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Un mediodía de poesía y primavera reverdeció el legado de Simón Alberto Consalvi

Simón Alberto Consalvi / Manuel Sardá

Simón Alberto Consalvi / Manuel Sardá

Como cierre al torrente de versos de distintas generaciones, Ildemaro Torres ensalzó la labor de promotor cultural del fallecido editor

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“Yo sé que seguirás en tu atalaya, allá en tu cordillera y yo en mi playa. Que llevarás un libro en cada mano y seguirás viviendo, ciudadano de este país que siempre fue tu signo”. El escritor Luis Beltrán Mago, cuyo nombre no estaba inscrito entre quienes recitarían sus poemas en la Sala Cabrujas, se sintió obligado a salir de la cama, afirmó, para dedicar el soneto “Íntimo”, al que pertenece la frase anterior, para rendir homenaje a su compañero de actividades culturales y políticas de toda la vida, Simón Alberto Consalvi.

La primavera, el tema central del pasado sábado al mediodía en el espacio de Los Palos Grandes, reverdeció el legado del editor adjunto del diario El Nacional, periodista, escritor, historiador, político y diplomático fallecido el 11 de marzo. “No hubo sombras en tu despedida, en esta ida que nunca será ausencia, sino un adiós que anunciará el regreso”, como recordó otro soneto de Beltrán Mago en el recital preparado por el Círculo de Escritores de Venezuela alrededor de la lumbre de la memoria de Consalvi.

 

Un camino de sueños. Carlos Alarico Gómez, presidente del Círculo de Escritores, abrió el acto de tributo en el que la poeta Sandy Juhasz se expuso a la intemperie del desierto en flor junto al zorro de El Principito y su cofrade Carmen Cristina Wolf se refirió a Consalvi como “brújula para mirar el presente” en el que un líder quiere transformar la rama seca en bosque. Ligia Colmenares atrapó un suspiro en el pestañeo de las aguas. La margariteña Magaly Salazar Sanabria tradujo la terminología marina y la demasía del araguaney. Edgard Vidaurre Miranda repasó tres estancias de su amistad con el homenajeado nacido en Santa Cruz de Mora, que siempre le dijo: “Joven, póngase a escribir, porque uno en la vida no es lo que tiene, sino lo que da”.

Rafael Rondón Narváez leyó poemas civiles e íntimos, los primeros para reformular las preguntas que constantemente se hacía Consalvi sobre Venezuela: ¿Qué somos? ¿Adónde vamos? “Estos meses no solamente son de araguaneyes, flamboyanes y apamates, sino de cambios que creo que se avecinan”, pronosticó. Vanessa Hidalgo compartió su primavera, la época “cuando uno todavía cree en el amor”, suspiró. Lidia Salas recordó el camino de sueños que cada domingo trazaba el periodista desde su columna de opinión en El Nacional. “Nunca como en este momento la primavera nos ofrece flores y esperanza”, enfatizó.

El filósofo, ensayista y médico Ildemaro Torres cerró la canícula de versos con unas palabras sobre Consalvi, a quien calificó de “extraordinario factor vinculante” en la cultura venezolana: “Haberlo conocido es uno de los más extraordinarios y significativos regalos de vida a los que podía aspirar”.