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El nuevo Celarg, a 40 años de su creación

Fachada del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg) | Foto: William Dumont

Fachada del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg) | Foto: William Dumont

Fundado por Lucila Velásquez y el mexicano Leopoldo Zea, el centro de estudios sufre las consecuencias de la escasez y la polarización con un discurso socialista

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La creación del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos tuvo como objetivo, aquellos días de julio de 1974, la integración de América Latina a través de la investigación, la cultura y la formación. En su fundación ─promovida por la presidente del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes, Lucila Velásquez, y el filósofo mexicano Leopoldo Zea─ participaron figuras como Juan Liscano, Adriano González León, Salvador Garmendia, Domingo Miliani, Arturo Uslar Pietri y Miguel Otero Silva. Un millón de bolívares fue la asignación de recursos para su funcionamiento.

Este año se cumplen cuatro décadas de aquellos estudios que buscaban un entendimiento de la realidad latinoamericana. Cuatro décadas con altibajos presupuestarios y cambios que desembocaron en un Celarg de investigaciones reducidas, ensombrecido por la polarización.

Los inicios. Desde sus inicios el Celarg ha sorteado problemas económicos. A comienzos de los años noventa, el economista y profesor Héctor Malavé Mata ─que dirigía el Departamento de Investigaciones─ afirmaba que el centro era el menos favorecido en la asignación de recursos por parte del Estado. A pesar de que en 2 años había publicado 15 títulos, el número de investigadores se había reducido. Ganaban 18.280 bolívares mensuales por 16 horas de trabajo semanal.

“El Celarg ha sido convertido en una suerte de casa de cultura, en una especie de casa de festejos, en detrimento de las actividades de producción de conocimientos que en principio la definen”, declaró entonces a la periodista Chefi Borzacchini.

Asumiría luego la presidencia de la fundación Elías Pino Iturrieta. “En ese momento tratamos de volver a la tradición; darle mayor énfasis al departamento de investigaciones. Pero después se cambiaron los lineamientos. Creo que fueron decisiones de naturaleza política tomadas desde el Conac. Eso redujo el espacio de las investigaciones y de las actividades propiamente latinoamericanas”, señala el historiador.

A pesar de este contexto, Pino Iturrieta rescata elementos importantes: los vínculos con las embajadas que impulsaron actividades culturales, la inauguración de la Sala Uslar Pietri y la proyección que alcanzó el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, que tuvo entre sus ganadores al escritor español Javier Marías.

“Las maneras de expresarse con cierta autonomía se modificaron desde el advenimiento de Hugo Chávez”, recuerda el intelectual. “La independencia creativa e investigativa son fundamentales. En la medida en que se cercenan o clausuran se le hace un gran daño al trabajo intelectual”.

En revolución. “¡Independencia y patria socialista! ¡Hasta la victoria siempre, comandante!”, finaliza una carta divulgada por la Fundación Celarg el 7 de marzo de 2013, dos días después del fallecimiento de Hugo Chávez.

Para Roberto Hernández Montoya, presidente de la institución desde 2001, el centro se reafirma y se refuerza desde la llegada de Chávez al gobierno. “Hay muchas ideas por realizar en el Celarg; sin embargo, creo que hemos llegado a cierta plenitud, porque hemos logrado conectarnos con las manifestaciones simbólicas del país y el continente”, dice.

En el presupuesto de la nación aprobado para este año, al Celarg ─que se incluye en la Plataforma del Libro y la Lectura─ se le asignaron 22,9 millones de bolívares. Un monto insuficiente tanto para cancelar las deudas como para impulsar la investigación.

Pero Hernández Montoya justifica esta situación: “Eso siempre va a ser así, porque los proyectos que uno tiene siempre son más grandes que los recursos disponibles. Además, no es el Celarg solamente, todas las instituciones de la cultura tienen el mismo problema. Lo tiene el Estado”.

La directora ejecutiva de la fundación, Maryclen Stelling, hace referencia a ciertas deudas: “Aquí hay 160 empleados, pero en general las coordinaciones de jefatura trabajan con el mínimo necesario para poder tener estabilidad. En cuanto a reparaciones, es público y notorio que tenemos problemas con las fachadas, hemos hecho reparaciones en el ascensor y para el bienestar de los trabajadores. Solicitamos ayuda al Instituto de Patrimonio Cultural, pero hay una cola de espera”.

Se trata de una situación que ha afectado, sobre todo, al Departamento de Investigación. “El presupuesto alcanza para tres investigadores de planta ─actualmente hay dos: Alejandro Bruzual y Rafael Castillo Zapata─ y una docena de becarios, que llegan por concurso. En la Coordinación de Publicaciones, la crisis del papel la afrontamos como todo el mundo: guapeando. Hay libros que están en el horno, como una investigación sobre el Sucre como moneda de integración latinoamericana y otra sobre el petróleo”.

Son los temas latinoamericanos los que interesan a la directiva del Celarg, que afirma es el criterio que ha privado en áreas como, por ejemplo, la teatral. Basada en esto ha rechazado obras que no van con la línea de valores que predica. Pero ni Stelling ni Hernández Montoya hablan de censura en las tablas, algo que ha denunciado el director Héctor Manrique o sufrido la pieza Hollywood Style de Marcos Purroy. La situación ha generado distanciamiento entre el Celarg, las compañías teatrales y el público.

“Hay otros lugares donde, por decisión propia, esas agrupaciones prefieren presentarse porque consideran que son más cónsonos con su posición política. Es perfectamente normal en el proceso que estamos viviendo. Al Celarg vienen ahora otro tipo de espectadores, que están más casados con lo que estamos haciendo. Era un público desatendido que nos escogió y nosotros lo acogemos a él. Porque es un Celarg diferente al de antes, es una suerte de Ateneo de Caracas en su mejor momento. Y estos 40 años serán para recordar positivamente lo que se ha hecho y celebrar este nuevo Celarg del que estamos muy satisfechos”, afirma Stelling.

Finaliza con una idea sociológica: “Nuestra oferta exige un proceso de des-socialización y resocialización. Habrá quienes abandonen para siempre estos espacios, pero también habrá personas nuevas que vengan”.

mcastillo@el-nacional.com

@macborgo