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El misterio de la vida se tiñe de tonos neón

Eduardo Molina presenta la serie Pop místico, que marca su regreso a la pintura. El artista y monje zen cambia el tema urbano por la trascendencia y espiritualidad

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La paternidad ha significado un antes y un después para Eduardo Molina, no sólo en su vida privada, sino también en su obra. Hasta hace dos años, su trabajo plástico reflejaba el mundo urbano y entrelazaba lo callejero, el grafiti y el cómic. Aunque sigue empleando los mismos elementos visuales de esa estética, la temática y la técnica dieron un giro. El artista y monje zen abandonó las impresiones para volver a la pintura y a través de ella reflejar el tema que ahora lo inquieta: la vida y, en especial, el nacimiento.

Un mural integrado por múltiples piezas en acrílico recibe a los visitantes de la muestra Pop místico, que reúne 12 obras en la galería D’Museo. El trabajo en cuestión se titula Derecho a la vida. “Surge a partir de mi propia experiencia como padre. Está caracterizado el momento justo en que el niño está viniendo al mundo. Es una representación universal de un ser celestial que está naciendo y es recibido por la mano que refleja al resto de la humanidad. Decidí hacerla en estas dimensiones monumentales porque la temática en sí me pedía más amplitud de formato”, asegura el artista.

Molina apela a las simbologías y a la creación de personajes para recrear el proceso de concepción y nacimiento. Los ojos son un elemento fundamental y en la exposición están por todos lados. El creador dice que siempre han sido un hilo conductor en su obra. “Eso de que los ojos son el espejo del alma es un cliché, pero en este caso lo utilizo como detonante de una idea que quiero expresar. La mirada ubica al espectador. Puedes estar perdido en el espacio, pero si hay un personaje que te está mirando seguramente te involucras con él. Eso ocurre cuando observamos cuadros famosos como La Mona Lisa, uno se involucra con ella a través de la mirada”.

El color es parte del discurso pop que el artista ha desarrollado a lo largo de su carrera. Sin embargo, por abordar el nacimiento desde una perspectiva ligada al misticismo y lo sagrado, llevó la paleta cromática al límite. “Hay colores mucho más contrastados, más vibrantes, una paleta un tanto fluorescente para expresar ese mundo intangible de lo espiritual”.

Otro cambio notable en sus obras es el escenario donde sitúa a los personajes, que ya no forman parte de la urbe sino de la selva. Molina recurre a la naturaleza como el escenario idóneo para representar temas ligados a la vida, pues considera que las calles son muy penetrables y superficiales como para dar cabida al misterio de lo humano. “La selva es el escenario puro que no ha sido tocado ni corrompido. Es quizás nostálgico pensar que estamos perdiendo ese escenario, porque lo estamos cambiando por otro, para bien o para mal. En uno de los cuadros hago un pequeño homenaje al Ávila. Lo saturo de criaturas y elementos vivos para poder expresar esa presencia de la naturaleza”.

Pop místico

Obras de Eduardo Molina

Inauguración: domingo, 11:00 am

Galería D’Museo, Centro de Arte Los Galpones, avenida Ávila con octava transversal de Los Chorros

Horario: martes a sábado, de 11:00 am a 7:00 pm; y domingos, de 11:00 am a 4:00 pm

Entrada libre