• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

Sueño de juglares entre poesías e historias

<i>Sueño de juglares<i/> | Foto: El Nacional

Sueño de juglares | Foto: El Nacional

Presentada por la compañía de Noel Llovera, la pieza forma parte de la programación que traen las 50 compañías del interior del país al Festival de Teatro de Caracas

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Más allá del árbol de los peluches. Más allá del Consejo Comunal La Piedrita, pasando la calle Sierra Maestra, está el Teatro Cristo Rey en el 23 de Enero. “Cero pacto con la derecha” es uno de los grafitis con los que la parroquia recibe al visitante, unos metros antes del parque infantil Danilo Anderson.

Abundan murales de Hugo Chávez, Ernesto “Che” Guevara y Nicolás Maduro. “Hoy tenemos patria, que nadie se equivoque”, escrito en el costado de un edificio. Más abajo come grama un par de caballos. Y un camión que vende fresas con crema rememora otros rincones del país. Pero no hay duda de dónde se está. El 23 de Enero es mucho más que imágenes.

Al llegar al teatro –diseñado en los años cincuenta por Carlos Raúl Villanueva– se observa a un grupo de policías que custodian, desde sus motos, la entrada. El edificio –restaurado por el gobierno y reinaugurado en 2011– es una de las sedes de la 3ª edición del Festival de Teatro de Caracas organizado por la Alcaldía de Libertador, que finalizará el domingo 27 de este mes.

Ayer fue la primera función que ofreció su sala, cómoda y bien acondicionada. La obra fue Sueño de juglares, un monólogo interactivo y onomatopéyico dirigido y representado por Noel Llovera, del estado Bolívar.  El artista forma parte de una de las 50 compañías del interior del país que visitan Caracas con motivo de la fiesta escénica.
 
Gracioso, Llovera interpretó a Narrín, un divertido personaje que explicó a los espectadores la definición de juglar. “Son los que van de pueblo en pueblo actuando”, dijo, al tiempo que se pintaba el rostro de blanco para convertirse en mimo.

En un ambiente de sombras y jazz, el actor habló de la Tierra y del hombre cazador como una simbología del artista que se disfraza para crear teatro. Reflexionó también sobre la importancia de contar historias. Por eso narró una sobre una princesa raptada y el príncipe que debía rescatarla, acto para el que pidió dos voluntarios del público. Luego describió el viaje de Ñacañaca –un piojo– y su amiga Liendrita. Y el relato de unos amigos que no encontraban comida en su nevera sirvió para destacar la importancia de la conservación.

El final de la obra –que buscó risas de adultos y niños–, se acercó a la poesía. “Si quieres encontrarte conmigo búscame en las cosas hermosas que hago”, dijo el personaje mientras sacaba suaves notas de entre las cuerdas de un cuatro.