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La música sortea la crisis y la diáspora para seguir con ritmo

Un sondeo entre productores y periodistas resalta los mejores álbumes de 2014 de artistas venezolanos | Cortesía

Un sondeo entre productores y periodistas resalta los mejores álbumes de 2014 de artistas venezolanos | Cortesía

Fue un año difícil para las bandas nacionales. Para muchas las actividades no comenzaron hasta la segunda mitad de 2014 debido a las protestas que se intensificaron en febrero. El circuito de bares y las productoras de conciertos se vieron afectados por la situación, a la que se sumó la creciente inflación que repercutió en los costos de grabación y ensayo. La situación interna además hizo que muchos tomaran la decisión de emigrar a otros países, probar en otras industrias, como hizo Ítalo Pizzolante, cantante de Americania, que se mudó a España, razón por la que el grupo se disolvió. Algunas resistieron los embates y se arriesgaron a seguir adelante con sus producciones, aunque el futuro sea incierto. De esos discos, un sondeo realizado entre Félix Allueva (Fundación Nuevas Bandas), Juan Carlos Ballesta (Ladosis), Leonardo Rojas (Tutupash) y Polo Troconis (Éxitos 99.9) destaca aquellos que se diferencian en música y temática en géneros como el rock, la electrónica y el joropo. 

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1. La pobreza suena a rockabilly

Dios, el diablo y el dinero, de Los Mentas, es un disco conceptual sobre la historia –no exenta de sarcasmo– de un personaje llamado Julián Patenelsuelo, quien sufre las penurias de la pobreza, la riqueza y el despilfarro. Es una alegoría de una sociedad y su dirigencia que durante años ha creído en la abundancia interminable. Las penurias se acaban cuando recibe del cielo la fórmula para un exquisito brebaje que lo convierte, por corto tiempo, en millonario. Juan Carlos Ballesta considera que es un disco de “rockabilly intelectualizado con tintes sociopolíticos”. Es el sonido que los caracteriza, pero como sus anteriores trabajos, no se circunscribe a un solo género. En esta ocasión las reminiscencias del punk y el swing llegan a mezclarse hasta con el gospel, ritmos que sirven de fondo para una temática pertinente en un país en crisis.


2. El registro de un reencuentro

Zapato 3 sorprendió a muchos en 2012 cuando realizó una gira nacional después de 12 años de haberse separado. La última cruzada es el registro de esa reunión. “Suda nostalgia y suena como si estuvieras allí”, comenta Félix Allueva sobre la producción de una de las agrupaciones íconos del rock de los ochenta y noventa en Venezuela. Melancolía, vivencias, recuerdos, es lo que revivió en muchos hace dos años la reunión de Carlos y Álvaro Segura, Fernando Batoni, Diego Márquez y Jaime Verdaguer. El álbum registra toda esa emoción y nostalgia del público de Zapato 3, leal a la obra de los artistas, sus clásicos, pero no menos ansioso por el lanzamiento de una producción con material inédito, una deuda que mantiene con sus seguidores Zapato 3. Este año incluso se estrenó el documental Vuelo sobre ti, dirigido por Luis Soles, sobre lo ocurrido durante el periplo de conciertos por el país.


3. Entre el dubstep y el reguetón

Alejandro Ghersi es su nombre, pero en el mundo en los predios de locales y estudios es conocido como Arca. Hace semanas fue noticia porque será el coproductor del próximo álbum de Bjork, rol que desempeñó hace dos años en cuatro de los temas de Yeezus de Kanye West. En noviembre presentó su primer larga duración, Xen, con el sello discográfico Mute, el mismo de Swans y el dúo Trent Reznor y Atticus Ross. “Es un hecho resaltante que haya podido trabajar con una de las compañías más importante de la música electrónica. Como concepto es excelente, con influencias del dubstep, el hip hop y acercamientos al reguetón. Tiene mucha personalidad, su propuesta visual también. El trabajo gráfico y los videos en Youtube destacan por ser muy bizarras”, afirma Ballesta sobre el compositor radicado en Londres.


4. El final llegó con el segundo

Cuando a mediados de 2014 los anzoatiguenses de Buenaparte presentaron Estoy de paso, no se imaginaban que su segundo disco sería el último de su carrera. Hace dos semanas anunciaron su separación por la decisión del bajista Jean Carlos González y el baterista Andrés Cordero de irse del país. El sucesor de La caída de Lucy es rock clásico, con riffs acentuados, en ocasiones más pesados que su ópera prima, para una serie de canciones de amor, desengaño y melancolía en las que se cuelan algunas referencias a esa incertidumbre de quedarse o irse, opciones que evalúan los otros dos integrantes para llevar a cabo en 2015. El productor nuevamente fue Reynaldo Goitía, quien incluso canta en “El zapatero”, con el sonido característico de Tomates Fritos, influyente en los cuatro miembros del conjunto de Lechería.  


5. Joropo tuyero entre amigos.

“De la Venezuela profunda a la capital. Estuve en el concierto donde se grabó. Fue el día en el que estrenaba su cuatro de cuerdas de metal hecho especialmente para él. Logró mezclar la esencia moderna de la música con el joropo central. Es una reedición del género”, recuerda Juan Carlos Ballesta sobre Cuatro, maraca y buche, de Edward Ramírez. Es el registro del concierto realizado en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural en julio de 2012 con su cuatro, instrumento con el que logró emular el sonido del arpa en el joropo tuyero. Lo acompañaron los cantantes Mario Díaz y Pablo Estacio, el guitarrista Gabriel Rodríguez, el bandolista Ismael Querales, el bajista Javier Marín y el maraquero Manuel Rangel. “Representa la vieja nueva música de acá renovada en el uso de los instrumentos”, agrega Félix Allueva sobre el álbum de 11 piezas, una de ellas compuestas por el cuatrista de C4 Trío: “El misterioso”, la de mayor duración, con casi 9 minutos de virtuosismo instrumental.


6. Sigue la apuesta instrumental

Hace poco más de dos años La Mar sorprendió en el Festival Nuevas Bandas con su apuesta netamente instrumental de post rock. Sonidos potentes que no hacen extrañar a un vocalista. Acordes y notas transmiten fácilmente emociones e ideas sin necesidad de palabras que determinen un concepto, como ocurre con “Guarimba” y “Diáspora”, títulos que evocan temas que estuvieron presentes en muchos durante el año, que los músicos asocian con sonidos vinculados a la angustia y la rabia, en el caso del primero, y a la nostalgia y reflexión, en el otro.

El segundo álbum de la agrupación caraqueña, que se puede escuchar en su cuentan de Bandcamp, tuvo como productor a Marcel Fernández, radicado ahora en Seattle y que fue asistente técnico en Robert Lang Studios durante la grabación de de “Subterranean”, del reciente disco de Foo Fighters Sonic Highways. Fue masterizado en Los Ángeles por el estadounidense Brian “Big Bass” Gardner.


7. Un pedal fuzz marabino

Los Polaroid quisieron resaltar un sonido distintivo del resto de otras bandas con el uso del pedal fuzz en buena parte de su ópera prima Decisiones desesperadas. “Una buena sorpresa de algo hecho acá. Es un álbum en el que se encuentran esos riffs de guitarra que hacían falta dentro del gremio de bandas que se codean entre sí”, asegura Leonardo Rojas sobre un disco influenciado por los sonidos del rock de los setenta y el blues y melodías retro, que fue producido por Andrés Puche, de Holy Sexy Bastards. Ese es uno de los aciertos de la producción, especialmente en el contexto del género rock, en el que muchas agrupaciones noveles no suelen diferenciarse en la forma de tocar la guitarra y no saben aprovechar los silencios, lo que muchas veces satura un tema. Ese detalle lo entendieron el cantante Diego Urdaneta, el guitarrista Gianpiero Mezzapesa, el bajista Manuel Bueno y el baterista Ignacio Torres en Decisiones desesperadas.


8. El mundo visto con más optimismo

Los músicos de Luz Verde estuvieron a finales de noviembre en Las Vegas por su nominación al Latin Grammy en la categoría de Mejor Álbum Rock por El final del mundo Vol. II: Nada es imposible, un disco más optimista con respecto al primero de la serie que salió en 2012. Ganó Molotov, pero la sola mención en un renglón en el que también compitió Enrique Bunbury fue un logro para los artistas radicados en Barcelona, España. “Es un rock clásico, pegadizo y directo. Es el disco más redondo de la banda. Tiene una estructura compacta y sólida. Coincide además con un momento de transición que los ayudó a renacer. No hay ningún tema flojo, ni de relleno”, comenta Ballesta sobre un álbum con letras que hablan de superar etapas y tropiezos, de creer que es factible realizar lo que se planea, como hicieron Wilbert Álvarez, Carlos Mendoza y Eduardo Benatar cuando el bajista Pedro Misle decidió dejar el conjunto.