• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

Los musicales: flujo mutuo entre Broadway y Hollywood

Los miserables es un ejemplo único de musical cinematográfico cuyas voces se grabaron en vivo durante el rodaje. El director británico Tom Hooper buscó más emotividad que perfección vocal en actores como Hugh Jackman  | Foto: EFE

Los miserables es un ejemplo único de musical cinematográfico cuyas voces se grabaron en vivo durante el rodaje. El director británico Tom Hooper buscó más emotividad que perfección vocal en actores como Hugh Jackman | Foto: EFE

Los miserables, la película postulada al Oscar que está en la cartelera venezolana, es otro ejemplo de una relación simbiótica que no sólo ha beneficiado al cine  

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Hollywood tenía el dinero y las caras famosas. Broadway, las voces y el prestigio. A partir de los años treinta del siglo pasado, dos de los grandes universos del entretenimiento, rivales incluso en la ubicación geográfica en una y otra costa de Estados Unidos, comenzaron una relación que al principio consistía básicamente en que el primero se llevaba el talento y las ideas del segundo.

En décadas recientes la autopista se ha movido mucho más en ambos sentidos. Como ejemplo de la jugada clásica está la producción británica Los miserables, desde el viernes en las salas de Venezuela: la novela de Víctor Hugo fue convertida en musical en su nativa Francia en 1980, pasó a los teatros británicos en 1985, a Broadway en 1987 (allí se erigió como el cuarto espectáculo de todos los tiempos que más ha durado en cartelera) y ahora al cine.

La novicia rebelde (1965), West Side Story (1961), Mi bella dama (1964), Cabaret (1972), Vaselina (1978) y Chicago (2002) suelen aparecer en casi todas las listas de los mejores musicales cinematográficos de todos los tiempos. Tienen en común que primero se estrenaron como espectáculos de Broadway y luego se adaptaron a la gran pantalla. En algunos casos, los productores de Hollywood doblaron a las estrellas que no cantaban tan bien: por ejemplo, Marni Nixon es la voz oculta detrás de Audrey Hepburn en Mi bella dama. Figuras de la escena como Fred Astaire y Ginger Rogers hicieron maletas y fueron atraídos por el oro del cine californiano.

Para Broadway, la retroalimentación trajo sus beneficios: millones de personas, que en su vida jamás pensaron acercarse a un teatro a ver un musical, se familiarizaron con el género a través del cine. “La música en vivo hace que la experiencia de ver un espectáculo en el teatro sea insustituible, pero estrenar una película es un acto mucho más sencillo y masivo que el montaje de un musical”, confirma Claudia Salazar, la productora de recientes versiones venezolanas de La novicia rebelde y Godspell.

Ahora Broadway se nutre también tanto de los argumentos como de las estrellas de Hollywood. Las películas animadas de Disney, The Full Monty, Ghost, Mary Poppins, Los productores, Hairspray, Una monja de cuidado y Priscila, la reina del desierto son casos de historias del séptimo arte que se han convertido en musicales en vivo. Según el portal especializado Thefastertimes.com, aproximadamente un tercio de las producciones actuales del vecindario de Nueva York se basa en filmes.

Las películas musicales se ruedan ahora de manera mucho más esporádica, porque el género no es tan popular como en los tiempos de La novicia rebelde. “Pero las cintas de vaqueros también parecían en decadencia hasta que Clint Eastwood las reivindicó plenamente con Los imperdonables, y lo mismo hizo Baz Luhrmann con el musical mediante Moulin Rouge en 2001. El problema no reside en el género sino en el talento de quien hace los filmes”, advierte el crítico de cine Alfonso Molina. Y agrega: “La gramática de los efectos especiales ha homogeneizado la percepción del público, pero aparece Los miserables y de nuevo consolida un género absolutamente importante en la historia del cine”.