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Tampoco hay papel para publicar libros

A falta de novedades, las librerías tienen que arreglárselas para hacer atractivos sus anaqueles | Foto ALEXANDRA BLANCO

A falta de novedades, las librerías tienen que arreglárselas para hacer atractivos sus anaqueles | Foto ALEXANDRA BLANCO

El precio de las obras impresas en el país se incrementó por la falta de divisas 

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Desde hace tres meses los anaqueles de las librerías lucen iguales, pues las novedades, tanto importadas como nacionales, son cada vez más escasas. No se trata sólo de los problemas con la asignación de dólares para importar libros, sino que tampoco hay divisas para traer el papel y la tinta necesarios para imprimirlos en el país.

Las editoriales nacionales están haciendo malabares para poder presentar las novedades proyectadas para este año. Informaciones extraoficiales del mercado indican que la producción editorial privada de 2013 disminuirá entre 20% y 30% con respecto a 2012.

Mientras más pequeñas son las editoriales, más sufren. El caso de Lugar Común es significativo: de 10 libros que proyectaba tener listos para esta fecha, sólo ha podido presentar 3 novedades y reeditar uno de cuentos; 6 publicaciones esperan la llegada de los materiales para imprimirse.

“Durante 5 meses esperamos por el papel. Como un golpe de suerte, pudimos hacer los primeros libros de este año. Calculo que hemos reducido más o menos 35% la producción, pero de aquí a enero esperamos sacar los 10 títulos que nos faltan”, indica Bernardo Infante, director de Bid & Co.


Gráficas sin arte. Si los materiales son escasos y los pocos que hay son caros es porque las empresas y proveedores del sector de las artes gráficas –responsable de producir desde etiquetas de empaques de medicamentos y comidas hasta libros de texto y obras literarias– deben pedir al Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio un certificado de no producción nacional para conseguir dólares. “Tenemos retrasos en la importación de papel, planchas y tintas”, afirma Juan Manuel Puerta, director de Editorial Arte, que atiende a una decena de sellos nacionales. “Trabajamos con materias primas extranjeras y la producción se ha vuelto escasa debido al proceso de las importaciones, que se ha vuelto lento por lo engorroso que son los trámites de las divisas”, asegura.

Edgar Fiol, director ejecutivo de la Asociación de Industriales de Artes Gráficas de Venezuela –órgano con 160 afiliados entre imprentas y proveedores–, señala que las empresas de artes gráficas atienden necesidades de sectores diversos y que existen papeles para distintos tipos de cosas, no es lo mismo el que se usa para libros que el de las campañas publicitarias. “Incluso cuando hablamos de papel de Manpa o Invepal, debemos preguntarnos qué porcentaje pueden producir, porque a veces no satisfacen el mercado completo y el cliente debe esperar mucho tiempo”, agrega.


Batallar dificultades. Como no se sabe cuándo va a llegar el papel, algunas imprentas piden a las editoriales que disminuyan los tirajes de sus libros. Otras se han visto obligadas a buscar presupuestos entre las imprentas de textos escolares, que tampoco pueden ayudarles porque su infraestructura no está hecha para sacar más de 6.000 ejemplares.

Las editoriales multinacionales Alfaguara y Planeta se han visto en la necesidad de imprimir en papel bond, que casi no se usa en el mercado porque su blancura cansa al lector más rápido. El tancreamy, que es el que comúnmente se usa para los libros, es escaso y se ofrece al mejor postor.

Entre las pocas optimistas del mercado está Beatriz Rozados, directora de Ediciones B, para quien el secreto es mantener buenas relaciones con las compañías de artes gráficas. “Trabajamos con las imprentas Melvin y Laukin, a las que les ofrecemos acuerdos de pronto pago, con lo cual nos aseguramos de que nos consigan contenedores. La crisis más fuerte la sufrimos en abril cuando no se conseguía nada de papel, pero ahora nuestro almacén comienza a llenarse”, indica y agrega que el verdadero problema es que con los retrasos en la asignación de divisas es difícil fijar los precios y los presupuestos de las imprentas cambian de una semana a otra. Así, un libro de tapa dura cuesta 500 bolívares y uno de bolsillo, en impresión rústica, varía entre 270 y 350 bolívares, según su número de páginas.


La pulpa del problema

Las imprentas consiguen el papel para los libros de dos maneras. Una es comprarlo a las dos empresas productoras en Venezuela: Manpa e Invepal –llamada Venepal hasta 2005, cuando la adquirió forzosamente el gobierno–, que producen desde papel de baño hasta cuadernos o empaques. Pero, como en Venezuela no se produce pulpa por falta de la materia prima, la base del papel, estas empresas también tienen que solicitar dólares para traerlo, generalmente de Chile. Otra forma es importar, pero traerlo de Estados Unidos o Finlandia –principales productores del material– no sólo encarece el producto final, sino que se toma tres meses en llegar, diez semanas más que si se compra en el país.