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Un hombre confundido toca fondo en Allende en su laberinto

La película costó cerca de 700.000 dólares | foto: CORTESÍA LA TAGUARA FÍLMICA

La película costó cerca de 700.000 dólares | foto: CORTESÍA LA TAGUARA FÍLMICA

La película, rodada en la Cancillería venezolana, cuenta las últimas horas de vida del presidente chileno en el Palacio de La Moneda 

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Los últimos momentos de vida del presidente de Chile Salvador Allende llegan al cine casi como una introspección, un viaje a las dudas del director Miguel Littín. Con una propuesta simple y trivial, el filme Allende en su laberinto muestra una mirada ficcionada de un hombre confundido sobre el rumbo que debe tomar la historia que él mismo creó. 


La coproducción entre Venezuela y Chile narra las últimas siete horas del mandatario, que transcurren en el Palacio de La Moneda, durante el golpe de Estado liderado por Augusto Pinochet. 

La cinta no refleja a un Allende mártir que da su vida a cambio de trascender y de salvar a su pueblo, sino a un hombre desconcertado, perdido en su laberinto, detenido en un momento político y sin control de la situación. El personaje pacifista –admirador de Fidel Castro y el Che Guevara–  solo no titubea cuando toma las armas. 

Se trata de un guion sencillo escrito por el propio director chileno, quien vivió de cerca el golpe, tras el cual fue exiliado en México. En los 43 años transcurridos desde entonces, el cineasta se nutrió de documentos y testimonios para llevar a cabo el proyecto, que destaca por la narración de las emociones pero decae en los detalles.

En la cinta, producida por la compañía venezolana La Taguara Fílmica, falta el suspenso. Algunos datos son soltados al espectador de forma evidente y sin sorpresas. 

El filme es protagonizado por el chileno Daniel Muñoz y a pesar de que el elenco está compuesto en su mayoría por actores venezolanos, sus voces fueron dobladas con acento de ese país. Las locaciones también son venezolanas. Fue rodado en la sede de la Cancillería de Caracas y en un edificio abandonado detrás de la Asamblea Nacional. Yuruani Rodríguez, directora de arte, afirma que los permisos se consiguieron fácilmente. 

En principio la película sería filmada en el Palacio de La Moneda, pero la idea fue rechazada por el gobierno de Sebastián Piñera, presidente de ese país en febrero de 2014, cuando comenzó el rodaje. Precisamente en esa fecha Venezuela vivía fuertes protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro, por lo que –cuenta Rodríguez– fue difícil filmar y tuvieron que aumentar la seguridad para el equipo artístico. 

La productora ejecutiva, Gabriela Fuentes, asegura que otra de las trabas fue la falta de recursos para lograr los sets y vestuarios, por lo que parte del material se trajo de Chile. 

La película costó cerca de 700.000 dólares, monto financiado por ambos países. En Chile el filme fue aclamado como registro histórico, pero criticado por su falta de detalles.