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La perdición despliega su ira en las artes

La envidia, representada en la pieza Ojos de luciérnaga, plantea una relación conflictiva del hombre con su entorno/Cortesía Centro Nacional de Danza/ Archivo

La envidia, representada en la pieza Ojos de luciérnaga, plantea una relación conflictiva del hombre con su entorno/Cortesía Centro Nacional de Danza/ Archivo

El Centro Nacional de Danza organiza un espectáculo en el que cuatro coreógrafos venezolanos y tres invitados internacionales mostrarán su visión de los Siete pecados capitales

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Cada persona es libre –la mayoría de las veces– de pensar y concebir la vida como mejor crea. Tratando de mantener un equilibrio de valores y controlando fantasmas. Estos últimos puede que no sean lo convencionalmente aceptado, pero en ocasiones el individuo se vale de ellos para hacer arte y transmitir mensajes, emociones, ideas.

Así sucede con el espectáculo Siete pecados capitales, que organiza el Centro Nacional de Danza –antes llamado Compañía Nacional de Danza– e incluye la participación de cuatro coreógrafos venezolanos y tres invitados internacionales. A pesar de que se han dado muestras abiertas de los adelantos de la pieza, su estreno oficial será el viernes 9 de noviembre en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, en Los Caobos.

“Ya sólo con decir pecados capitales no hablamos de ningún cuento de Disney. Es una puesta en escena fuerte, no apta para menores porque toca toda esa bajeza humana que todos llevamos por dentro y que algunos manifiestan más que otros. No es una obra ni dulce ni bonita, tenemos que ser conscientes de lo que vamos a ver: el pecado, la contrapartida. Es un proyecto ambicioso, porque une a coreógrafos de distintas procedencias y crea un hilo conceptual”, señala Fabiola Fazzino, coordinadora de desarrollo artístico del Centro Nacional de Danza.

La producción del montaje se lleva a cabo desde febrero, fecha en la que se comenzó a trabajar en el primer pecado: la soberbia, ese orgullo que hace incapaz al ser humano de valorar a su semejante. La pieza es trabajada por el coreógrafo Armando Díaz, bailarín de la compañía, y lleva por nombre Castillo de telarañas.

La lujuria es recreada en La casta, que fue el siguiente baile que se montó, a cargo del uruguayo Martín Inthamoussú. El artista escenificará esa adicción, deseo sexual y pensamientos que quiebran la represa mental de quien los experimenta. El pecado de la gula se manifestará en la obra Hombre manzana, creada por Leyson Ponce, integrante de la agrupación Dramoteatro, para quien la música y el movimiento del cuerpo son un mismo instrumento de arte. La ira y la envidia les correspondieron a Rommel Nieves, Premio Municipal de Danza 2012, y a la coreógrafa Carolina Petit, respectivamente, representados en La ira y Ojos de luciérnaga. La última plantea la relación del hombre con su entorno que desata reacciones amenazadoras.

Faltan por llegar el mexicano Marcos Rossi y la española Carmen Werner, para desarrollar y dirigir las piezas correspondientes a los pecados restantes: la avaricia y la pereza. Ambos estarán en el país a mediados de mes. Lo que quedará luego será engranar todos los montajes, que incluirán música en vivo y 25 bailarines en escena.

Cada año el Centro Nacional de Danza presenta un gran proyecto con sus dos compañías: la de danza tradicional y la contemporánea. Con la primera, estuvieron de gira en Cuba con un espectáculo de bailes folklóricos de los estados de Venezuela. Con los integrantes de la segunda agrupación han presentado montajes de corógrafos como Luz Urdaneta, José Ledesma y Grishka Holguin. La intención, afirma su coordinadora, es valorar el trabajo nacional e internacional de los bailarines y transmitir su arte a las generaciones futuras.

 

Siete pecados capitales

Sala Ríos Reyna, Teatro Teresa Carreño, Los Caobos

Estreno: 9 de noviembre

Funciones: viernes y sábado, 7:00 pm; domingo, 5:00 pm

Entrada: 40 bolívares, patio; 20 bolívares, balcón