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Los miserables, un musical para tiempos de devaluación

Los miserables es un ejemplo único de musical cinematográfico cuyas voces se grabaron en vivo durante el rodaje. El director británico Tom Hooper buscó más emotividad que perfección vocal en actores como Hugh Jackman  | Foto: EFE

Los miserables | Foto: EFE

Anunciada finalmente en Venezuela para el viernes 26 de abril, la película británica –inspirada en la novela de 1862 del francés Víctor Hugo como fuente remota y en el musical teatral de 1980 como inspiración principal– llega en consonancia con las primeras planas de recesiones y catástrofes financieras en Europa y otras partes del mundo y con los tiempos devaluatorios nacionales

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Cantando bajo la lluvia (1952), La novicia rebelde (1965), West Side Story (1961), El mago de Oz (1939), Mi bella dama (1964) y Mary Poppins (1964) son los mejores musicales cinematográficos de todos los tiempos, si se hace el ejercicio de compilar los escalafones del Instituto Estadounidense de Cine y portales como Entertainment Weekly, Rotten Tomatoes y About, entre otros.

Son invisibles las tres últimas décadas, si apartamos fenómenos esporádicos como Moulin Rouge (2001), Chicago (2002), la serie de televisión Glee y la permanente producción de Bollywood. Lo que parece registrar cierto cambio en las tendencias de un público que se ha abierto hacia la capacidad infinita de creación visual de los efectos digitales, pero no tanto al pacto de irrealidad que propone un género en el que los actores, sin pedir permiso, arrancan a cantar. A contracorriente, y con Russell Crowe como polémico vocalista, se destapa toda la emotividad romántica de Los miserables.

Anunciada finalmente en Venezuela para el viernes 26 de abril, la película británica –inspirada en la novela de 1862 del francés Víctor Hugo como fuente remota y en el musical teatral de 1980 como inspiración principal– llega en consonancia con las primeras planas de recesiones y catástrofes financieras en Europa y otras partes del mundo y con los tiempos devaluatorios nacionales.

Dientes cariados, ropas harapientas, estómagos hambrientos e inmundicias explícitas inundan la pantalla de lo que, paradójicamente, es una espectacular superproducción de casi tres horas de duración, ambientada en la Francia posrevolucionaria y posnapoleónica del siglo XIX en pugna por restablecer los ideales de 1789.

Con respecto a sus ilustres predecesoras de otras décadas, entre las que también hay que contar a Vaselina (1978), Cabaret (1972) y Cita en San Luis (1944), la principal innovación del filme del director Tom Hooper (el de El discurso del rey) es que las voces de los actores (ninguno de ellos un cantante profesional) se grabaron directamente en pleno rodaje con pequeños micrófonos, mientras ellos escuchaban una pista de referencia de piano con audífonos igualmente minúsculos.

El resultado, según el crítico de cine al que usted lea, difiere. Los que miran el vaso medio vacío critican la rusticidad vocal en un género que se basa en una negociación implícita de fantasía: se supone que nadie canta en la calle mientras suena una orquesta que nadie ve. Los que perciben el vaso medio lleno elogian la honestidad que emana de las pequeñas imperfecciones. La más elogiada, como hace constar su estatuilla del Oscar como Actriz de Reparto, es Anne Hathaway, cuyo fugaz tránsito como Fantine deja una sensación de orfandad. Y el más cuestionado, Russell Crowe como el villano Javert, empeñado en castigar al hombre cuyo único crimen ha sido robarse un pan: Jean Valjean, un Hugh Jackman que compensa las limitaciones de sus escalas con nobleza, entrega y calidez.


Los miserables

(Les Miserables)

Musical. Reino Unido, 2012

Director: Tom Hooper

Reparto: Hugh Jackman, Anne Hataway, Russell Crowe, Amanda Seyfried, Sacha Baron Cohen, Helena Bonham Carter y Eddie Redmayne, entre otros

2 horas y 38 minutos

Desde el viernes 26 de abril en cines