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40 imágenes resumen lo femenino de los mitos waraos

María Luz Cárdenas, curadora de la muestra, señala en el texto del catálogo que cada serie es un relato que cuenta sobre las maneras y sistemas de convivencia | Archivo

María Luz Cárdenas, curadora de la muestra, señala en el texto del catálogo que cada serie es un relato que cuenta sobre las maneras y sistemas de convivencia | Archivo

La artista española Andrea Santolaya inició el proyecto Waniku. Donde retumba el agua en 2013, cuando convivió con la etnia durante tres meses en el Delta del Orinoco

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A la fotógrafa española Andrea Santolaya le interesan las comunidades pequeñas. Durante su carrera ha fotografiado una variedad de temas: equipos de rugby, boxeadores, el ballet ruso en San Petersburgo. En 2012 escogió retratar a los waraos, pero no desde su vida diaria, occidentalizada, con televisores, microondas y una epidemia de VIH que diezma a la etnia; sino desde la mitología sobre su creación y el universo femenino. Un año más tarde se internó en el Delta del Orinoco durante tres meses.

Así nació Waniku. Donde retumba el agua, una muestra integrada por 40 imágenes que se inaugura el domingo en la Galería Freites. Santolaya captó, en blanco y negro, momentos sutiles que reflejan el papel de la mujer dentro del grupo –la recolección, el secado de la ropa y la importancia del cabello dentro de la cultura – y, muy especialmente, el agua, el otro elemento principal de la exposición. 

La artista cuenta que los primeros días fue complicado lograr que la comunidad la aceptara. Por esa razón decidió llevar hasta el Delta del Orinoco una impresora portátil, para que las mujeres pudieran ver sus fotos. 

“Siempre he trabajado temas universales a través de pequeñas comunidades. Para mí los waraos representan a Venezuela. La exposición abre con una flecha. Es el arquero Buen Brazo. El mito warao cuenta que ellos vivían en las nubes y un día Buen Brazo lanzó una flecha para cazar un pájaro, pero falló. Quedó entonces un agujerito por el que todos fueron bajando menos una mujer, que quedó atrapada por el muslo. Ella se convirtió en la Osa Mayor”, indica Santolaya. 

Inspirada en esta historia, la exposición tiene siete mujeres como base. Cada una de ellas representa una estrella de esta constelación. Estas fueron retratadas con sus trajes tradicionales, flotando en el río. Su presencia forma ondas en el agua que recuerdan el ciclo del que forman parte: vida, muerte, vida. Y hablan, además, de las conexiones con la madre naturaleza. 

“La exposición se presenta en un momento crudo y difícil en todos los niveles, en medio de la crisis que vive Venezuela. Pero es justo ahora que también se debe representar la belleza de este país. Y más que mostrar lo que ha cambiado y la extinción que sufren los waraos, que es un proceso difícil, quiero mostrar sus raíces: el por qué siguen allí, en un lugar tan mágico”, asegura. 

María Luz Cárdenas, curadora de la muestra, señala en el texto del catálogo que cada serie es un relato que cuenta sobre las maneras y sistemas de convivencia, lo cual permite que cada imagen sea parte de otra y una en sí misma.