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Yeniter Poleo: “Mi novela es sobre la aceptación de los errores”

La autora visitó al país en diciembre para bautizar su obra | Foto: Cortesía Libros del Fuego

La autora visitó al país en diciembre para bautizar su obra | Foto: Cortesía Libros del Fuego

Es una historia en el contexto del 4 de febrero desde el punto de vista de un periodista de sociales 

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La ciudad vencida es una derivación de una historia que la periodista Yeniter Poleo escribía sobre una urbe polarizada, pero que empezó a perder dramatismo y prefirió engavetarla.

Se quedó con los sentimientos en los que se adentró durante el desarrollo, la evolución de un lugar, de una sociedad en el contexto del Caracazo y el golpe de Estado del 4 de febrero de 1992.

Para hablar de la ciudad, la pertenencia y la pérdida, emerge esta trama de ficción protagonizada por un reportero de sociales llamado Bernard Guaní. En las primeras páginas, se encuentra en una metrópoli vacía, demasiado callada para ser un martes laboral. Lo que ve le recuerda lo vivido tres años antes cuando miles  de personas salieron a saquear y muchas otras fueron asesinadas por los cuerpos de seguridad.

Los comercios están cerrados, la mayoría de la gente resguardada en sus casas. La razón la desconoce, hasta que decide arriesgarse y llegar al periódico donde labora. Allí se entera de que un grupo de militares quiere derrocar al presidente.

Poleo no parte de un hecho personal para escribir sobre esos hechos. No experimentó ninguna situación de pérdida en 1989, pero sí vivió el miedo, el caos, la incertidumbre de los días posteriores.

“Es el punto de vista del observador. Los que no tuvieron esos dolores hicieron un gran esfuerzo por olvidar amparados por el mito de que los venezolanos somos alegres y nos reponemos de todas las circunstancias. Bajo ese manto, cometimos un acto de irresponsabilidad como sociedad civil, una demostración de falta de solidaridad”, resalta sobre la obra editada por Libros del Fuego.

Se refiere a cómo mientras las familias veían cada día menos posibilidades de encontrar a los desaparecidos, la voluntad oficial parecía imponer el cierre de ese capítulo lo más pronto posible. “Es un incendio que no hemos apagado. El recorrido hacia atrás que propone la historia supone también una introspección. Lo que olvidamos en 1989 volvió a estallar en 1992. También hablo de una élite metida en el exceso, en la necesidad de que todo vaya bien cuando iba mal”. 

No quiso plantear reflexiones en La ciudad vencida. Prefiere formular preguntas. “No juzgo ni a los militares ni a la dirigencia. La propuesta es revisar todo lo que permitimos. Mi novela es sobre la aceptación de los errores. Hay que empezar a construir y no esperar cambios abruptos”.

Buena parte de la trama se desarrolla en una sala de redacción, con remembranzas a la sede de El Nacional en El Silencio, donde trabajó. Sin embargo, durante los hechos del Caracazo acababa de terminar una pasantía en El Diario de Caracas

El desarraigo es un tema que la mueve. Tiene un par de obras de teatros sobre el tema que espera estrenar en Colombia, donde vive desde hace siete años, o Venezuela. Se centran en cómo se recuperan las raíces afueras. Cómo los que se quedan ven a los que se van, y viceversa. “Me interesa desarrollar los sentimientos de ambos lados, que a veces se recriminan”.