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La vida de un gay marroquí sale a la pantalla y vuela lejos de Marruecos

Las novelas de Taia abundan en pasajes crudos y violentos mezclados con otros poéticos que hacen soñar a un joven y evadirse de la brutal realidad del barrio popular en el que vive

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El polémico escritor marroquí Abdelá Taia, famoso por ser el primer homosexual de su país en salir públicamente y sin seudónimos "del armario", estrena estos días su primera película, El Ejército de Salvación, que trata sobre el despertar sexual de un joven gay de un barrio popular marroquí.

La película fue estrenada la pasada semana en el Festival de Venecia y ayer en el de Toronto; paradójicamente, o no tanto, se presenta como francesa al haber sido producida en Francia, donde reside Taia en una especie de exilio elegido, pero el autor va a pedir permiso para proyectarla en Marruecos, un país donde hablar de la homosexualidad es tabú y practicarla delito.

En una entrevista con Efe a través de cuestionario desde París, Taia reivindica el derecho a tratar y centrar su obra en su propia vida y sus conflictos sexuales, que le llevan a otros familiares o sociales: ese ha sido el leitmotiv de su carrera literaria y ahora cinematográfica.

"No es egocéntrico ni narcisista; es un deseo de salir de las mentiras y revelarse desnudo al mundo, emanciparse y reventar todas las hipocresías sociales y religiosas impuestas a los marroquíes y a mí mismo", señala el escritor, publicado en español por Alberdania y Cabaret Voltaire.

Las novelas de Taia (Salé, 1973) abundan en pasajes crudos y violentos mezclados con otros poéticos que hacen soñar a un joven y evadirse de la brutal realidad del barrio popular en el que vive; la película, sin embargo, evita el tono escabroso en un aparente deseo de hacerla "digerible" para todos los públicos, y también el marroquí, según han señalado las primeras críticas.

No parece casual que el protagonista de El Ejército de Salvación sea un adolescente llamado Abdelá que descubre que es diferente en un mundo de machos y que termina emigrando a Ginebra, donde la precariedad le lleva a pedir alimento al Ejército de Salvación.

Allí comprende que "no hay salvación para él en este mundo, pero esta dura revelación no le impide la posibilidad poética de volar en un momento", explica.

El rodaje de la película se hizo en la ciudad marroquí de El Yadida con los preceptivos permisos oficiales y sin ocultar en ningún momento la temática ni el guión, pero en un clima de "gran tensión y temor" por la hostilidad que las obras de Taia aún despiertan en el país entre sectores conservadores, y no solo los islamistas.

"Hay quien prefiere olvidar que en la cultura árabe ha habido grandes momentos de libertad y de creación. No hay que ceder a este terrorismo que no denunciamos lo suficiente. Hay que seguir luchando, sobre todo ahora. La primavera árabe ha abierto el cambio de las mentalidades árabes, y no hay que abandonar estas esperanzas tan anheladas", dice el escritor.

Lo mismo que Taia habla con esperanza de la primavera árabe, reconoce que en su país, "hay una regresión en las leyes; la libertad individual y sexual asumida, tanto para homosexuales como para heterosexuales, por desgracia no existe en Marruecos y el poder no hace nada por cambiarlo".

En Marruecos, la homosexualidad es materia del Código Penal, y cuesta hasta tres años de cárcel para quien la practique: el pasado mayo dos hombres casados fueron condenados a esa pena al demostrarse que habían mantenido una relación continuada (y consentida) durante años.

Taia cree que "la prensa marroquí y las asociaciones civiles se movilizan cada vez más, con mucha valentía, para cambiar las cosas. Hay que apoyarlas, pues se baten solas contra un conservadurismo tan poderoso...", reflexiona con cierto optimismo, obviando el hecho de que también en la prensa se reproducen los ataques contra los homosexuales, sobre todo cuando, como él, se atreven a asumir su condición.

El escritor ha dicho en anteriores entrevistas que en Marruecos la colectividad puede asfixiar al individuo mientras que en Europa la libertad tiene un precio, que es la soledad. Ahora añade que esa Europa que lo acoge "es una tierra en la que podemos apoyarnos en los logros y las leyes democráticas para avanzar individual y colectivamente, lo que es no solo importante, sino vital".

Pese a todo, sus orígenes y su identidad parecen perseguir a Taia, y el Marruecos urbano y popular que lo vio nacer y crecer, es el caldo de cultivo de todas sus obras. ¿Volverá algún día el hijo pródigo a su suelo?.

"Espero que algún día suceda. Yo vuelvo a menudo a Marruecos, incluso 10 veces al año. Solo tengo 40 años, estoy al principio de algo. De momento, necesito construir algo lejos y encontrar cómo hacerlo sin someterme de la mañana a la noche a las convenciones sociales estériles y asfixiantes. Pero mi apego a Marruecos, a mi idea libre de Marruecos, es grande, muy grande", concluye.