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Una obra descubre el perdón en los pequeños encuentros

Virginia Aponte dirige el montaje teatral | Foto: Henry Delgado / Archivo

Virginia Aponte dirige el montaje teatral | Foto: Henry Delgado / Archivo

Escrita por la autora cubana Uva de Aragón, la pieza Memoria del silencio es presentada por la agrupación Ago Teatro

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La historia que se construye en Memoria del silencio habla del perdón. De hallar, entre toda esa oscuridad en que puede convertirse a veces el mundo, esa luz que ilumina al ser humano. Señala a la reconciliación como el camino que hay que recorrer para dejar atrás los f

El montaje, que se estrena hoy en la Universidad Católica Andrés Bello, es dirigido por Virginia Aponte y presentado por Ago Teatro. Memoria del silencio es una versión que la autora cubana Uva de Aragón hizo de su novela homónima,  escrita en 1999 y publicada tres años más tarde. Cuenta la historia de dos hermanas gemelas, Menchu y Lauri, que fueron separadas en la juventud por la Revolución cubana. Una se exilia en Miami y se casa; la otra se queda en La Habana y se enamora de un comunista. Se encuentran 40 años después y todo lo que pasó en la mitad es narrado a partir de diarios, de recortes de periódicos y de otras voces atemporales. Una infancia común, heridas y rencores se entremezclan con Bahía de Cochinos, el éxodo, el mar y el período especial cuando cae la Unión Soviética.

Soraya Siverio, Lucrecia Baldasarre, Carlos Domínguez y Unai Amenábar son los encargados de protagonizar la pieza, basada en la novela que la editorial Eriginal Books publicó en formato digital y que convirtió así a De Aragón en la primera escritora cubana disponible en las listas de Amazon. El libro tendrá una versión en inglés que saldrá a la venta en los próximos meses.

En la obra hay mucho de la autora, que emigró de Cuba cuando tenía 15 años de edad. Ambas hermanas son, quizás, ella misma; ese otro rostro que aparece cuando se mira –quieta, silenciosa– en el espejo.

“Para mí fue una especie de exorcismo, la necesidad muy íntima de ponerme en la piel de una mujer más o menos de mi edad y experimentar esa vida que hubiera llevado si me hubiera quedado en Cuba. Me hizo lidiar con mis demonios, cosas que ni sabía que tenía dentro, muchas heridas. Ideas que aparecen en la novela las había plasmado en otro ensayo sobre la identidad cubana. He escrito mucho sobre esa reconciliación que me parece imprescindible para poder aspirar a un futuro mejor en Cuba. Creo que el amor de familia y los valores deben estar por encima de la violencia y la intolerancia. Quise humanizar ambas orillas. Memoria del silencio fue una forma de acercarme a mi país”, relata la escritora, que visita Venezuela luego de más de 20 años.

Nacida a mediados de los años cuarenta en La Habana, ha sido galardonada con premios en poesía y periodismo; y es autora también de cuentos y ensayos.

 

–¿Qué se necesita para lograr la reconciliación?

–Debe estar primero que cualquier ideología. Independientemente del papel que uno haya podido tener, se debe mantener el cariño de la familia. Uno tiene que poner lo humano por encima de lo político.

–¿Qué heridas destapó con Memoria del silencio?

–Una de las cosas que más me removió fue que nunca más vi a mi abuela. Ella se vino para Venezuela. Yo vivía en Washington y era muy pobre, tenía a mis dos hijas pequeñas y no tenía tarjeta de crédito.

–¿Cómo ve la actualidad cubana?

–Estuve allá en noviembre del año pasado. Cuba es el país donde todo cambia y todo se queda igual. Siempre hay cosas nuevas, reformas. Por ejemplo, vi tiendas, pequeños negocios, mayor tránsito de carros. En la cotidianidad hay gente que empieza a vivir un poquito mejor. En 1968 confiscaron todos los negocios pequeños, y habían hecho lo mismo con los grandes. En los años noventa permitieron a los “cuentapropistas”, gente que debe tener licencia para cosas inverosímiles: para hacer de payaso en una fiesta, para echarle líquido a las encendedoras o aire a las bombas en un garaje. Muchos se ganaban la vida con eso. Vi que hay pregones en las calles que venden queso crema, maní, frutas. Eso había desaparecido, porque estaba en los mercados del gobierno. Vi, por ejemplo, en la televisión del Estado, que es muy ideológica, en la que antes era todo en contra de Estados Unidos y de la mafia de Miami, que ahora se tocan temas como las personas que acaparan medicinas y las venden en el mercado negro. Son cosas que antes no se discutían en televisión. Vi a personas esperanzadas por el cambio. Aunque muchos dicen que en Cuba hay que tener fe y familias en el exterior. Porque ellos son los que mandan dinero. Me parte el alma porque veo a gente que creyó en la revolución y se sacrificó por sus hijos, pero el futuro llegó y no hay oportunidades para ellos. Me dan tanta tristeza como los exiliados. Porque a pesar de que uno pueda ir de vez en cuando mientras no vivas en tu país sigues siendo un exiliado. Y para un escritor el exilio es doble, porque necesita su cultura.

Ficha:

Memoria del silencio

Auditorio Módulo 4, UCAB, Montalbán

Estreno: hoy, 6:30 pm

Funciones: mañana, 2:00 pm; jueves, 6:30 pm; viernes, 12:30 pm; y sábado, 11:00 am

Entrada: 70 bolívares