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Ética-Estética-Política pregunta con libertad

Carlos Zerpa usa a Pinocho (al fondo) para representar a un gobierno que “hace de la mentira su columna vertebral” | Foto Manuel Sardá

Carlos Zerpa usa a Pinocho (al fondo) para representar a un gobierno que “hace de la mentira su columna vertebral” | Foto Manuel Sardá

En la muestra, casi una veintena de discursos cuestionan a la sociedad desde el arte a través de metáforas de la violencia, el poder y la mentira

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En la exposición Ética-Estética-Política 18 artistas describen con autonomía discursiva sus visiones de los problemas sociales.

María Elena Ramos, curadora de la exhibición, dice que la libertad es la palabra que se deletrea en todas las obras, cuyas aproximaciones a los problemas van desde la frialdad de lo analítico hasta el calor de sentimientos inspirados por el humor negro o la tragedia. “Es sólo en el territorio de la libertad donde incluso los males se convierten en bienes”, expresa sobre las exploraciones hechas a través de lenguajes tradicionales, como la pintura y la fotografía, y de otros más modernos, como la videoinstalación.

En la galería GBG Arts se muestran propuestas de más de una decena de creadores obsesionados con metáforas de la mentira y la arbitrariedad de ciertas formas de poder. Ejemplos son las reflexiones sobre la Torre de David de Ángela Bonadies y Juan José Olavarría; la obra Topografías mínimas de Sara Maneiro, que mira el deterioro de la urbe en estructuras geométricas; y Un asunto de Estado, en la que Victorino Cáceres usa el cómic para diseccionar el culto el autoritarismo.

A esas piezas de artistas nacionales se suman las propuestas de la guatemalteca Regina José Galindo y del colombiano Juan Manuel Echevarría, que se refieren a la violencia social y de género como problemas que atraviesan la región. Cercana a del colombiano –por la temática– se encuentra la obra de la venezolana Rosa Virginia Urdaneta en la que se agrupan testimonios de niños convertidos en soldados de las FARC. La visión internacional la complementa Lihie Talmor –que vive entre Caracas y Tel Aviv–, quien presenta visiones del Holocausto desde la indolencia a través de fotografías de lo que el antropólogo Marc Augé llamaría “no-lugares”, como estacionamientos, rieles de trenes y viviendas deshabitadas en Auschwitz.


(Pos)moderno. A Ramos le interesa, si se supone que el arte se deslastró en los últimos siglos de su antigua función utilitaria –para informar, persuadir o convertir religiosamente–, para hacerse más autónomo, por qué los creadores vuelven a interesarse en temas sociales. Cree que se debe a que esos temas son parte de lo extra artístico, la actualidad y la cotidianidad. Con esa reflexión, la curadora parece insertarse en la corriente de quienes piensan que la posmodernidad es un humor de la modernidad.

A pesar del fuerte contenido social de la muestra que podrá visitarse hasta el 10 de noviembre, Ramos señala que las piezas que reúne no pretenden convencer políticamente: “Proponen visiones libres con la autonomía del artista, que se nutre de la realidad que lo rodea”.

Un ejemplo de temas que ha introducido la posmodernidad en el discurso del arte es la manipulación genética, a la que se refiere Sandro Pequeño en una obra en la que un autómata, mitad mono mitad máquina, sustituye la centralidad del cuerpo humano dentro de lo que podría interpretarse como un útero o el Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci.

Tres performances se presentarán como parte de la exposición: Quiebre de Nela Ochoa, Cicatrices en la cabeza de Érika Ordosgoitti y Haz lo que te digo pero piensa en lo que hago, en el cual el artista cubano-venezolano Ramsés Larzábal combina discursos de Hugo Chávez y Fidel Castro.


Ética-Estética-Política

Inauguración: mañana, 7:30 pm

Galería GBG Arts, avenida Principal de Prados del Este

Foro con los artistas: jueves 26, 6:00 pm

Performances: domingo 29, 11:00 am