• Caracas (Venezuela)

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Un modelo de firmeza, lucha y libertad

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Se dice que antes de que se tomara la decisión de llamar El Nacional a este diario, se barajó también el nombre de "Amanecer". Estaba el general Isaías Medina Angarita al mando del Gobierno y, aunque había habido avances, el país buscaba despabilarse de una buena vez de la resaca del gomecismo. Era un buen punto de partida comenzar por la cábala de las palabras. Amanecer era como decir reforma, renacimiento, justo lo que la nación requería para enrumbarse con bien hacia la modernidad y la democracia. La opción, sin embargo, se dejó de lado y el 3 de agosto de 1943 los venezolanos conocieron la primera edición de El Nacional, un nombre por demás perfectamente adecuado para un país que sentía la urgencia de afirmarse a sí mismo en su libertad y su destino. Había mucha angustia ante el porvenir pero también mucho corazón sincero y esperanzado. Miguel Otero Silva y su padre, Henrique Otero Vizcarrondo, ofrecieron la dirección del nuevo periódico al hombre que consideraron ideal para asumir la tarea. No se equivocaron. Era Antonio Arráiz, periodista, novelista, poeta. Arráiz dijo que sí y todos pusieron manos a la obra, aventurándose de este modo en la tormenta de la realidad venezolana. Lo hicieron tan bien que a la vuelta de un breve tiempo El Nacional ya era una referencia política y cultural de primer orden para la sociedad.

Y aunque en 1948, con el derrocamiento de Rómulo Gallegos, aquel inicial amanecer se vio invadido por el crepúsculo y la pesadilla -Arráiz, decepcionado, se fue para siempre del país-, la claridad del primer momento siguió siendo la guía de los que lucharon por la verdad. Es un faro que se enciende en cada oscuridad.