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Los peces sí lloran

Buscando a Nemo

Buscando a Nemo

Buscando a Nemo maestra de la animación contemporánea que regresa en 3D, le da voz a un mundo silencioso, invisible y amenazado

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El rey león (1994), uno de los últimos grandes clásicos de los dibujos animados tradicionales con el sello Disney, entronizaba la cúspide de la cadena alimenticia. Buscando a Nemo (2003), un clásico de la animación digital que reflota 9 años después con tecnología 3D, se sumerge en el lugar opuesto: el de los comidos.

Ni siquiera el chiste de un tiburón vegetariano alivia la sensación permanente de amenaza y precariedad que envuelve a los tres protagonistas, dos peces payaso y uno de la especie cirujano azul. También es un filme sobre la fragilidad de la memoria, base del afecto.

Sus valores cinematográficos, no el juguete de los anteojos que conceden las tres dimensiones, han robustecido al filme del estudio Pixar.

"¿Denunciamos menos la pesca indiscriminada porque sus víctimas vienen de un mundo invisible? ¿Sería diferente si los peces gritaran cuando los sacamos del mar en redes?", se preguntó el escritor ecologista Fen Montaigne. Nadie ha visto llorar un pez excepto en Buscando a Nemo. A medida que el sobreprotector padre Marlin y su casual compañera, la volátil Dory, se van acercando a la costa habitada por humanos en su absurda búsqueda de un pez en el océano, las aguas se hacen más turbias.

El ecosistema prístino del que provienen está cada vez más circunscrito.

Dirigida por un nativo de un pueblo pesquero cerca de Boston, Andrew Stanton (también realizador de otra obra maestra, Wall-e, y de John Carter), Buscando a Nemo tiene varios niveles de análisis. El extraviado Nemo, único sobreviviente del banquete de una barracuda, sufre una discapacidad (la "aleta feliz", más corta que la otra) y la tabula rasa mental de Dory ("si no quieres que le pase nada a Nemo, nunca le pasará nada", suelta en uno de sus silogismos no tan ilógicos) podría recibir una lectura sobre el Alzheimer o la endeblez del recuerdo en general.

Otra subtrama contrastante se desarrolla dentro del acuario de un consultorio odontológico: un microuniverso de supervivencia, descreimiento y personajes endurecidos, con ceremonia masónica de iniciación incluida.

Stanton ha jugado al misterio acerca de la posibilidad de una continuación para Buscando a Nemo, el quinto de los 13 filmes producidos por Pixar. El próximo clásico rescatado por la compañía cofundada por Steve Jobs (ahora adscrita a Disney) será Monsters Inc. (2001), que en Venezuela se verá durante el próximo feriado de Carnaval. Su segunda parte, Monsters University, se develará en junio de 2013. Aunque no fue tan bien recibida por la crítica, Valiente, otra historia de Pixar, se convirtió en el cuarto filme con más entradas vendidas en nuestro país en 2012. El gran estreno de 2014 se llamará El dinosaurio bueno.

El tiempo dirá si la compañía bandera de la animación digital mantendrá el canon de emotividad y maestría que estableció con joyas como Buscando a Nemo. Mientras tanto, se puede disfrutar de las burbujitas y una preciosa superficie marina nocturna en 3D, y de las preguntas de los niños cuando ven a una ballena: "Papá, ¿eso es un tiburón grande?".