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En su libro, Leila Macor es una “periodista en huelga”

Leila Macor | Foto: Cortesía Editorial Alfa

Leila Macor | Foto: Cortesía Editorial Alfa

Lo cotidiano en múltiples viñetas es el tema que se oculta detrás de las anécdotas sobre las mentiras humanas

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Nosotros los impostores: Catálogo de falacias, desengaños y otras patrañas (Puntocero, 2012) es una colección de viñetas sobre la vida cotidiana escrita por Leila Macor, periodista venezolano-uruguaya residenciada en Los Ángeles. Lo más interesante es que estos escritos pertenecen originalmente a su blog, escribirparaque.com, y pueden leerse con comodidad en el formato impreso.

Es un libro que intenta unir los registros de periodismo y ficción para ejemplificar un catálogo de perversiones de la sociedad contemporánea, vista a través de la perspectiva única de esta mujer de 40 años de edad. Quizá, la que mejor puede resumir el sentido de esta publicación es Cynthia Rodríguez, que en su prólogo escribe: “Con brutal honestidad (…) Macor se mete en las gavetas, en la nevera, en la biblioteca, en el televisor (…) que muchas mujeres llevamos por dentro”.

 

Del blog al papel. La también corresponsal de la agencia AFP comenzó a escribir en su página web personal movida por la necesidad de comunicar y una “remota posibilidad de publicar”, pero con el tiempo –señala– se añadieron otras causas que le dieron sentido al blog, como “la comunicación con los lectores, que es algo cotidiano y muy personal y no se obtiene con otra clase de publicaciones”.

La escritora, licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela y en Comunicación de la Universidad Católica de Uruguay, no considera que el trabajo como periodista y el pasatiempo de bloguera sean excluyentes: “Por uno me pagan y por el otro no. Cuando escribo mis propios textos, los gratuitos, yo me pongo en el centro de la historia, soy el personaje, pero lo que cuento es igual de real. Me permito más humor (o al menos no tengo que disfrazarlo), así como inventar groseramente las fuentes, citar estudios que no existen, mostrar una sola versión de los hechos... Me convierto en una periodista en huelga. Pero, a pesar de eso, las diferencias son muchas menos de lo que parece. En ambos casos cumplo el mismo rol, que es el de observadora, sólo que con estilos diferentes”.

 

Escribir de escritores. Lo que más destaca en el libro es su posición, iconoclasta para un asalariado de las letras como es un periodista, contraria a la escritura, hasta el punto de señalar que los escritores son prescindibles.

“Cuando digo que nadie necesita un escritor, no lo digo literalmente”, se explica. “Por supuesto que el arte es necesario para alimentarse espiritualmente. Pero el mundo no se va a detener si tú no escribes ese poema o esa novela. En ese sentido no somos necesarios. El sentirse necesario, imprescindible, es lo que causa los bloqueos de la página en blanco. Es la solemnidad de ese sentido de ‘misión’ lo que paraliza al autor; cuando se deja de asumir el oficio desde ese lugar tan presumido, los dedos se sueltan”.

Actualmente Leila Macor trabaja en otro proyecto editorial que mirará a la sociedad de Los Ángeles, donde está residenciada ahora. Aunque aún no tiene claro el enfoque que tendrá, cree que podría tratarse de una serie de microhistorias adaptadas al periodismo.