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"Es prohibitivo hacer y exhibir escultura en el país"

Maritza Rendón Oropeza, Artista Plástico y presidenta de la Galería de Arte Trazos / Williams Marrero

Maritza Rendón Oropeza, Artista Plástico y presidenta de la Galería de Arte Trazos / Williams Marrero

La promotora cultural asegura que lo más cuesta arriba de organizar una confrontación nacional es lograr la presencia de artistas del interior del país, pues no cuentan con los recursos para enviar las obras

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Maritza Rendón lleva una década al frente de la Bienal de Escultura, que este año celebrará su quinta edición. Al principio la criticaban por mostrar arte en los pasillos del Centro Lido, pero la exhibición que organiza se ha consolidado como uno de los espacios de confrontación dedicados al arte de las tres dimensiones con mayor poder de convocatoria. Hoy, sus antiguos detractores celebran su capacidad para darle continuidad al encuentro, en un país donde las instituciones hallan cada vez más cuesta arriba hacer gestión cultural.

–¿Qué implica que un encuentro cultural permanezca en el tiempo, sobre todo si se organiza sin auspicio del Estado?

–Para mí es un triunfo. Cada vez que tengo una bienal es un nuevo reto. Me motivo a organizar este encuentro porque constantemente hay artistas que son desconocidos, sobre todo en la capital, que están deseosos de exponer. En algunas galerías no se les permite hacerlo porque no cumplen con los requisitos para vender bien su obra. En otras les gusta trabajar más con extranjeros o nombres consolidados que con jóvenes venezolanos. Lo que exhibo acá son sólo creadores nacionales. Cada vez veo que hay más estudiantes, con mejores piezas, y eso es muy emocionante. Tenemos muy buenos artistas en el país y, aparte de eso, me gusta preparar la bienal. Siento que es un niño que ha ido creciendo y yo he ido formando. Los creadores siempre me preguntan si van a estar los grandes maestros al lado de ellos. Esa es una motivación fuerte.

–¿Qué es lo más difícil de mantener la continuidad?

–Contactar a los artistas del interior. En Caracas se desbordan, pero en los otros estados hay más limitaciones. Trasladar un cuadro es más fácil, porque lo puedes enrollar. Una escultura no. Cuesta mucho dinero enviarla, y además el grueso de los creadores jóvenes está desasistido económicamente. He optado por pagar el traslado en algunos casos; en otros, no les cobro la inscripción, de 350 bolívares. Ahora llevo 2 años con una motivación más profunda, que es exhibir obras tridimensionales de artistas populares, que están en muy mala situación porque no reciben apoyo. Sin embargo, realizan excelentes tallas en madera. A esos no les cobro nada. Tomo un pasillo del Centro Lido para mostrar su trabajo, que viene de todas las regiones. Es bellísimo, tiene un colorido diferente, son piezas como más sentimentales.

–¿Qué implica mostrar arte en un centro comercial?

–Los fines de semana no viene gente al Lido. Es más un centro de oficinas que un centro comercial. Sin embargo, trabajar acá es un reto. La ubicación nos da la oportunidad de que el público que viene se tope con una escultura. Les permitimos que toquen las obras y se tomen fotos, pero a la vez los motivamos a no hacerles daño. No es fácil, porque viene gente de todos los estratos sociales. Sin embargo cada vez es mejor, el público está más sensibilizado, y lo mismo puedo decir de los artistas. Nunca se nos ha perdido una pieza, y los propietarios, la familia Cohen, han sido una piedra fundamental para esta galería. Me permiten hacer la bienal. Son personas muy vinculadas con el arte.

–¿Es posible que los transeúntes del Centro Lido no sean conscientes de que lo que ven es arte?

–No, al contrario. Ellos van apurados, se topan con las obras y no les queda más remedio que detenerse, no se pueden zafar de la atracción que les generan las esculturas expuestas en un espacio abierto.

–¿Por qué se inclina por la escultura, cuando Caracas tiene una reputación bien ganada como ciudad de pintores?

–Porque desde un principio me di cuenta de que los escultores carecían de estímulos, eran como la cenicienta de las artes visuales. Dije: estos son los creadores que necesitan más ayuda. Aparte de eso, la bienal funciona como punto de encuentro porque son muy pocos los espacios que los escultores tienen para exponer, porque las obras tridimensionales necesitan respirar. Además, son pocas las galerías que cuentan con todo tipo de público entre sus visitantes. Las hay muy buenas, pero el pueblo, por llamarlo así, no acude a ellas. Todo el que toca la puerta sabe de arte o va a comprar. Así de sencillo. En cambio, acá me siento como en un museo.

–¿En algún momento se han planteado crecer con apoyo del Estado, de los gobiernos regionales?

–Ni se me ocurre, porque ahora estamos pasando por un momento muy triste y en el arte es donde más se siente. Si estamos fallando tanto en los servicios hospitalarios, imagínate en qué situación está el arte. Lo que sí creé es otro programa, llamado Arte Central, que me permite convocar a los pintores por regiones para ponerlos a concursar. Es más fácil que con la escultura, porque sus obras no requieren de grandes embalajes, ni se emplean materiales tan costosos como en las piezas tridimensionales.

–¿El valor del metro cuadrado atenta tanto a la hora de exhibir escultura como a la hora de desarrollarla, por la falta de talleres?

–Es prohibitivo hacer y exhibir escultura en el país. Pero paradójicamente cada vez hay más escultores. Ahí hago hincapié: los nuevos valores necesitan espacios y ser cobijados por grandes maestros, que permitan ver la confrontación y la evolución en la obra. Ellos cada día, con menos recursos y menos posibilidades, van desarrollando un discurso. Dicen: “No hago la pieza en bronce porque es más caro, pero la hago en hierro”. Traen trabajos bellísimos, algunos de metro y medio. También tengo en cuenta que hay muchos salones que ya no existen. Por eso digo que hay que seguir. A la larga, hacemos una labor importante. No me importa la inclinación  política de los artistas, a todos les doy apoyo.

–¿La línea que sigue la bienal es estrictamente comercial?

–Las esculturas siempre están a la venta. No se pueden aceptar piezas que sean peligrosas para el público, ni tampoco obras efímeras. Yo vivo de lo que vendo, y las obras efímeras están pensadas para museos, no para galerías. Eso es un problema, sobre todo para los más jóvenes. El criterio para escoger a los ganadores es totalmente transparente. Siempre hay dos jurados: un Premio Nacional de Escultura y el crítico Perán Erminy, que ha sido mi aliado, formador y padrino de la bienal, junto con mi hija María Mercedes Rendón. Mis nietos colaboran en el montaje. Todo queda en familia. Algo importante es que los artistas participan con un número y no con su nombre. Así el jurado galardona la pieza y no la trayectoria. Eso garantiza que no haya parcialidades.

–Se asocia la palabra bienal con museos. ¿Los visita regularmente?

–Sí. Lo hago porque es parte de mi trabajo. Pienso que la llegada de Juan Calzadilla a la Galería de Arte Nacional dio un vuelco positivo a las instituciones. Él sí sabe de arte. Cuando organizan la Noche de los Museos no voy, por la inseguridad. Prefiero ir al día siguiente, en horas diurnas. No me importa la política, sino los artistas. Hay que ir a las exposiciones y estar al tanto de lo que hacen tanto el Estado como los privados.

La convocatoria

Entre el 2 y 18 de septiembre estarán abiertas las inscripciones para la V Bienal de Escultura, que organiza la galería Trazos del Centro Lido, en Caracas. “Pueden participar escultores venezolanos y extranjeros con más de cinco años en el país, con una obra tridimensional de creación inédita, individual, original, de técnica y temática libre, realizada durante los años 2012-2013”, se lee en las bases.

En esta ocasión, la bienal se efectuará  en homenaje al maestro Pedro Briceño, Premio Nacional de Escultura 1964 y Premio Francisco Narváez 1990. La intención del encuentro es dar a conocer a los nuevos valores del arte tridimensional y confrontar sus discursos con los de nombres consolidados en ese campo de las artes visuales. La cita ha reunido a creadores como Max Pedemonte, Edgar Guinand, Colette Delozanne, Carlos Prada, Mateo Manaure, Oswaldo Vigas, Pedro Barreto, Luis Chacón, Antonia Azuaje,  Rafaela Baroni, Harry Abend, Rafael Martínez, Felipe Herrera, María Cristina Arria, Antonio Vargas, Lihie Talmor y J. J. Moros.

Las obras serán expuestas a partir del 20 de octubre y hasta el 24 de noviembre. Más información a través de la página  http://www.galeriadeartetrazos.blogspot.com/2013_02_01_archive.html.