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En leotardo y de puntillas, Dance Moms llega cargado de drama

Dance Moms | Foto: Cortesía Bio

Dance Moms | Foto: Cortesía Bio

El canal Bio estrena hoy el controversial programa que ha recibido críticas y elogios por igual

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Una madre entra alterada a un salón del estudio. La respuesta de Abby Lee Miller, la propietaria de la academia de baile que lleva su nombre es: “Eres una ministra (de la iglesia), compórtate como tal”. Los gritos de las representantes, las lágrimas de las niñas y el carácter de la afamada coreógrafa estadounidense son algunos de los ingredientes del reality show Dance Moms, que estrenará esta noche el canal Bio.

Aunque el programa tiene sólo tres temporadas, la historia de esta academia es larga. Su dueña, hija de Maryen Lorrain Miller, una conocida bailarina en Estados Unidos, se inició en el negocio a los 14 años de edad después de entrenar a unas compañeras de clase para una competencia.

Desde que está frente a las cámaras, Miller ha sido cuestionada por su actitud. Cada semana usa una pirámide para mostrar quién lo hizo bien y quién necesita mejorar. Una alumna en específico (Maddie Ziegler) suele estar en el tope, lo que la ha convertido, junto con su instructora, en blanco de controversia.

Hay acusaciones a montones. Unas madres pregonan que hay favoritismo, mientras que otras las califican de locas. En ocasiones, el melodrama desplaza al baile, al punto de que la policía de Pittsburgh aparece en algunos episodios, cuando son llamados desde la academia.

La experiencia de Miller es indiscutible. Basada en sus conocimientos, define lo que necesita tener una niña para ser una gran bailarina. “Hay cosas fundamentales que da la naturaleza, como la flexibilidad y las piernas largas. También necesitan mucha atención, puesto que deben comprender y aprender la coreografía muy rápido. Y por último, yo diría que pasión. Necesitan sentir un amor absoluto por el baile”, dice la coreógrafa por teléfono.

—¿Cómo encuentra el balance frente a las cámaras para trabajar con niñas en un mundo tan competitivo como el baile?

—Lo hago de la misma manera en la que lo he hecho siempre. Quienes vienen a mi estudio tienen que hacer las cosas a mi modo. He hecho esto por muchísimos años, antes de que las cámaras llegaran. En cuanto al equilibrio, cuando vean el show se darán cuenta de que sé lo que estoy haciendo.

—Algunas personas han criticado la forma cruel en la que trata a las niñas. ¿Por qué escogió ese método de enseñanza?

—Yo podría tener una actitud dulce, como si estuviera enseñando preescolar. Pero el mundo del baile es muy diferente. Yo hago estrellas, no amigos. Ellas quieren ser bailarinas y yo tengo que asegurarme de que lo hagan de la manera correcta. Ese es mi trabajo, es mi mundo.

—Durante el show tiene que lidiar con los deseos y las frustraciones de las niñas y también de sus madres. ¿Cómo hace? ¿Quiénes son más fáciles de tratar?

—¡Obviamente las niñas! Mi sueño es que ellas persigan los suyos propios y a veces, como conozco sus talentos y capacidades, los quiero más que ellas y eso puede ser frustrante, trato de que se comprometan. En cambio, las madres son absolutamente ridículas. Por muchos años, antes de hacer el show, viajé sola con mis estudiantes porque las madres pueden ser un problema.

—¿Cuál ha sido la experiencia más grandiosa?

—Cuando mi primer estudiante quedó seleccionado en una audición para un gran espectáculo en Broadway. Conocía al coreógrafo y me dejaron entrar al teatro durante unos ensayos. Estuve allí la primera vez que él se paró sobre el escenario. Además, el coreógrafo me preguntaba: “¿Qué piensas de esto? ¿Crees que debo cambiar algo?”. Fue una sorpresa.