• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

El polvo de los muertos va de lo gótico a lo policial

Norberto José Olivar | Foto Williams Marrero / Archivo

Norberto José Olivar | Foto Williams Marrero / Archivo

A través de la historia del espía ruso Projarov, el autor marabino construye una metáfora política

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En El polvo de los muertos Norberto José Olivar vuelve a sus obsesiones: la muerte, los espiritistas y los hombres lobo, así como a ciertas insólitas anécdotas marabinas a través de la historia de Alexander Marion Projarov, un ruso acusado de ser espía que termina ocupándose de un extraño asesinato ocurrido en la capital del estado Zulia en la década de los años cincuenta. Así, el motivo policial –como ocurre en las mejores secciones de Un vampiro en Maracaibo– se convierte en una excusa para la imaginación y las conexiones “desquiciadas” –el autor dixit– que son el fundamento de su ficción.

“Puede ser un policial, sin duda, pero también un western, o un breve tratado de filosofía de la muerte, o un relato de horror, todos a la vez, o cualquier otra cosa que se le antoje al lector”, indica el escritor marabino nacido en 1964, que presenta este como un artefacto con varios niveles de lecturas. “Hay cierta ambición a lo complejo, pero desde la más radical sencillez”, puntualiza y agrega: “Lo gótico impregna, pero aquellos elementos grotescos o inverosímiles que se presentan no tratan de darle un toque singular a Maracaibo, más bien son un intento por demostrar que las pesadillas internas, locales, pueden ser articuladas o identificadas en cualquier lugar del mundo”.


Política y miedo. Además de proponer como tema fundamental el miedo, la obra tiene una lectura política a través de la metáfora del grupo de extrema izquierda al que pertenece Benjamín Rodríguez, la víctima cuya muerte la novela pretende resolver, pero no como un ensayo de literatura comprometida con ideas partidistas, sino de la necesidad insoslayable de defender su libertad sin suscribirse a ningún bando. “Esta novela fue el primer fogonazo de esta reacción ciudadana, del escritor que soy o que intento ser. Acabo de terminar una novela corta, Sasón y la ciencia ficción, en la que a través de este género pienso en las calamidades que estamos padeciendo como venezolanos. Necesitaba hablar del asunto. Y con El polvo de los muertos he comenzado ese diálogo, aunque no por ello la novela deja ser terrorífica y llena de humor”.

Otra particularidad de la obra son sus guiños a clásicos de la literatura universal desde los cuentos de Franz Kafka –como “El artista del hambre”– hasta la célebre serie de Sherlock Holmes creada por Arthur Conan Doyle. “Me siento parte de algo mucho más grande e importante que mi minúscula y propia vida. Pasearme por las páginas de El espía que surgió del frío para pensar mejor en Projarov, mi personaje, hace que lo que escribo no sea huérfano o solitario, está conectado a ideas que ya están en nuestra memoria. Tenemos que escribir con cierta conciencia de lo que ya existe, porque eso impacta sobre lo que estamos creando”, dice el autor cuya obra se caracteriza por el uso del recurso de la metaliteratura.