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La mística de la Biblioteca Nacional se pierde en la desactualización

Espacios de la Biblioteca Nacional de Venezuel/ Foto: ALEXANDRA BLANCO: EL NACIONAL

Espacios de la Biblioteca Nacional de Venezuel/ Foto: ALEXANDRA BLANCO: EL NACIONAL

Los empleados de la institución encargada de preservar la memoria del país aseguran que actualmente no tienen aire acondicionado y tampoco disponen de fotocopiadoras en la hemeroteca

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Hugo Chávez recibe a quien entra a la Biblioteca Nacional. Pinturas y fotografías del fallecido presidente, en diversas situaciones, están ubicadas a ambos lados del pasillo que lleva a la puerta principal del edificio.

Adentro, la presencia es menor. Se mantiene cierta solemnidad en un lugar en el que debe prevalecer el silencio, que solo se rompe cuando las empleadas de la sala de información hablan sobre sus aventuras para conseguir harina, leche o champú. Se apasionan por el tema, pero están atentas a cualquier inquietud. “¿Sabe cómo usar el sistema?”, pregunta una de ellas.

Se refiere al programa instalado en las computadoras que permite consultar el catálogo de la biblioteca. Las máquinas son lentas pero dan resultados, aunque a veces tardan hasta cinco minutos. Hay novedades, pero no al ritmo de un lector ávido y acucioso. También hay ausencias. De Eduardo Liendo, quien fue director de Extensión Cultural de la biblioteca durante 10 años, el libro más reciente que se encuentra y que se puede consultar en la página web de la institución es la edición conjunta que hizo Alfaguara en 2011 de El cocodrilo rojo y Mascarada. Entre los ausentes están su novela Contigo en la distancia (Seix Barral) y el ensayo En torno al oficio de escritor (Lugar Común), ambas de 2014.

Del año pasado sí están registrados textos como País archipiélago de Elías Pino Iturrieta y Últimas noticias del nuevo idiota iberoamericano, que tiene entre sus autores a Álvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza. Sin embargo, no tienen la cota, dato necesario para pedir el ejemplar. “No los tenemos. Están en proceso técnico, próximos a venir”, afirma la encargada de entregar los libros, que pide nombre y teléfono al solicitante. “Cuando lleguen, le aviso”, asegura quien un día después cumple la promesa con una llamada y mensaje de texto.

De Patrick Modiano, ganador el año pasado del Premio Nobel de Literatura, solo hay dos títulos: Villa triste (1976) y Calle de las bodegas oscuras (1980), ambos editados por Monte Ávila. Este autor ha publicado después más de una veintena de libros.

Hay pocas personas en la Biblioteca Nacional esa tarde. La mayoría son niños del plan vacacional de una institución del Estado. Hace calor. “No hay aire acondicionado”, advierte uno de los trabajadores que camina en dirección a la salida.

En la hemeroteca hay poco más de 10 visitantes. No hay fotocopiadoras. Aquellos que quieran llevarse la información íntegra de un texto publicado por algún periódico deben llevar un CD para que le guarden la página escaneada. “También se puede enviar por correo. El problema es que el escáner es muy pequeño y se pueden dañar las hojas del diario”, dice una de las personas que labora en ese departamento.

Hay empleados que cuestionan su contexto. Son serviciales, pero critican lo que a su juicio está mal. “A veces ni los ascensores funcionan. El público no se queja y si lo hacen los empleados, los llaman pitiyanquis”, indica otra de las personas presentes que prefiere no identificarse.

En 2009 se inauguró la Sala para Personas con Discapacidad Visual. Esa tarde no hay gente. Indican que se debe a que la prioridad en esta temporada son los niños. En ese lugar se enseña el uso de la computadora con Orca, software libre que permite al invidente emplear varios programas con órdenes auditivas.

Hay un curso que instruye desde lo más básico de la PC hasta escribir en un procesador de textos, navegar por Internet y redes sociales. También ofrecen la posibilidad de digitalizar algún libro para que pueda ser escuchado o imprimirlo en Braille sin ningún costo. La persona solo tiene que llevar la opalina.

En el piso 3 está el Archivo Audiovisual de Venezuela. “Si buscas películas, solo tenemos, si acaso, hasta la primera década de 2000”, informa un empleado sobre el registro fílmico nacional y extranjero. De Luis Alberto Lamata, por ejemplo, el largometraje más reciente que aparece en el catálogo es Miranda regresa, de 2007. Este cineasta realizó después Taita Boves (2010), Azú (2013) y Bolívar, el hombre de las dificultades (2013).

Las cintas no se prestan. Solo se pueden ver en los televisores dispuestos en el lugar. Del cine de Hollywood tampoco hay filmes recientes. Los cinéfilos interesados en Steven Spielberg encontrarán hasta Inteligencia artificial, de 2001. Después de ese largometraje dirigió 10 más.

“A veces traemos nosotros mismos las películas. Depende de lo más buscado. Las copiamos y dejamos acá. Tampoco tenemos tantos programas de televisión. VTV tarda en enviar material. No tenemos todos los Aló, presidente. Los canales privados son los que más cumplen.”, afirma el encargado de atender al usuario.

El dato

La Biblioteca Nacional suele realizar jornadas de lectura en Braille en sus instalaciones. La más reciente se llevó a cabo a finales de julio y estuvo dedicada al escritor Eduardo Liendo. También suele organizar conversatorios literarios. Hace seis años la institución creó el Servicio para Personas con Discapacidad Visual.