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Los libreros de las Fuerzas Armadas resisten la turbulencia

Los libros dejaron los estrechos kioscos y volvieron a la calle | Foto: MANUEL SARDÁ

Los libros dejaron los estrechos kioscos y volvieron a la calle | Foto: MANUEL SARDÁ

Las ventas han bajado significativamente. La remodelación que se realizó hace cinco años no ha favorecido a los comerciantes y ahora desparraman la mercancía por todo el lugar. El género más buscado es el de autoayuda

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En 2011 estrenó una cara que hoy luce lánguida y apagada. A pesar de que la venta de libros usados a precios muy económicos es el negocio, la crisis también ha afectado a los libreros del puente de la avenida Fuerzas Armadas. 

En aquella oportunidad le cambiaron el nombre a Paseo de la Resistencia Literaria. Y vaya que los comerciantes han resistido los embates de la inflación, la escasez y el éxodo que han azotado al país, especialmente en el último año. 

Pero no todos han podido mantenerse de pie. Aunque el acuerdo con el Gobierno del Distrito Capital –que remodeló el lugar– no les permite cerrar definitivamente, muchos se ven obligados a ceder el puesto que les fue asignado ante la imposibilidad de mantener el negocio por la poca afluencia de compradores. 

Pero no hay cifras oficiales y la Asociación Civil de Libreros Simón Rodríguez, que agrupa a los vendedores del puente, no lleva los registros. “Son muchos”, afirma Miguel Beaumont, representante de la sociedad. “Las ventas han disminuido bastante. Ya no vienen casi personas y nos vemos obligados a participar en ferias para poder subsistir”, añade. 

“Este ha sido el peor año de todos. Lo que vivimos es una catástrofe. Nunca en la vida había pasado esto”, dice Honorio González, quien ya lleva 38 años como librero y desde hace más de 20 está bajo el puente. Su testimonio mezcla el drama del país con cuentos de los pocos clientes que llegan. Mientras, unos estudiantes de Derecho que buscan el Código Orgánico Procesal Penal hojean unos libros en su puesto. El vendedor asegura que los universitarios son los que más visitan el lugar. 

Los 84 kioscos inaugurados hace 5 años –una inversión que en ese entonces fue de 13 millones de bolívares, de acuerdo con el Gobierno del Distrito Capital– no pudieron contener por mucho tiempo el festín literario, que continuó desbordándose más allá de los estrechos muros. Los libros tomaron su espacio natural en medio del paseo.

Beaumont cree que una de las causas de la disminución de las ventas es la remodelación del lugar. “Cuando la mercancía estaba afuera era más fácil vender. Los kioscos son muy pequeños y las personas no entran a curiosear. Nos vimos forzados a sacar las mesas”.

En algunas tablas de madera comparten espacio Guillermo Meneses, Isaac Chocrón, Ibsen Martínez y Jorge Enrique Botero, entre otros. La mayoría a un mismo precio: 1 por 200 bolívares y 3 por 500. Y hasta allí ha llegado la inflación, pues el año pasado la oferta era 3 libros por 60 bolívares. 

No hay novedades. Uno de los títulos más recientes que se puede encontrar es La incandescencia de las cosas. Conversaciones con Leonardo Padrón de Carolina Acosta, que fue publicado en 2013 y que se puede adquirir por 300 bolívares.

Los libros abundan pero también la inseguridad. Ningún ente les ha garantizado protección a los comerciantes. Originalmente, el horario establecido en el acuerdo con la institución que llevó a cabo el remozamiento del paseo era hasta las 11:00 pm, pero a las 4:30 pm ya comienzan a recoger la mercancía.

“Antes de la remodelación podíamos estar hasta las 7:00 pm, pero ahora cerramos a las 5:00 pm porque nadie nos protege. Además, los puestos son tan pequeños que se prestan para que los delincuentes nos arrinconen”, señala Beaumont.
 
Los más buscados. Los libreros consultados coinciden en que el género más buscado es el de autoayuda. Francisco Suárez, encargado de uno de los pocos puestos que cuenta con punto de venta, se atreve a afirmar que el autor más exitoso es Paulo Coelho, aunque dice que las personas también buscan novelas. 

“Un libro usado y en buen estado que aquí cuesta 3.000 bolívares, en una librería lo venden tres veces más caro”, continúa Suárez mientras desempolva un ejemplar de La criolla principal de Inés Quintero y lo ofrece por 500 bolívares. 

Otto González, quien vende libros bajo el puente desde mediados de los noventa, le pone un nombre a los textos de autoayuda: “¡Eso es antiliteratura, mija! Pero es lo que hay que leer en este momento porque si no nos volvemos locos. Ya no vienen a buscar libros de historia o ensayos. Quizás alguna novela”, expresa mientras ordena su puesto.

Afuera de su kiosco hay una mesa en la que abundan joyas como En la casa del pez que escupe agua de Francisco Herrera Luque, que se puede comprar por 500 bolívares. Vende, además, títulos de arte editados por Ernesto Armitano, de los que ya no se consiguen fácilmente, entre 1.000 y 2.000 bolívares. “Las ventas de libros usados, como las de todo, han bajado. La gente no tiene dinero y el poco que gana lo tiene que gastar en comida. Tienen que comer. No se puede hacer nada sino seguir”, agrega. 

“Este año he comprado más de lo que he vendido”, lamenta Jorge Atencio. Esta semana dos de sus vecinos se fueron del país y él les compró los libros. “La gente se va y vende todas sus cosas. Yo adquiero los textos para revenderlos en el puesto. Pero 2016 ha sido desastroso”, concluye.
 
LA CIFRA

13 millones de bolívares invirtió el Gobierno de Distrito Capital para remodelar el lugar en 2011 

EL DATO

No son pocos los libros con sello de la Biblioteca Nacional o de la Biblioteca Central de la UCVque llegan al puente de las Fuerzas Armadas. Es un secreto a voces, aunque los libreros nieguen saber del tema. Otto González señala que esta situación no es nueva y que algunos textos son revendidos. Otros comerciantes optan por devolverlos a las bibliotecas.