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La defensa del lenguaje público se convirtió en una cruzada democrática

Intelectuales advierten sobre la imposición de una forma de totalitarismo

Intelectuales advierten sobre la imposición de una forma de totalitarismo

La manipulación de los discursos dejan a los individuos sin capacidad de articular pensamiento crítico

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El lenguaje en la política no es casual. Cuando el discurso viene de quienes ostentan el poder, no sólo muestra las características del hablante, sino del tipo de sociedad a la cual éste quisiera dirigirse.

Varios indicativos permiten a algunos intelectuales señalar que los gobernantes venezolanos intentan imponer un pensamiento único. Uno de ellos es su uso de eufemismos y paradojas, como la expresión "una mitad más grande que la otra". Otro es la multiplicación de consignas enunciadas como tautologías, por ejemplo: "Tenemos patria" o "Venezuela es de todos los venezolanos". También está la creación de palabras o el cambio de significados de las existentes; este es el caso de "escuálidos", que pasó de ser una persona flaca o un tipo de pez a referirse a quienes se oponen al chavismo.

A esto se refirió el reciente foro Neolengua, Polarización y Reconciliación: el Rescate de la Lengua como Desafío para la Democracia en Venezuela.

En el evento auspiciado por el Instituto Prensa y Sociedad y la organización civil Un Estado de Derecho intervinieron Colette Capriles, Luis Alfonso Herrera, Giuseppe Graterol y Antonio Canova González, quienes señalaron que el rescate de la comunicación pública no es tanto un problema estético como uno de cultura política, pues la banalización de la lengua deja a los individuos sin la capacidad para articular pensamientos o dialogar con los representantes de instancias que los gobiernan.

José Luis Da Silva, profesor universitario y especialista en análisis de discurso, aclara que una cosa es el discurso del chavismo y otra el del madurismo, que lanzó a la palestra pública la insólita construcción gramatical "millones y millonas".

Piensa que quizá Hugo Chávez sí pretendía manipular el pensamiento crítico, pero no cree que sea el caso de Nicolás Maduro. "Su modo de hablar se parece al de quien no concluyó la instrucción media, no por ignorancia sino por falta de ganas. Y este desinterés en el conocimiento es propio del chavismo, porque intentan demostrar que se puede ascender políticamente sin instrucción alguna", dice.

Sin embargo, la pérdida de la función argumentativa de la lengua es una variante que agregó el foro a la palestra pública y es una preocupación que viene extendiéndose desde hace años entre ciertos intelectuales, que se preguntan si el totalitarismo está imponiéndose en el país.

El lenguaje en las "dictaduras corales". En el foro Graterol definió el totalitarismo como un régimen en el que el ciudadano no puede ejercer sus libertades y en el que la lengua es el instrumento de un pensamiento único. Y en El oficio por dentro (2012), Ana Teresa Torres escribe que en estos 14 años ha leído más sobre este sistema que en toda su vida anterior: "Comprendí así (...) que lo totalitario consiste en obligar al ciudadano a diluirse `en el pueblo’, para que luego, en nombre del pueblo, pueda hacerse cualquier cosa contra el ciudadano".

Da Silva difiere.

"Si vemos la ritualidad de ciertas acciones y conductas simbólicas, quizá podemos reconocer las características del totalitarismo que estudió Hannah Arendt, pero el asunto de este gobierno es cómo mantenerse en el poder y en un totalitarismo eficiente no sólo ya se está en el poder sino que también se gobierna. Es la imposición del poder lo que notamos en la simbología y en las palabras del Gobierno", dice.

Canova González, sin embargo, considera que los venezolanos deberían advertir la manipulación de la lengua como una herramienta de las "dictaduras corales", una denominación que toma del escritor cubano Carlos Alberto Montaner y se refiere a cómo ciertos autoritarismos necesitan un pueblo que suscriba su relato de la historia y los convierte en repetidores de consignas. "El peligro no es la instauración de un régimen extremo, sino sus estadios medios, porque estos pueden ser muy eficaces y lograr más o menos lo mismo", expresó.

Mientras Herrera afirmó que el cuidado de la semántica del lenguaje tenía que estar entre las prioridades para lograr la reconciliación entre los actores políticos, Capriles señaló que el chavismo siente desprecio por la "comunicalidad" de las reflexiones intelectuales. Esto se debe a que se planta como un espectáculo y esta estrategia subraya la emotividad en discursos de poco contenido cuyo objetivo es conseguir la adhesión sentimental de sus receptores. "En Venezuela, la función política del habla es la de formar una identidad `revolucionaria’ que niega el pasado", indicó.

Así, mientras los ciudadanos tratan de interpretar el habla de sus gobernantes y viven con la certeza de que la política está en todas partes, los investigadores advierten que esta sensación es una herramienta que otorga poder a través del miedo justamente a quienes desprecian el conocimiento.