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La mujer de a pie sigue inspirando a grandes madres en la ficción

A los personajes maternos se les han dado matices que van acordes con la realidad nacional y con los tiempos modernos. Ya no son sólo madres buenas o malas, sino mujeres independientes que afrontan con decisión crisis económicas y familiares

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El amor de una madre es insustituible, incluso en la televisión. En un país tan matriarcal como productor de telenovelas son diversos los personajes que han marcado el imaginario colectivo, como la sacrificada Patria Mía que interpretó Gledys Ibarra en Cosita rica o la implacable Constitución Méndez dibujada por José Ignacio Cabrujas en Señora.

“Originalmente, la telenovela se concibe para un público femenino y éste es maternal, sean madres o no”, señala César Miguel Rondón, autor de famosas novelas como Kaína y El sol sale para todos, cuyo personaje central era Crucita, la madre de los protagonistas, interpretada por Eva Blanco. 

La gran inspiración continúa siendo la madre venezolana, como asegura Carlos Pérez, autor de Los querendones y De todas maneras Rosa. “Me inspiran las madres cuyos únicos recursos son su corazón y su empeño, más allá de lo material que puedan tener para ejercer la maternidad, porque de allí viene su carácter heroico”, dice.

Mónica Montañés, escritora de Válgame Dios, revela que las madres de sus telenovelas son los personajes más trabajados. “Es donde más me meto de cabeza porque son con los que me puedo identificar, con los que más anécdotas comparto, con los que yo sé que la gente más se conecta. Uno de los orgullos más grandes es cuando la gente en la calle se me acerca para decirme que mis madres son iguales a las de ellos”.

Leonardo Padrón, autor de La mujer perfecta, asegura que el mejor referente para crear los papeles maternales son las propias madres venezolanas. “La realidad nacional genera personajes mucho más jugosos, porque son caracteres más complejos, con un entorno socioeconómico hostil, que hace que saquen fuerzas de sí mismas para convertirse en mujeres que vencen las adversidades y que luchan por la supervivencia del hogar”.

Sin embargo, la figura de la madre es una de las más difíciles de trabajar. “Con los personajes de madres hay que tener mucho cuidado, porque para los venezolanos la mamá es lo máximo, es intocable y sagrada. Vivimos en una sociedad matriarcal y es una imagen con la que resulta muy complejo meterse. Por eso trascienden y son gratificantes”, asegura Montañés.

Padrón considera que una de las principales dificultades cuando se crea el personaje de una madre es evitar los estereotipos. “No se puede traicionar el espíritu de la madre venezolana. No son personajes de una sola pieza, arrancadas de un molde exacto. Son permeables a los errores, a las contradicciones, y si se dibujan así se hacen más humanas, más verosímiles”, afirma.


Los estereotipos. En Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, Carl Jung describió el arquetipo maternal con adjetivos ambivalentes como bondadoso, protector y sustentador, pero también como oscuro, secreto, seductor, angustioso e inevitable.

“En una sociedad matriarcal como esta,  las madres pasan a ser el núcleo de las telenovelas”, indica Rondón. De acuerdo con Carolina Acosta-Alzuru, autora de Venezuela en una telenovela, en las producciones clásicas pueden encontrarse tres modelos básicos: las abnegadas y generosas, las dominantes y caprichosas, y las madres circunstanciales o adoptivas, como Mamá Dolores en El derecho de nacer.

Pérez asegura que el patrón cultural dicta que la madre debe ser sufrida, paciente y heroica. “En las novelas vemos a muchas buenas madres, pero también a aquellas que son malas porque botan o desatienden a sus hijos”, dice.

“En Válgame Dios hice los polos opuestos, como Gumersinda y Guillermina López, que eran una madres fabulosas, buenas, divertidas y que darían la vida por sus hijos. En contraposición estaba Marbelis, que era la más mala del universo”, refiere Montañés.

En cuanto a las madres adoptivas o de crianza, Pérez apunta que la figura de la nana es el recurso perfecto cuando se trata de diferenciar a una familia rica de una pobre: “Una mujer millonaria no cambia pañales ni hace teteros, por eso este personaje se encarga de la parte incómoda de la maternidad”. Para Montañés, la nana siempre ha sido usada como confidente y cómplice perfecta de la protagonista. Y, al final, termina por desatar los nudos.


Los matices. “En las telenovelas nacionales eso se puede desmenuzar aún más”, asegura Acosta-Alzuru, quien indica que hay tres tipos de madres que también aparecen con regularidad en la pantalla: las intuitivas, las solteras y aquellas que se independizan en su madurez.

“Está la madre que no puede ser engañada. Siempre sabe y sospecha que sus hijos se enamoran y desconfían de los villanos antes que los demás. Ese patrón se ve mucho, como el personaje de Tania Sarabia en Cosita rica o Crucita en El sol sale para todos”, agrega.

La escritora dice que se presentan las madres que nunca tuvieron un marido, que fueron abandonadas o que, si bien tienen pareja, igual están solas. "Se han escrito grandes madres de este tipo, que representan al país. Una de las más importantes ha sido Patria Mía”.

En el caso de las madres solteras, Padrón expresa que prefiere dibujar a quienes tienen que vencer las contrariedades y que, finalmente, triunfan. “No hay mejor figura que la madre venezolana, que es una guerrera de la cotidianidad, una mujer que lidia contra la adversidad, que ejerce los roles de madre y padre a la vez, porque en este país hay una epidemia de madres solteras”.

Padrón también escribe papeles de madres que se descubren a sí mismas en el umbral de su madurez y que, por ejemplo, deciden asistir a la universidad. Montañés afirma que le gusta que sus personajes maternos sean mujeres de carne y hueso. “Me gusta escribir madres que también estén buenas”, concluye.