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Desde la madrugada hacen cola los visitantes de la Filuc

Gran afluencia de público ha tenido la feria, que se celebra hasta el 19 de octubre | Foto cortesía José Antonio Rosales

Gran afluencia de público ha tenido la feria, que se celebra hasta el 19 de octubre | Foto cortesía José Antonio Rosales

Los títulos más demandados el primer día fueron los de ciencias de la salud, de los cuales se vendieron aproximadamente 1.400 ejemplares. Las crónicas de beisbol editadas por Libros El Nacional figuran entre las más vendidas

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El motivo no era un descuento de una tienda de ropa, ni la llegada de un alimento escaso, sino las expectativas de conseguir algún libro lo que hizo que centenares de personas hicieran cola en el centro comercial Metrópolis de San Diego, donde el sábado comenzó la 15° Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo.

Buena parte de quienes atestaban los pasillos las primeras horas del sábado eran estudiantes. Si bien muchos libreros y representantes de los poco más de 50 sellos participantes describieron como sorprendente haber vendido entre 100 y 400 ejemplares el primer día, fueron las editoriales de títulos médicos las más demandadas. Una de ellas, Panamericana, sobrepasó los 1.400.

La dinámica en el stand no fue la más amena. Los jóvenes improvisaban asientos con los libros comprados para soportar más de 3 horas para pagar, mientras el personal encargado sobrellevaba reclamos e impedía algún hurto.

Quienes no pudieron comprar el sábado, regresaron ayer, pero esta vez hicieron cola desde las 5:30 am. Las sonrisas del triunfo hacían olvidar el cansancio de los madrugadores que salían con bolsas repletas.

Y es que la opinión general de los estudiantes de primeros años de Medicina, Bioanálisis o Fisioterapia era que se conseguía mayor cantidad de títulos y más baratos. “El problema es que en la calle no se encuentra lo que necesitamos. Muchas veces recurrimos a las compras por Internet”, dijo Víctor Márquez, alumno de primer año de Medicina.

En el stand de Libros El Nacional calculan que fueron más de 500 los ejemplares vendidos. Entre los más populares están El poder de escuchar de Ismael Cala, Ciudad vagabunda de Federico Vegas, El cuerpo astral y los universos paralelos de Natacha Henríquez, Manual de estilo y la serie de crónicas de beisbol de Mari Montes, Francisco Suniaga e Ignacio Ávalos.

El pregonero este año fue César Miguel Rondón. Estaba previsto que hablara en la sala Eugenio Montejo, pero por la cantidad de personas decidieron celebrar el acto en una pequeña tarima que está ubicada en una zona mixta, entre libros y ofertas de comida.

Mientras destacaba la importancia de la lectura y recordaba a aquellos que han intentado censurar al ciudadano, una licuadora empezó a sonar, como acentuando un discurso sobre un contexto de dificultades para comunicar. Los altos decibeles no lo abandonaron. Pocas horas después, en un foro con Francisco Suniaga y Juan Bonilla, empezó a escucharse una música llanera, que resultó ser una pieza de Esteban Pérez. La charla paró y los organizadores del evento lograron una tregua con los empleados de un negocio que instala equipos de sonido para carros en el estacionamiento donde se realiza la feria.

Algunos de los que fueron por primera vez a la Filuc se preguntaban la razón por la que no se llevaba a cabo en la Universidad de Carabobo. Ante esa inquietud, Rosa María Tovar, presidente de la feria, responde: “Siempre se ha hecho afuera. En la universidad no se puede prever que ocurra un acto imprevisto, como quema de cauchos o acto similar. Queremos aprovechar la afluencia que generalmente tiene el centro comercial”.

Casi una hora después, cuando Gisela Kozak presentaba Ni tan chéveres ni tan iguales, y Héctor Torres hacía lo propio con Objetos no declarados, los ritmos del llano se convirtieron en changa y reguetón, música de una fiesta de 15 años que nadie quería escuchar.

La molestia era evidente, pero los negociadores no lograban un acuerdo. Suniaga caminaba por los pasillos y preguntaba cómo hacer para acabar con ese ruido. “¡Qué saboteo!”, lo secundó Leonardo Padrón, otro cuya obra fue de las más buscadas. Media hora después se resolvió el problema. Transcurrió la normalidad.