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“El músico debe generar un campo especial de lucha”

Félix Allueva, presidente de la Fundación Nuevas Bandas / Manuel Sardá

Félix Allueva, presidente de la Fundación Nuevas Bandas / Manuel Sardá

Félix Allueva, presidente de la Fundación Nuevas Bandas, considera que los artistas necesitan buscar reivindicaciones para su gremio. Considera que dedicarse a crear, grabar y actuar en directo es un desafío en la actualidad

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Félix Allueva es un personaje fundamental en el movimiento musical venezolano. No solo es el autor del libro Crónicas del rock fabricado acá, texto referencial de lo que ha sido en el país el cultivo de ese género de vientre anglosajón. También es el creador de la Fundación Nuevas Bandas, concebida para darle soporte al festival que ha mostrado algunas de las mejores propuestas sonoras en las dos décadas pasadas y en lo que va de esta.

En tiempos recientes, específicamente a partir del 15 de febrero, el investigador se convirtió en el factor aglutinador del colectivo Músicos en la Calle, que ha reunido a artistas y agrupaciones que se declaran abiertamente en desacuerdo con la manera como se están llevando las riendas de la nación. En las primeras reuniones estuvo presente David Meire, representante del Frente Nacional de Bandas Rebeldes, quien respondió al llamado de Allueva para tender puentes, pero el activista abandonó el barco. El resto ha continuado manifestándose en la vía pública a través de la palabra y la música. El viernes pasado, cuando intentaron realizar un concierto en la plaza Francia de Altamira, fueron cuestionados –y ahuyentados– por personas que consideraron la actividad un insulto a los caídos en las protestas.   

En diciembre de 2010, cuando la Fundación Nuevas Bandas celebraba 20 años de existencia, el gestor cultural ofreció unas alarmantes declaraciones a El Nacional. “Si la tendencia se mantiene, en cinco años no habrá fundación”, dijo entonces y argumentó su vaticinio en una mesa tambaleante de cuatro patas, tres de ellas (salvo la primera) fracturadas: 1) el talento, 2) el aparato promocional 3) la difusión a través de medios de comunicación y 4) el apoyo gubernamental.    

—Por lo visto, la tendencia se mantuvo...
—Lo que dije en una onda de predicción debo decir que se cumplió. Si revisas qué está planificado para los próximos meses, no hay nada, salvo las tarimas que monta el Estado y los grandes espectáculos que las empresas trasnacionales que tienen capital fuera de Venezuela –como Evenpro– pueden pagar con dólares. Sin lugar a dudas los eventos este año pueden caer en 50% o más.

—¿Y qué puede decir hoy sobre una próxima edición del festival?
—Cuando nos levantamos esta semana nos dimos cuenta de que la inflación se había duplicado. Eso se va reflejar en los costos de producción de espectáculos a la hora de alquilar tarima, sonido, iluminación, transporte... Y ni hablo de los costos internacionales. Hay tantos problemas financieros que considero muy difíciles de realizar el festival y otros eventos, a menos que demos un giro fuerte de timón y definamos un perfil distinto. Simplemente el festival, como se ha realizado en los últimos años, no lo veo.

—Mutará entonces...
—Sí, o mutamos o desaparecemos.

—¿Cómo observa la posición del músico en medio de la crisis?
—El músico no escapa a la realidad que se está viviendo. Es un componente del pueblo. Independientemente de que pueda estar ubicado en clase media, en sectores populares o acomodados, se ve afectado. Y doy ejemplos concretos: ¿de qué vive? Quien se dedique exclusivamente a eso, vive de tocar, sea en un local nocturno, en un festival o en un evento organizado por una marca. Quizá los beneficios pueden venir por otras vías, como los derechos de autor, pero eso es solo para artistas consagrados. También, en épocas recientes, se ha sumado el apoyo de marcas comerciales. Lo principal son las presentaciones. Si eres solista o guitarrista de una banda, tocas dos veces a la semana en un local y una vez al mes en un concierto grande, posiblemente te dé para un sueldo más o menos estable. ¡Posiblemente! Pero el problema es que no hay toques. Los costos para mantenerse como músico activo son altísimos. La vida del músico es complicada y me atrevo a decir que lo es en cualquier sociedad. Sin embargo, en algunos países más desarrollados, los socialistas europeos serios, tienen determinadas condiciones que les permiten a ellos vivir de la música.

—O como el caso brasileño...
—Es un buen ejemplo. En los últimos 5 o 6 años ha crecido el aporte al ámbito cultural. Lo digo con certeza porque he estado allá y me he reunido con artistas que apoyan la labor que se ha venido realizando. Han incrementado los conciertos y hay una distribución más equitativa de los ingresos para el sector cultural. Brasil es una referencia importante. En un gobierno como este, que se dice socialista o humanista, debería haber una política similar y eso no está sucediendo. Lo que podría estar ocurriendo es que haya un “subsidio oculto” a pequeños sectores de la vida musical. Se les pide afirmar de una manera abierta, frente al público, que se identifican con el gobierno. Así, les dan apoyo, un sueldo, un cargo en alguna institución pública, acceso a dólares y viajes para representar al país en eventos internacionales. Yo supongo que algunos músicos creen en la revolución. Otros son mercenarios de la cultura.

—¿Por qué el Frente de Bandas Rebeldes se retiró de Músicos en la Calle?
—Con David Meire tengo una larga historia de amistad y colaboraciones. Siempre hemos tratado de tender puentes entre el sector oficial, la oposición y los Ni-Ni, que intentan ser apolíticos. He ido a reuniones del Frente de Bandas Rebeldes y él ha venido a las de Músicos en la Calle. Nosotros elaboramos un documento en el que planteamos hacia dónde vamos como organización. Él lo revisó y decidió que ellos no iban a participar porque era un perfil ‘muy de oposición’. Ese fue el argumento.

—¿Qué se dijo en la reunión de Músicos en la Calle después de lo que pasó en la plaza Francia?
—Lo que vimos allí fue una expresión de tendencias radicales dentro de la oposición. Parte de los que están haciendo resistencia en la calle, en Altamira, representan una visión superradical que no nos va a llevar a ningún lado. Así como estoy en desacuerdo con los paramilitares que son alimentados por el gobierno, también estoy en desacuerdo con esta gente. Es una postura irracional. Hay mucha inmadurez política. No hay compresión de que es necesario sentarse a dialogar, llegar a puntos comunes y avanzar. Ha sido difícil establecer acuerdos. Sencillamente decidimos seguir con nuestra actividad, pero no haremos conciertos allí.

—¿Ha sido difícil involucrar a artistas de renombre en Músicos en la Calle?
—Sí. Creo que muchos de estos músicos y bandas tienen miedo de fijar posición porque temen perder contratos, pero al mismo tiempo temen que un sector de sus seguidores esté en alguno de los dos bandos y deje de seguirlos. Lo que creo es que tarde o temprano les va a llegar la hora. Es muy difícil, por ejemplo, lo que le pasó a Desorden Público. Ellos siempre estuvieron navegando entre dos aguas. Llegó un momento en que fue insostenible. Los músicos con trayectoria deberían dejar de guabinear y fijar su posición con respecto a lo que está pasando en el país. No se trata de estar con partidos políticos, con el gobierno ni oposición, sino fijar posición sobre la realidad actual. Creo que el músico debe generar un campo especial de lucha. No se trata solo de estar activamente apoyando a otros sectores. El sector musical, como gremio, tiene que manifestarse sobre su cotidianidad. Es una historia muy larga de dificultades, que se ha mantenido desde hace décadas. Pero es un buen momento porque la sociedad está políticamente muy activa.