• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

El taller del luthier Willy Mayo es un mapa de ritmos afrovenezolanos

Todos los artistas y agrupaciones que tocarán hoy usarán instrumentos creados por Willy Mayo, nombrado patrimonio cultural en 2009 | Foto Manuel Sardá

Todos los artistas y agrupaciones que tocarán hoy usarán instrumentos creados por Willy Mayo, nombrado patrimonio cultural en 2009 | Foto Manuel Sardá

La fiesta del percusionista incluirá clínicas, una exposición de sus tambores y un concierto

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Mientras Willy Mayo golpea los tambores, cuenta al mismo tiempo la historia de su vida. Lo que suena cuando sus manos impactan el cuero o acarician las paredes de sus instrumentos, no es solo el sonido que se produce en ese encuentro preciso y fugaz. Como el percusionista es, antes que nada, luthier, cada manotazo es el capítulo de un relato que comenzó mucho antes, un día en que las barras de madera y piezas de metal no se habían juntado todavía para generar ritmo y cultura.

Las torres de El Silencio se ven pequeñas desde la tercera planta de su hogar, en los Altos de Lídice, La Pastora, que hace alrededor de 20 años se convirtió en taller. Cerca del mediodía, Mayo y sus 6 ayudantes, que producen unas 50 piezas al mes, trabajan en los instrumentos que integrarán la exposición que abrirá sus puertas hoy a la 1:00 pm en el Gran Salón del Líbano del Monasterio San Charbel, en el bulevar Amador Bendayán.

Será, como es también el lugar donde son fabricados, una suerte de mapa de ritmos afrovenezolanos. A medida que se pasea por la terraza, desde el que se contempla el extremo oeste del Ávila, Mayo, un hombre de 40 años de edad que a los 7 descubrió su gran pasión, menciona tambores y ritmos. En Venezuela ambas cosas son lo mismo en la mayoría de los casos y tienen el lugar de origen como apellido. "Este es un chimbangle del Zulia", dice, y posa su mano derecha sobre un cilindro delgado azul eléctrico apretado con cuerdas amarillas. Luego sigue andando y señala un culo e' puya de Barlovento, una golpera de Barquisimeto y más representaciones de la percusión de Falcón, Miranda, Bolívar, Aragua, Vargas...

Entre herramientas, trozos de madera, piezas de metal y obras a medio camino, revolotean dos golden retriever color champaña. ¿Cómo se llaman los perros? El macho es Cumaco, como se denomina un tambor típico de fiestas de san Juan Bautista de las costas venezolanas; y la hembra es Mina, otro tambor de Miranda que mide más de 2 metros de largo y que es ejecutado entre varias personas.

"Todo comenzó por mi abuelo paterno, que se dedicaba a la tonelería –el arte de hacer barricas para almacenar ron, cerveza y vino–. Con él empecé a aprender y eventualmente eso se cruzó con la música, que le gustaba a mi padre", cuenta el artista, que usó el mismo principio de pegar duelas –barras de madera con determinado ángulo y longitud– para crear objetos cilíndricos y abombados, que con un cuero fijado en la boca se convertirían en una base rítmica.

A los 14 años de edad, Mayo, caraqueño que ha vivido en Yaracuy y Barlovento, comenzó a explorar el país para conocer de primera mano tres aspectos inseparables: las manifestaciones culturales, especialmente las fiestas en honor a san Juan, los ritmos que se bailan en las celebraciones y el arte de construir lo que exige cada fecha y región.

Los fabricaba para tocarlos él mismo, pero desde que sus colegas comenzaron a hacerle pedidos se convirtió irremediablemente en luthier. Músicos como Alexander Livinalli y Yonathan Gavidia, que representan a dos generaciones de la percusión afrovenezolana, usan sus creaciones. Por eso ellos dictarán algunas clínicas en el evento que se celebrará mañana cerca de la estación Colegio de Ingenieros del Metro de Caracas, donde también se realizará un concierto: participarán Los Sinvergüenzas, Grupo Acanda, Convenezuela, Grupo Herencia, Vasallos de Venezuela y Danzas de Costa a Costa, todos con piezas creadas por Mayo sobre la base de cedro, apamate, caoba o pino, con accesorios de roble y puy, y cueros de chivo, vaca y venado.

Mayo dice que empezó a crear algunas piezas para pequeños aprendices desde que nació su hijo Guillermo, que hoy tiene 3 años de edad y está entretenido con Disney Junior en la planta baja de la residencia. Aclara que puede hacer bongós, tumbadoras y piezas destinadas a lo latino o caribeño, pero su destreza es mayor cuando se trata de lo afrovenezolano: ha sido capaz de realizar adaptaciones de modelos, que en su forma original son muy pesados y poco prácticos, a otros más livianos y con igual acústica.

"Quiero fortalecer mi marca de instrumentos, pero lo importante, en el fondo, es que también, gracias a las exposiciones, se preserva la tradición venezolana", dice. Uno de sus sueños es conseguir la certificación de la National Association of Music Merchants (www.namn.org) de Estados Unidos, un organismo que reúne a los mejores luthiers del mundo.


Willy Mayo: 20 años

Hoy, 1:00 pm

Gran Salón del Líbano del Monasterio San Charbel, bulevar Amador Bendayán

Entrada libre