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El porno llega a Cannes como una historia de amor

La actriz suiza Aomi Muyock, el director argentino Gaspar Noé, la actriz danesa Klara Kristin y el actor estadounidense Karl Glusman posan a su llegada a la proyección de la película <i>Love</i> | Foto: AFP

La actriz suiza Aomi Muyock, el director argentino Gaspar Noé, la actriz danesa Klara Kristin y el actor estadounidense Karl Glusman posan a su llegada a la proyección de la película Love | Foto: AFP

Había mucha expectativa con el largometraje, pero Love dividió a la crítica: mucho sexo explícito en 3D

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La ración anual de escándalo en el Festival de Cine de Cannes la sirvió un viejo conocido en esas lides, el franco-argentino Gaspar Noé, que presentó una insulsa historia de amor en 3D sin mucho espacio para la imaginación ni las sutilezas.

Anticipada como una película “melopornográfica” y proyectada fuera de competición, Love despertó sobre todo indiferencia entre los espectadores; aunque antes, para poder entrar y conseguir una butaca en la sala, hubo hasta puñetazos. Pero tanta expectación se fue rápido por el sumidero: mucho sexo explícito y poco diálogo de fondo para una historia de amor entre jóvenes a los que les gusta mucho experimentar, pero no tanto los compromisos de la vida adulta.

El director, acostumbrado a deslumbrar en Cannes como hizo con sus anteriores películas —Irreversible (2002) y Enter the Void (2009)—, demuestra desde la elección del nombre de sus personajes la vocación autobiográfica que encierra el filme. Todos los hombres que aparecen responden a los nombres y apellidos del cineasta: Gaspar, Julio, Noé y Murphy. Este último (Karl Glusman) es un estadounidense que vive en París con la joven Omi (Klara Kristin) y con su hijo, cuando, el día de Año Nuevo, recibe una preocupante llamada de la madre de su exnovia, Electra (Aomi Muyock).

En forma de flashback, Murphy recorre a lo largo del día la memoria de los dos fogosos años que compartió con Electra y las rencillas que la pasión abrió en ellos. “Quería filmar la dimensión orgánica del estado de enamoramiento”, teorizó el realizador. Más prosaico, se justificó así ante las preguntas de los periodistas: “Todo el mundo ha hecho el amor en su vida, ¿no? Es un punto en común que nos une a todos”. Y aunque se le ha colgado rápidamente el cartel de provocadora, Noé negó que hubiera la menor transgresión en la película o al menos “nada que no se haya visto en otra parte antes”.

Ni siquiera considera transgresor el primer plano de la eyaculación tridimensional de Murphy sobre la audiencia, que levantó (para irse) a varios espectadores de sus asientos. Tan solo el protagonista era actor profesional antes de la película. A sus dos acompañantes femeninas en el triángulo amoroso las encontró el director en una fiesta y en una discoteca, respectivamente. Ante las previsibles trabas que encontrará el filme para ser distribuido en salas comerciales en países con censura, el director animó a que viajen a París para verla, “como hacía mucha gente en los años setenta para ver Emmanuelle”.

“Esta película nunca podría haberse hecho en Estados Unidos, por eso trajimos a los actores de allá para filmar aquí”, bromeó Noé.