; domingo, 5:00 pm
Entrada libre