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Sinfonía para un mono se estrenará en Nueva York

La pieza resonará en el Alice Tully Hall del Lincoln Center | FOTO MANUEL SARDÁ / ARCHIVO

La pieza resonará en el Alice Tully Hall del Lincoln Center | FOTO MANUEL SARDÁ / ARCHIVO

El compositor Paul Desenne se inspiró en la historia del artista Allen Hirsch y su mascota para escribir la obra que presentará el viernes. También debutará el fin de semana en Miami con su Sinfonía clásica

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La vida de Benjamin fue turbulenta. Tenía pocos meses de nacido cuando su madre fue asesinada en una persecución sangrienta entre las montañas de Chirimena. Lo dejaron abandonado en una caja junto a sus hermanos. Fue el único que sobrevivió. Hasta que lo rescató un joven pintor estadounidense, que lo adoptó como su hijo.

La particular historia de amor entre el artista plástico Allen Hirsch y su mono capuchino fue el punto de partida de la obra La vida de Benjamin. Sinfonía para un mono que el compositor venezolano Paul Desenne estrena el viernes en Nueva York, en el Alice Tully Hall del Lincoln Center. Una pieza por encargo que se suma a los múltiples homenajes póstumos que el excéntrico retratista de la revista Time le ha hecho a la que fue su mascota durante 14 años.

“A Hirsch nadie lo conoce en Venezuela. Se la pasa pintando pescadores en Chirimena, en Barlovento. En sus imágenes está la gente común, los pobres venezolanos. Es un pintor impresionante, con una carrera internacional reconocida que incluye varias portadas de Time y el retrato oficial de Bill Clinton que se encuentra en la Casa Blanca”, cuenta Desenne.

Fue en Venezuela donde Hirsch recogió a Benjamin hace 20 años. Se lo llevó a Nueva York y el mono se convirtió en una celebridad que hasta mordió a uno de los hijos de Kennedy. Este tránsito entre el Caribe y los rascacielos está retratado en los dos capítulos de la sinfonía, que el compositor desliza entre ritmos afrovenezolanos con acordes del folklore enfrentados con los ruidos urbanos, que sugieren la llegada a la gran ciudad.

“Tomé la historia del mono para hacer un relato del exilio de un animal que viaja de una selva fantástica a una metrópoli. Es una travesía que parte de la música venezolana para encontrarse con otra realidad más rock, donde se convierte en otro personaje. La música es abstracción, es incapaz de emitir ideas concretas. Pero la atmósfera que se siente remite a esa evolución en los 22 minutos que dura la obra”, indica Desenne. 

El concierto del viernes será ejecutado por el New Juilliard Ensemble, una orquesta de cámara bajo la batuta de Joel Sachs. Pero este no será el único estreno del compositor venezolano en Estados Unidos el fin de semana. El sábado y domingo la Sinfónica de Miami, que en esta oportunidad tendrá como director invitado a Daniel Andal, interpretará por primera vez en Norteamérica su Sinfonía clásica.

“Esta obra la escribí para los chamos del sistema de orquestas. Plantea que en Venezuela tenemos una larga cultura de música clásica. Hay una tradición republicana vinculada con el clasicismo europeo. Por eso las partituras de Haydn y Beethoven son naturales para nosotros. El argumento creativo de esa sinfonía es como si fuera de los tiempos de Miranda. Tiene episodios en los que hay minuetos que repentinamente caen en un pajarillo”.

Desenne está contento porque la celebración del 40 aniversario del sistema de orquestas abrió con una de sus partituras. “Lo que más aborrece un compositor es la gaveta. Aunque mis obras tienen dificultades considerables, siempre tienen un filón venezolanista, porque me gusta la música de mi país y me parece necesario irrigar al público de piezas que le llamen la atención”.

Sin embargo, considera que la profesión de compositor no recibe el apoyo que se merece. La remuneración es significativamente menor que en las otras artes y el esfuerzo creativo es enorme. “Los directores de las orquestas deberían encargar más obras para ser interpretadas. Carlos Izcaray me confió este año una residencia en la Orquesta de Alabama. Hay una posible oferta de Dudamel en Los Ángeles. La idea es que se multipliquen estas propuestas porque ser compositor en Venezuela es una fantasía loca. Es una profesión que no existe. A veces me deprimo por esa realidad tan difícil. Pero he aprendido a aceptar el sacrificio que demanda el arte”.