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“La mujer debe aparentar que no sabe”

La psicóloga ha tenido prejuicios con su cuerpo | Alexandra Blanco/El Nacional

La psicóloga ha tenido prejuicios con su cuerpo | Alexandra Blanco/El Nacional

La psicóloga también ha tenido prejuicios con su cuerpo. Lamenta que la gente tenga una vida íntima rígida que solo se suele experimentar en la noche 

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No hay un día de descanso para el sexo, mucho menos para quienes se dedican a aclarar dudas sobre el tema. Hasta los domingos en la mañana Amor Antúnez alterna los sorbos de café con los tweets de quienes le escriben ansiosamente para consultar sobre temores y fantasías.

Ahora la psicóloga especialista en salud sexual vive en Estados Unidos, pero estuvo en el país para promocionar Sexo con cinco, con el que busca acabar con los mitos de una práctica milenaria.

Es producto de su experiencia como conductora de Sexópolis en Canal i, además del programa de radio Las Pamela Chu y las llamadas Reuniones de Sexo con 5. En estos encuentros, realizados en despedidas de soltera y cumpleaños, detalla el funcionamiento de esos coloridos adminículos que dan placer en la intimidad. Con su maleta llena de estos artefactos ha recorrido varias regiones del país –ahora también Miami y Nueva York– con la misión de acabar con el tabú.

—¿Cuáles son los principales mitos?

—El tema de la virginidad como una situación traumática con dolor, sangre y molestia. También hay mujeres que temen quedar embarazadas con cualquier acto, temor que llega hasta la etapa de la menopausia. Sobre el placer sexual femenino hay un mayor desconocimiento. La mujer debe aparentar que no sabe nada porque entonces será criticada.

—¿Por qué les cuesta hablar?

—Las mujeres no tenemos un discurso. Carecemos de las palabras para mencionar lo relacionado con sexualidad. Tal vez las conocemos, pero no las pronunciamos porque nos parecen horribles.

—¿Ha creído en algunos de esos mitos?

—Por supuesto. No fue sino hasta los 22 años de edad, cuando comencé a trabajar en Plafam (Asociación Civil de Planificación Familiar), que vi el clítoris en un dibujo gigante de una vulva. Me dije: “¡Mira dónde está!”.

—¿Le consultan mucho en la calle?

—Lo hacían antes de que existieran las redes sociales. Ahora, como mi Twitter está dirigido a informar y promocionar, doy la oportunidad de que me consulten.

—¿Cuál es la pregunta que todavía le sorprende?

—Me preguntaron hace poco cómo reconocer cuándo se tiene un orgasmo. Tenemos que asumir el tema de la responsabilidad orgásmica. Es un encuentro en el que definiré cosas según lo que sienta.  

—¿Le costó saberlo?

—No. Me tomé mi tiempo. Como adolescente temerosa, tenía que estar muy clara de lo que iba a pasar. Tuve las mismas dudas, momentos en los que no sucedía lo que me habían dicho.

—¿Su familia fue abierta a este tipo de temas?

—Mi papá es militar y mi mamá educadora, quien ha sido más abierta a contar y explorar, al igual que mis parejas. Nos tocó entender el universo de los juguetes sexuales. Cuando yo andaba con la maleta para arriba y para abajo, mi mamá y mi hermanita me ayudaban a armarla.

—¿Se ha sentido juzgada?

—No juzgada, pero sí limitada. Trabajé antes de la Ley Resorte y se sintió el ajuste en el contenido. Somos una cultura conservadora, pero también una población que se educa a través de los medios de comunicación.

—¿Cuál es la posición deseada que más temen mencionar las mujeres?

—Sexo anal. Cuando las mujeres experimentan orgasmos por esa vía, que es posible, se cuestiona mucho.

—¿Y la más común?

—El misionero, lamentablemente. Seguimos un guión sexual parco y rígido, con prácticas coitales, en vagina, con la posición del misionero, de noche y en la cama. Al final del día la gente está cansada.

—¿El libro es producto de la experiencia propia?

—Tiene que ver con el abordaje empírico de lo que he trabajado. Hay referencias a libros y ejercicios, pero se trató de hacerlo más llevadero.