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La novela Muerte súbita junta arte y transgresión

Este año Enrigue publicó el ensayo <i>Valiente clase media</i>, también con Anagrama | Foto EFE

Este año Enrigue publicó el ensayo Valiente clase media, también con Anagrama | Foto EFE

La obra ganadora del Premio Herralde 2013 narra un partido ficticio de tenis entre Caravaggio y Quevedo en el año 1599

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La más reciente novela ganadora del Premio Anagrama, Muerte súbita de Álvaro Enrigue, narra un partido de tenis ficticio celebrado el 4 de octubre de 1599 entre Quevedo y Caravaggio. “Me interesa el mundo donde se juntan la creación y las grandes transgresiones. Tanto el pintor italiano como el poeta español eran grandes transgresores de las costumbres de su tiempo, cada uno desde una trinchera distinta. El primero desde la afirmación pública de su homosexualidad y el otro a partir de la unión entre su profunda vocación católica y su perversa vida nocturna”, cuenta el autor mexicano residenciado en Nueva York sobre el libro que presentó anoche en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

—¿Qué puede decir un juego entre artistas del siglo XVI a los lectores del siglo XXI?

—Aquel período se parece mucho al nuestro. Así como a nosotros el mundo se nos hizo chico con Internet, a los europeos de entonces les pasó lo mismo con la conquista de Technochitlán, porque por fin había un paso seguro a China, el mundo se les volvió redondo. Aquella fue la primera generación que tuvo una fricción global, pues la gente ya había empezado a utilizar mercancías y valores que venían de otros lugares del globo, como el oro americano o la cocina china. En ese primer intercambio global se gestó nuestra cultura. Así, esta novela habla también de América, no como un territorio barroco sino como uno renacentista.

—A pesar de que la mayoría de los hechos que narra son ficticios, la novela hace un retrato cabal de hechos históricos. ¿Qué permite este juego entre géneros?

—La novela puede decir cosas que la historia no puede y lo digo con humildad de narrador. Uno en la ficción está autorizado a escribir sobre asuntos que, quizá, se parezcan más a la realidad. No creo que las novelas sirvan para explicarle nada a los lectores, pero hay un aprendizaje humano.

—Pero los escritores sí aprenden…

—Escribir una novela supone desaprender a escribir, todas nuestras novelas son una larga lucha más contra el lenguaje que contra la estructura, porque cada obra pide una forma distinta y uno debe aprender a escribirla.

—¿Por eso la obra es híbrida y su historia no es lineal?

—Me interesa la hibridez en los géneros. La idea es que se lea como un ensayo de la historia de tenis, aunque hay un momento en el que cínicamente se convierte en una novela. Al principio, los lectores deberían tener la sensación de no saber para dónde va el libro. En cuanto a lo formal, la anécdota es de un partido de tenis y quería que el lector la leyera como si estuviera asistiendo a uno. Cada novela es un juguete que un lector usa por seis horas luego de que un escritor la tuviera por tres o seis años.