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La isla de los alimentos

Foto Cortesía Sony Pictures

Foto Cortesía Sony Pictures

Luego de las ominosas advertencias sobre la comida chatarra de la primera película, Lluvia de hamburguesas 2 opta por un mundo perdido de transgénicos que pueden llegar a morder

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Con la comida no se juega, pero la franquicia cinematográfica Lluvia de hamburguesas ha desafiado el precepto para poner en riesgo las reservas de Alka-Seltzer. La primera película animada de 2009, con referencias estéticas como una versión en panqueca de La persistencia de la memoria de Dalí, aleccionaba sobre el consumismo de alimentos chatarra.

La segunda parte, que se estrena mañana en Venezuela e imita abiertamente el cine de monstruos de King Kong o Parque Jurásico, opta por la diversión pura y se traslada a una isla perdida de transgénicos que en ocasiones comen, en vez de ser comidos: el camarón-chimpancé, el taco mexicano-cocodrilo, la tostada-zancudo, la patilla-elefante, la torta-cangrejo, el melón-antílope, el aguacate-lechuza, la hamburguesa-araña, el cambur-avestruz, las sushi-ovejas y la papa-hipopótamo. A chefs venezolanos como Sumito Estévez seguramente les hubiera gustado ver una reina pepiada carnívora o un enjambre de ají dulce.

Flint Loco, el científico fracasado alimentado con sardinas del que inesperadamente brotó la genialidad de la máquina que convertía el agua en comida rápida, precipitada del cielo en una borrasca indigesta, aún ambiciona la fama digna de un premio Nobel. Esta vez es enviado por Chester V, su nuevo jefe y una especie de Steve Jobs de las barritas nutritivas no muy de fiar, a explorar su natal Isla Bocado, que luego del desastre climático de la primera cinta se convirtió en un laboratorio natural de alimentos genéticamente modificados.

El show de las mutaciones. Ron y Judi Barrett, los autores estadounidenses del libro infantil de 1978 en el que se basó Lluvia de hamburguesas, publicaron un segundo texto en 2000, Pepinos a Pittsburgh, en el que imaginaban soluciones para nutrir a los pobres del mundo. Nada de esto fue considerado para la secuela cinematográfica de los estudios Sony Pictures Animation (la misma compañía creadora de Los pitufos), en la que también quedaron en segundo plano los mensajes para los más pequeños acerca de la importancia de una alimentación sana.

Sin embargo, para los niños reacios a los vegetales y frutas que se ausentan de clases en el Día de la Alimentación, pudiera ser plausible que una primera familiarización ocurra a través de criaturas tan monumentalmente suculentas como un cebollín-dinosaurio o una berenjena-manatí. Las mutaciones gastronómicas se roban el show y la historia de los personajes humanos, no muy novedosa ni emotiva con respecto a lo desarrollado en 2009, prácticamente pasa inadvertida. 

Hablando de alimentos carnívoros, Lluvia de hamburguesas 2 forma parte del fenómeno conocido como “canibalización” del mercado de la animación digital, acentuado especialmente en 2013: se ha incrementado tanto el número de compañías de Hollywood que estrenan películas de muñequitos tridimensionales que el público se ha saturado y algunos lanzamientos salieron francamente malparados en la taquilla mundial al neutralizarse unos con otros, caso de Aviones (Disney), Turbo (Dreamworks) y El reino secreto (Blue Sky-Fox). En cualquier caso, la merienda jurásica de los directores debutantes Cody Cameron y Kris Pearn calienta la pantalla navideña a la espera del gran estreno del mes: Frozen, una aventura congelada, con las princesas números 12 y 13 en la historia de Disney, las hermanas Anna y Elsa.

 

Lluvia de hamburguesas 2

(Cloudy with a Chance of Meatballs 2)

Animación digital. Estados Unidos, 2013

Directores: Cody Cameron y Kris Pearn

Estudio: Sony Pictures Animation

Desde mañana en cines (también en salas 3D)