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Fuera del aire, la película: aquí estamos, aquí seguimos

"Aquí estamos a nuestra manera. Nos vamos cuando queramos y seguimos como podemos", dijo Luis Chataing | Foto Cortesía @ukmcbo

"Aquí estamos a nuestra manera. Nos vamos cuando queramos y seguimos como podemos", dijo Luis Chataing | Foto Cortesía @ukmcbo

La intención del filme, afirma Luis Chataing, es hacerle saber al país que no hay que dejarse aplastar por un sistema autoritario

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Cuenta Luis Chataing que es en las autopistas venezolanas, en la carretera, donde le vienen a la mente muchas ideas, donde piensa mucho. En el puesto de copiloto, que siempre ocupa, se han gestado varios de sus proyectos que han llegado a buen puerto.

Fuera del aire, la película, documental que se estrenará en noviembre y distribuirá Cines Unidos, nació en la vía San Felipe-Caracas, cuando regresaba de un show el tercer domingo de junio, Día del Padre. En el asiento trasero de la camioneta estaba su cómplice creativo de los últimos cinco años, el director Héctor Palma, quien se sorprendió ante el anuncio que hizo su compañero de viaje esa mañana: “Vamos a hacer una película sobre la salida de Chataing TV”. El programa de humor desapareció de la pantalla de Televen el 10 de junio por presiones del gobierno, aunque el presidente Nicolás Maduro aseguró que no tuvo nada que ver con la cancelación del show.

Entonces, entre silencios y pocos comentarios, Chataing y Palma comenzaron a desarrollar la película en sus mentes. “Desde el mismo momento en el que Luis me habló, quise prender la cámara del teléfono porque ya el documental había nacido. Son ideas que están destinadas a ser y uno se convierte en el vehículo”, recuerda el realizador, quien en menos de 24 horas ya tenía un set armado.

El lunes, a las 2:00 pm, estaba todo el equipo de Chataing TV en la casa del locutor sin saber para qué. Fue, entonces, cuando los reporteros Jean Mary Curró, Manuel Silva, Led Varela, José Rafael Guzmán y Alex Goncalves, junto con el equipo de producción, se enteraron de cómo serían sus próximos días: dos semanas y media de 14 shows en 5 ciudades, una tras otra, para recrear en una sala de teatro un set de televisión que se verá en una sala de cine y también en un libro. Un documental que, para su director, es un canto de esperanza, un canto optimista, y no a ultranza, de que la convicción individual traducida en acciones hace un cambio positivo. “No tengo la menor duda de eso”, dice Palma.

Chataing asegura que la salida de Chataing TV no tiene ningún parecido con la desaparición de Ni tan tarde, porque las circunstancias fueron otras. “La segunda es política. Me tomé muy a pecho la responsabilidad de hacerle saber al país que no nos podemos dejar aplastar por un sistema autoritario”. Y lo reafirma de una manera más contundente: “En un país donde hay desilusión, donde los amigos se van, donde uno está pensando en irse, encuentras a un grupo de personas a la que le quitan su programa de televisión, su trabajo, que decide ponerse de pie y decirle a los que presionaron: ‘Aquí estamos, a nuestra manera. Nos vamos cuando queramos y seguimos como podemos”.

—¿Cómo han sido los meses sin Chataing TV?

—Han sido familiares, a ratos muy copados; vertiginosos, por la gira de despedida y todo lo que nos inventamos para hacerle entender al gobierno y no a Televen, porque el canal es una víctima en medio todo esto, que se está enfrentando a una gente que está muy determinada a que las cosas cambien. El esfuerzo ha sido titánico por parte de todas las personas que organizaron la gira Fuera del aire y que ahora están trabajando en el documental. Han sido meses de mucho avión y carretera; de mucho analizar en el transcurrir de la ficción del documental la posición de cada uno de los integrantes del programa en torno a la realidad país que estamos viviendo, en torno a la libertad de expresión, la autocensura, la motivación que debemos tener los venezolanos de salirle al paso a las dificultades.

Justo en el momento en el que en Caracas comenzaban a tomar forma la gira y el documental, Luis Chataing se tomó 10 días de vacaciones. “Venía de hacer televisión, radio, show… Estaba realmente agotado. Las tres actividades requieren de una intensidad creadora especial, que combinadas representa un desgaste muy fuerte”. Eso sí, vía Skype supervisaba todo lo que estaba sucediendo desde este lado del Atlántico con el proyecto.

—¿Ha echado de menos la televisión?

Yo no he tenido chance de sentir un vacío, pues comencé el proyecto de la gira. Fueron 14 programas más que no salieron al aire, pero que tuvieron su público. Lo de Valencia fue insólito; los únicos dos artistas que han llenado el Fórum de Valencia somos Ricardo Arjona y yo. No lo podía creer, estar sentado en un escritorio frente a un auditorio inmenso escuchándote y ver a la gente reaccionar fue conmovedor. Yo me he puesto llorón desde que nació mi hijo –cada vez que lo veo, pienso en lo mucho que nos costó que llegara–, por eso, cuando estrenamos el tráiler de la película en el Fórum fue muy difícil contener la emoción. Al finalizar todo el mundo se puso de pie y comenzó a aplaudir. Había una sensación de agradecimiento inmensa. Todos los reporteros lloraron, la gente no paraba de aplaudir. Me quebré. Mucho.

—¿La gira y el documental son una manera de cerrar el ciclo de Chataing TV?

—Lo veo como una manera de hacerle saber al gobierno, que fue el que provocó nuestra salida del aire, y a los venezolanos que acompañábamos en las noches que no nos íbamos a dejar, que no estábamos de acuerdo y que había una lucha posterior. Por otro lado, en lo personal, soy consciente de que mi trabajo en televisión en este país se acabó, por ahora. Eso lo sé muy bien. No lo veo como una despedida, aunque quizá lo sea, ojalá que no; pero sí fue más que eso. Fue poner las cosas claras y hacerle saber a esta gente que no terminamos el programa como ellos quisieron, sino como nosotros lo decidimos.

—¿No habrá entonces más shows en teatro de Fuera del aire?

—Ya eso terminó. Cuando salió el programa del aire me acordé de Buenas noches, que hizo una gira de teatro. Yo no me sentí identificado con eso, para mí no era la vía. Pero la única manera de hacer el documental era haciendo la gira. Corta, intensa.

—¿Cuál fue la reacción del equipo cuando supo que Fuera del aire también era una película?

—Estaban todos cargados de emoción por el proyecto y la dimensión que podía tener una cosa como esta. Antes del viaje a Yaracuy tuve una transmisión para CNN en Español con Fernando del Rincón a la que invité a los reporteros. Después de eso les dejé saber que estaban de su cuenta, pues yo más que un jefe me convertí en un papá para ellos. Yo soy muy consciente de mis habilidades y destrezas, no compito con la gente con la que trabajo, más bien los impulso. Yo velé por cada uno de ellos, entonces, no teniendo las cosas claras, sin el documental en mente, en esa reunión les dije que mis opciones acá eran nulas. Fue la primera vez que les hablé francamente sobre la posibilidad de que Chataing TV, como lo conocíamos, había muerto. 

—¿Fue el momento más duro como equipo?

—Para mí no. Nicolás Maduro dijo en cadena de televisión que a mí me habían botado de no sé cuántas emisoras de radio. No, yo renuncié a dos. Ni tan tarde salió de Televen por razones que todavía no sabemos. Entonces, como yo he vivido esto de que te cierren un programa, de dejar de estar al aire, poco a poco me he ido endureciendo. Sé que el mundo no se acaba aquí. Pero para el equipo fue otra cosa. Sí fue realmente una situación traumática. Era la primera vez que se enfrentaban a algo así. Yo les di la noticia de la manera más calmada. Aunque un mes antes yo ya sabía que al programa le quedaba poco tiempo al aire. El presidente de Televen me había pedido que buscara la manera de irme despidiendo y le dije: Búscala tú, que yo me voy gustosamente. Nunca le he querido ocasionar un problema a los Camero, a quienes considero como mi familia. Menos a los trabajadores del canal. Yo no trabajaba en televisión por el simple hecho de estar allí; desde hace mucho tiempo hago lo que hago por un compromiso personal y profesional con Venezuela. Yo estoy listo para irme del país mañana si fuera el caso.

—Porque no sabes si mañana, por ejemplo, tendrás programa de radio.   

—Por supuesto. Yo hacía el programa de televisión cada día como si fuese el último. Y así se lo hacía saber a todo el equipo.  Igual en la radio, todos los días lo hago tan bueno como si fuera el último. El día que nos sacaron del aire en Televen traté de ser un muro de contención de las emociones en el equipo. En ese momento les hice saber a todos qué era lo que nos tocaba y qué bien que nos toco, porque en una realidad como la que vive Venezuela, el que nos hayan sacado por incómodos significa mucho, significa que no cedimos a presiones. Lo que está pasando en Venezuela es suficientemente importante como para que ocupe 90% de un programa como el que hacíamos.

—¿Cómo se trabaja sabiendo que puede ser el último día al aire?

—Con mucha energía, con mucha pasión por el episodio que está por salir, que es el que no te han quitado. Con el valor que tienes de decir las cosas como son e irte con la frente en alto. No puedes trabajar con temor, no se puede vivir en miedo, porque eso disminuye tu capacidad intelectual para abordar los temas.

—¿No ha hecho concesiones?

—Nunca. Pero no soy un tipo intransigente. Siempre me he puesto del lado del medio de comunicación para el que trabajo porque entiendo las presiones. El 13 de febrero, luego de aquel terrible 12, me lancé un editorial en radio muy honesto, a las 6:00 de la mañana, que es cuando digo las cosas más del alma. Cuestioné mucho a los medios, en particular a las televisoras por la cobertura que habían hecho de los sucesos del día anterior. Allí mencioné a Televen, el medio para el cual trabajaba y sin ningún temor. Me importaba poco mi puesto de trabajo, antepuse mi condición de ciudadano. Después recibí una llamada de los dueños del canal, quienes me preguntaron si yo me sentía avergonzado de trabajar con ellos. Les respondí: No están entendiendo lo que quise decir. A los dos días nos reunimos y les hice saber mi posición. Dije lo que dije porque me siento avergonzado por la autocensura en la que los medios han caído, que los tiene paralizados y les impide tomar decisiones en favor de los ciudadanos. Mi posición es más comprometida, mi credibilidad es lo único que tengo y se basa en la conexión que tengo con la gente que me ve y me escucha o me lee en una entrevista. En esa reunión les dije a los Camero que en la medida en que permitieran que los trabajadores de su medio fueran autocríticos y lo aceptaran, estaban siendo unos tipos más justos. Y así fue que continuamos.

—¿Con qué se va a encontrar la gente en el documental?

—Con muchas cosas. Por un lado, un episodio más del programa adaptado a los escenarios de teatro, que es una novedad. Teníamos que tratar de que en una gran sala la gente se sintiera en un set de televisión. Era lo principal. Luego conservamos la estructura: el primer segmento mío, luego los reporteros y para finalizar las noticias de mañana. Juntos fuimos dándole forma, aportando ideas. Decidimos entonces hablar de nuestra salida del aire en clave de humor, de la situación de la televisión y tuvimos invitados que tenían en común hablar del tema de la libertad de expresión, como Chúo Torrealba, Nelson Bocaranda y Leopoldo Castillo, entre otros. La gente verá en el documental el último show y se va a conectar con la experiencia personal de cada uno de los integrantes del programa, sus tristezas y alegrías, mientras comparten día a día. La historia que Dios nos puso en las manos es algo que llegó solo, por algo fue y para algo es. Eso lo descubrimos en la medida en que fue transcurriendo la gira. Mi aspiración es que al finalizar la película la gente aplauda y salga de la sala con el corazón inflado de ganas de echar pa’lante a Venezuela, porque a este país se le saca adelante desde aquí. Es mi aspiración por todo lo que viví en esas dos semanas y media. Es muy, muy emotivo. Tiene risa y mucho llanto. Quiero que la gente salga convencida de que sí es posible conseguir un cambio positivo para todos en este país.

Héctor Palma lo reafirma: “Fuera del aire no es una película política, quiere dar un mensaje ciudadano: cómo tus decisiones individuales son las que generan un cambio colectivo”.

El realizador, quien trabaja de la mano con Antonio Martín en la dirección, con coproducción de Juan Carlos Martín, considera que en este momento su labor como director y ciudadano coinciden. “El creador tiene como norte principal que alguien vea su trabajo, pero en este momento eso me suena vacío. Mi razón de ser como artista se perdió, se transformó porque el término espectador me suena vacío, el término público me suena vacío. No quiero que Fuera del aire sea vista por un espectador, quiero que vaya a verla un ciudadano”, expresa Palma. “Yo como creador requiero de la conciencia ciudadana de un venezolano y no de su condición de espectador”, agrega.

—¿Y cuál fue el ánimo del último show?

—El último show –dice Chataing– sufrió varios cambios. Iba a ser en Valencia, pero fue en Caracas. Héctor hizo una cosa maquiavélica: nos bajó al foso del Teatro Santa Rosa de Lima, puso las sillas en círculo, nos sentamos bajo una luz tenue y una cámara nos comenzó a grabar. Fue el último encuentro que tuvimos como grupo en el que cada quien habló de su experiencia. Estaba hecho para ser un momento dramático. Yo lo sabía, así que pensaba no caer en eso. Pero me rebasó, nos rebasó. Las últimas palabras sobre el escenario fueron el comienzo del documental.

Palma asegura que ese fue uno de los momentos más emotivos de todo el rodaje: un momento que intentó reproducir una situación que vivió el equipo en Maracaibo. “En ese show, en el camerino, hubo una atmósfera distinta. Hubo una conversación previa que fue de mucha sinceridad, los ánimos estaban caldeados; eran muchos días juntos, entre aviones y carreteras. Los reporteros y Chataing se dijeron muchas cosas, como hermanos, como familia. Sentí que quería registrar el momento, pero por otro lado me parecía irrespetuoso. Era un momento que requería el equipo, no la película. Pero busqué la manera de reproducirlo y lo logré en el último show. Allí tuvieron la oportunidad de mirarse, de reconocerse, de decirse las cosas que antes no se habían dicho y fue genial.  Fue un momento que le permitió al grupo cerrar un ciclo. Hubo mucho llanto, llanto que curó heridas”.

Luis Chataing no teme a otra presión por parte del Ejecutivo para tratar de impedir que la película llegue a las salas de cine. “Si llegara a suceder, ya encontraremos el lugar para proyectarla y eso nos daría más razón en el discurso de que fue el gobierno el que nos sacó de Televen”.

“En la sala de cine cabemos todos. Bienvenidos todos los que piensan que Venezuela puede ser mejor. Luego, nos pondremos de acuerdo en cómo mejorarla”, señala Palma. “La película desea crear puentes. Tengo muchos años pensando responsablemente sobre el país. Pero estoy necesitando un lugar donde depositar lo que llevo por dentro y mi contribución para mejorar. Siento que estoy utilizando todas mis herramientas emocionales, intelectuales y creativas en un proyecto que resume lo que yo quiero para el país”.

¿Sigue Luis Chataing con ganas de irse del país?

—Yo, por primera vez, estoy escuchando ofertas del exterior y dispuesto a irme con todo el dolor del alma. Con un dolor adicional, que es la gente en la calle que me pide que no me vaya.

—¿Qué se siente ser tan querido?

Es gratificante. Es un compromiso que te lleva más allá de ser una persona entregada al entrenamiento. A mí me preocupa desde hace mucho tiempo la gente, en los últimos tiempos ha habido un matrimonio más evidente entre mi persona y lo que sucede en el país que va mas allá de entretener y hacer reír. Ojalá tuviera la forma para que todos saliéramos de este rollo, pero sí tengo la convicción de que seré una voz a favor de la gente y de la manera más justa. La inmensa mayoría de los opositores hemos aguantado dignamente un chaparrón durante los últimos 15 años; ha sido una resistencia patriótica porque nos ha impedido irnos a las manos con nuestros hermanos que piensan diferente. Nos han querido llevar al límite y la gran mayoría de los venezolanos no está dispuesta a dar el segundo paso, que es irnos a las manos. Yo realmente no espero irme, pero ahora tengo un hijo y pienso como padre.

—¿Y qué le dice a la gente que se va?

—Esa pregunta se la hice a mis invitados en la gira Fuera del aire. A ver, no tengo cómo retenerlos. Cada quien tiene una razón para irse. Pero sí te digo: yo he girado mucho fuera de Venezuela y en ninguna de las presentaciones me he encontrado con gente que esté plenamente feliz de vivir en el exterior. Hay mucha añoranza, nostalgia, tristeza. Es muy pesado cuando te ves obligado a irte de tu país. No importa que no se vaya la luz, que encuentres toda la leche que quieres, que las autopistas estén asfaltadas. Es muy difícil. Y la mayoría de la gente que se va lo hace con un dolor de dejar esto atrás. A esos les digo que los entiendo y comprendo, pero que estén donde estén hagan lo posible porque Venezuela retome el camino democrático. Y a los que nos quedamos, hagamos todo lo posible porque los que se fueron regresen a un país mejor; pero en ningún caso ningún venezolano debe abandonar su país por más lejos físicamente que esté de él. En mi caso será así si me tengo que ir. 

El dato

Fuera del aire será, también, un libro publicado por Editorial Planeta. La periodista Laura Helena Castillo será la encargada de darle forma. Será una extensión de la gira y el documental, con características propias. “El venezolano tiene memoria muy corta. Por eso quise que todo fuera en corto tiempo”, dice Chataing