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Entre militares y políticos comenzó el Festival de Teatro de Caracas

Carlos Giménez es el homenajeado de la fiesta escénica | FOTO Archivo

Carlos Giménez es el homenajeado de la fiesta escénica | FOTO Archivo

La reposición de la pieza El coronel no tiene quien le escriba inauguró la tercera edición de la actividad, organizada por la Alcaldía de Libertador 

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La gente se acercaba y preguntaba para qué era la cola. Al responder que se trataba de la acreditación de periodistas, miraban inexpresivos y se alejaban. Allí no había harina, ni leche ni papel tualé.

Plaza Bolívar, 11 de abril a las 5:30 de la tarde. Un grupo de reporteros y fotógrafos esperaba recibir la calcomanía que permitiría su entrada al Teatro Bolívar, donde luego se dio inicio oficial a la 3º edición del Festival de Teatro de Caracas, organizado por la Alcaldía de Libertador. El encargado de entregar las credenciales era un miembro de la Guardia de Honor Presidencial, acompañado de otros tres efectivos. Un calor pegajoso, palomas y vendedores ambulantes –raspao’ y tostones– completaban una escena que pudo haber escrito Ionesco.

Al avanzar la tarde la brisa secó el sudor del cuello, de la frente, de los bordes de las camisas. Ya en el teatro, cuya restauración costó 200 millones de bolívares, se ubicaban diplomáticos, trabajadores del Ministerio de Cultura –presidido por Fidel Barbarito– y diputados de la Asamblea Nacional. Detectores de metales, perros policías y militares contrastaban con la exposición de fotografías y textos que narran la historia del antiguo cine Rialto, en el primer piso del edificio.

Comenzó la noche y figuras como Tania Díaz, Robert Serra, Darío Vivas, Cecila Todd y embajadores se sentaban entre abuelas, madres –una de ellas con una bolsa con papel tualé–, seguidores de la revolución y niños. Una pantalla en el centro del escenario transmitía lo que sucedía en las afueras del teatro; mientras que un televisor –colgado en una de las paredes– sintonizaba a Miguel Pérez Pirela en Venezolana de Televisión.

A las 7:30 pm llegó a la plaza Nicolás Maduro acompañado de Cilia Flores, Jorge Rodríguez y Jacqueline Farías. Dentro del teatro, organizadores movían una y otra vez a los espectadores de sus butacas. “Gracias por su colaboración, camaradas. ¡Chávez vive!”, dijo uno. “La lucha sigue”, respondieron otros.

Pedro Lander, Francis Rueda, Román Chalbaud, Néstor Caballero, Gustavo Ott y Humberto Orsini fueron los artistas que esperaron al presidente a las puertas de la sala. “Qué viva la cultura en socialismo”, dijo antes de darle la palabra a Jorge Rodríguez, quien repitió las cifras del festival: 239 obras, 22 parroquias, 40 puestas en escena de calle, 150 agrupaciones, 25 salas, 2 Ciudad Teatro…

Se apagaron las luces y un video sobre Carlos Giménez –el homenajeado de la edición– ocupó la pantalla que antes había enfocado a los políticos. “Tienes que respetar al que está al lado”, fue una de las frases que se escuchó del director de teatro fallecido en 1993. Finalmente inició la obra, en la que era octubre y llovía.

El montaje, basado en la novela de Gabriel García Márquez y protagonizado por Aura Rivas, Francisco Salazar y Gonzalo Velutini, combinó los colores negro, blanco y crema para hablar de la espera y de la muerte. De piso de tierra y paredes móviles –que se transformaban en una casa y en otra y en otra–, la puesta en escena estuvo repleta de metáforas e imágenes plásticas. Una iluminación de fuertes contrastes generó las sombras entre las que el coronel no deliró de fiebre, sino que soñó el sueño de las telarañas. Llevaba 15 años esperando la carta.

Con un melancólico bajo de fondo musical, por el escenario deambularon personajes que habitaron el plano de lo que se ve y el de lo que se siente. En ese pedacito triste de Macondo, el coronel y su esposa recordaban siempre al hijo que ya no estaba. Allí todo era sueños, soledad y espera. Enfermedad y mierda.