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Boss no deja de asombrar

La segunda temporada de la serie trae emociones, intrigas y expectación sobre el alcalde de Chicago

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Una serie oscura, compleja, con interpretaciones brillantes, ambientación fabulosa y tramas que enganchan por lo inteligente de la narración es Boss. La serie inició su segunda temporada el viernes con un episodio doble. El drama que transmite TNT incluye en la nueva etapa a Jonathan Groff, que dará vida a Ian Todd luego de haber dejado Glee. “Soy el nuevo asistente del alcalde Kane. Soy como su mano derecha, aunque también encarno a un joven novato muy ambicioso, como el nuevo chico de la cuadra”, dice Groff, y agrega: “Mis similitudes con Ian es que sí soy una persona ambiciosa que siempre está tratando de realizar el mejor trabajo que puede en lo que me gusta o en lo que quiero hacer”.
El vestir de traje le otorga al actor seguridad para interpretar el personaje. “Cuando estoy de traje me siento diferente, camino distinto. Utilizo por lo general trajes de tres piezas. Es totalmente opuesto a lo que hice en Glee”, señala.
“Desde que leí el guión me di cuenta de que cada momento de mi personaje tiene una voz y entonación diferentes. Como cuando debo hablar con el alcalde Kane. Yo le hablo distinto a Kelsey a como me dirijo después normalmente a mi ayudante, está muy bien escrito”, expresa el artista, y continúa: “Fue un poco complicado organizarme para filmar Boss en Nueva York y aparte participar en un par de episodios de Glee en Los Ángeles. Fue extraño pero a la vez muy divertido. Soy un poco esquizofrénico, pero agradezco trabajar tanto como pueda. También estoy memorizando mis líneas para una obra teatral que haré cuando termine mi trabajo actoral en Boss”.
La segunda temporada comenzó con los capítulos “Louder Than Words” y “Though and Though”, en los que Meredith (Connie Nielsen), mujer de Kane y quien ya está enterada de sus problemas de salud, decide mantener el matrimonio por conveniencia y acompañarlo públicamente en sus actividades. Emma (Hanna Ware) sigue presa y debe luchar contra sus propios demonios. La ex asesora Kitty O’Neill (Kathleen Robertson) intenta superar la muerte de su compañero de trabajo y se aleja de todo el revuelo mediático para meditar si tendrá o no a su hijo con Ben Zajac (Jeff Hephner), que no sabe nada del embarazo y continúa con sus intenciones de convertirse en el gobernador de Illinois de la mano del alcalde de Chicago. A todo se suma que a Kane le diagnosticaron una enfermedad degenerativa sin curación (algo parecido al parkinson y el alzheimer combinados, pero aún más grave), que lo hace cometer errores que empeoran su situación.