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Las poseídas de un colegio de monjas ganaron el Tusquets

Betina González, la primera mujer que recibe el galardón, escribió el libro mientras estudiaba un doctorado en Estados Unidos | Foto: EFE

Betina González, la primera mujer que recibe el galardón, escribió el libro mientras estudiaba un doctorado en Estados Unidos | Foto: EFE

La novela recrea la relación entre dos adolescentes rebeldes durante los años ochenta, en la Argentina posterior a la dictadura

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Recién llegada de Londres, Felisa Wilmer ingresa en un colegio de monjas de Buenos Aires y se convierte en el foco de atención por su rebeldía. Su inglés perfecto, sus aficiones artísticas y su independencia llaman la atención de López, la narradora de la novela, y así comienza una insólita amistad entre ellas. Pero corren los años ochenta y en la sociedad argentina aún no escuecen las heridas que dejaron los años de dictadura. Por eso, lo brutal y lo arbitrario tiñen el ambiente de Las poseídas, título que ganó la octava edición del Premio Tusquets de Novela.

Con el manuscrito, la argentina Betina González se convirtió hoy en la primera mujer que obtiene el galardón. “Es distinto a mis libros anteriores y que esos riesgos se premiaran me emociona mucho: es un honor”, dijo la escritora, presente en la lectura del fallo.

“La autora teje una trama que combina géneros y elementos diversos, la recreación poco complaciente del despertar sexual de la adolescencia y de su actitud desafiante ante la herencia de los adultos, así como la atmósfera de colegio de religiosos que acaba convirtiéndose en un trasunto sutil de un país que sale de la dictadura”, puede leerse en el veredicto del jurado, integrado por Almudena Grandes, Juan Gabriel Vásquez, Fernando Aramburo y Beatriz de Moura.

“Esta podría leerse como una novela de iniciación de las chicas y también como la pérdida de la inocencia que implica para cualquiera ingresar a la adultez, dentro y fuera del mundo político. La novela no sólo trabaja con los miedos de la adolescencia, sino que a eso se le suma el contexto del país y de la época en la que transcurre”, explicó González: “Elegí hablar de la posdictadura argentina desde la perspectiva de la iniciación, en la que siempre hay pérdida de la inocencia y en la que queda claro que el mundo de los adultos es siempre el del mal y la decepción”.

A lo descrito por la escritora se añade el trabajo consciente por despojar a la narrativa de los detalles, tanto en el lenguaje como en las alusiones a la política.