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Un viaje a la nostalgia construido a partir de melodías y sabores

Foto Manuel Sardá

Foto Manuel Sardá

Escrita y dirigida por Edwin Erminy, Rondó adafina narra el éxodo de los judíos sefardíes hasta llegar a tierras venezolanas. El montaje es una excusa para celebrar las diversas expresiones culturales del hombre

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Edwin Erminy cuenta que en la historia de su familia se funden muchos orígenes. Dice que es como una galleta sensacional: “Yo soy trinitario maracucho con corso carupanero”. Una mezcla insólita y maravillosa que lo ha hecho enamorarse de la existencia multicultural del ser humano.

“En esa riqueza que todos tenemos hay un material interesantísimo para el teatro que hay que compartir. No solo porque es sabroso, sino porque implica una posición ante el mundo: decir que uno cree en la diversidad, en el derecho de las minorías, celebrar las diferencias. Sobre todo en esta época en la que el mundo está lleno de fundamentalismos; y nuestro país, de intolerancia”, dice.

El arquitecto y diseñador escenográfico cree que la mejor manera de multiplicar este mensaje no es con un discurso político, sino festejarlo a través de las artes. Y es por eso que escribió Rondó adafina, pieza teatral que estrenará mañana en la Escuela de Enfermería de la UCV que está ubicada en Sebucán y que, además, dirige.

La obra, que mezcla danza, plástica y video, describe el viaje que realizó la comunidad judía sefardí desde sus tierras ibéricas hasta llegar a Coro, en Venezuela, a finales del siglo XV. Este éxodo está representado en un personaje ficticio que lleva el nombre de Benatar. “Esta comunidad es de las más antiguas de América y está prácticamente extinta. Queda solo un judío, a quien estamos invitando al estreno de la pieza. Ellos dejaron muchos aportes en lo cultural y académico, un ejemplo es mi profesor Isaac Chocrón. Es una historia que me apasiona porque es una forma de ser de los venezolanos que pocos conocen”, indica Erminy. Agrega que para elaborar la obra de teatro realizó un extenso trabajo de investigación que incluyó revisión bibliográfica y visitas a museos.

En Rondó adafina cada detalle tiene una razón de ser. Es una obra que está contada a través de dos recursos: la melodía y la comida sefardíes. Allí radica su título: una figura musical y un plato emblemático: el cocido de garbanzos con carne de cordero. El lugar donde se escenificará también está pensado para evocar esa sensación de nostalgia, de pasado. “Es un edificio muy viejo, data de finales de los años veinte. Nos ayuda a crear la intimidad entre el público y el actor, además de reforzar ese clima de viaje histórico”, señala el autor.

El montaje, que Erminy pretende llevar a Marruecos, Portugal, España, Brasil y Holanda, cuenta con la producción e iluminación de Carolina Puig e incluye las actuaciones de Oswaldo Maccio, María Carolina Leandro, Francisco “Pancho” Salazar, Gladys Seco, Mónica Quintero, Pastor Oviedo y Vera Linares.


Integrar las artes. Rondó adafina es un texto con el que Erminy ganó el premio literario de Fundarte, mención Dramaturgia, en el año 2002. Pero esta no fue su primera experiencia. Años antes había creado Variaciones sobre un concierto barroco, basada en una novela de Alejo Carpentier, con la que obtuvo otros reconocimientos y que presentó en ciudades como Londres y Bogotá.

“De esa vez me había quedado con el virus de la escritura. Pero quería hacer algo propio, no adaptaciones. Y es algo que tiene que ver con una inquietud por el teatro musical. He hecho mucha ópera, musicales con Palo de Agua Producciones, pero siempre quise saber cómo sería un espectáculo que partiera de lo venezolano. Llegué a sentir que estos modelos no nos expresaban totalmente como cultura y quise narrar el cuento de una manera diferente”.

Pero Erminy recuerda que no tiene formación como escritor sino como arquitecto. Y fue esa manera de ver el mundo la que lo guió en su proceso de creación: “Partí de los huesos estructurales de la narrativa y con la investigación armé el cuento que la alimenta. Está muy organizada formalmente. Después lo que vino fue un proceso de gozo, de disfrutar el texto, meterme en los personajes. Me apasionó y quiero seguir. Creo que tiene que ver con una forma distinta de asumir mi oficio de escenógrafo: no quedarme sentado esperando a que me llamen para un proyecto, sino convertirme en creador y contactar a los colaboradores. El teatro es un proceso de integración”.


Rondó Adafina

Escuela de Enfermería de la UCV, Sebucán

Estreno: mañana

Funciones: viernes y sábado, 7:00 pm; domingo, 6:00 pm

Entrada: 180 bolívares