• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

La heredera del Rey se refugió en la creación

Lisa Marie Presley / EFE

Lisa Marie Presley / EFE

La artista, hija de Elvis Presley, recurrió al estudio de grabación para lidiar con sus heridas vitales

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Tiene una vena junto al ojo que parece una cicatriz, el tobillo tatuado y un rostro extraordinariamente similar al de su padre. La misma mirada de languidez de alcoba, las comisuras de los labios en perpetuo mohín. Aunque quisiera evitarlo, Lisa Marie Presley lleva el legado de Elvis adonde vaya. Un orgullo y también una carga.

“Soy cantautora”, repite como un mantra, quizá para intentar que se olvide lo demás. Que es la única heredera del Rey, sus matrimonios con Michael Jackson y Nicolas Cage o su ingreso y salida de la Cienciología. Es difícil desprenderse de tanto bagaje; a lo mejor por eso a los 44 años de edad sigue a la defensiva.

Nada de preguntas sobre sus ex parejas o sobre religión, avisa una empleada de la discográfica. Y en persona, pese a los intentos promocionales de presentarla como a una chica sureña que podría estar improvisando melodías en el porche de casa, Lisa Marie Presley posee las particularidades de una celebridad contemporánea. La rígida melena de peluquería, el vestido de firma y una actitud malhumorada.

La hija de Elvis presentó en directo su disco Storm & Grace en el legendario club londinense de jazz Ronnie Scott’s. La escena no habría desentonado en una producción de David Lynch. “Necesito un par de copas”, bromeó. Cuando su cuarto marido y guitarrista, Michael Lockwood, fotografió al público para publicarlo en su cuenta de Twitter, ella se mostró impaciente. “Era por la tarde, con una audiencia de profesionales de la industria musical y más estresante de lo habitual”.

La vocación como artista le llegó tarde. Pasó su primera juventud rebelándose contra su madre, tonteando con las drogas, ingresando en la Cienciología y criando dos retoños. A los treinta y tantos, cuando sus dos hijos con Danny Keough eran adolescentes, comenzó a cantar: “Mi principal preocupación era ser madre. Lo otro ocurrió de manera natural, cuando estuve preparada”.

Sus primeros álbumes de estudio, To Whom It May Concern (2003) y Now What (2005), esquivaron el éxito comercial. Luego de un paréntesis de siete años lanza Storm & Grace con la convicción de que en el country-blues ha dado con su voz. Esta colección de canciones inspiradas en los sonidos del sur estadounidense es, sin embargo, fruto de una mudanza a Inglaterra.

Después de toda una vida en Hollywood, se trasladó con su familia a Sussex. Allí cuida del jardín, pasea, cocina, visita el pub local y en general cuida de sus gemelas. “Buscaba una vida más simple y además adoro los cielos grises. Soy de Memphis y allí abundan las tormentas”.

La cantante vivió en Graceland hasta que sus padres se divorciaron en 1972. Elvis Presley le concedía cualquier deseo magnificado. Si quería ver una película, alquilaba el cine; cuando anunció que nunca había visto la nieve, la llevó en avión privado a Utah para que jugara allí.

Pero ella prefiere recordar los días que pasaba en Graceland escuchando discos de 45 revoluciones y cuando cantaba con un cepillo frente al espejo. “Mi padre no me asesoraba, pero me animaba a recibir clases de piano”, dice. Graceland encierra otros recuerdos menos entrañables. Las manos de los fans que aparecían entre las verjas, los altibajos de su padre, la constante vigilancia. “A veces daba miedo. La gente se sentaba en el muro, saltaba dentro. Me acostumbré a tener seguridad a mi alrededor desde joven”.

Cuando cumplió 25 años, se convirtió en administradora de la herencia: la finca, el Cadillac rosa, el jet privado bautizado como Lisa Marie… El patrimonio que su madre revitalizó al convertir Graceland en una atracción turística pasó a sus manos. “No me importó hacerlo”, responde sobre si supuso demasiada responsabilidad. “Mi cometido es proteger su nombre y su imagen, y siempre he querido desempeñar esa tarea”. Priscilla Presley está encima de los detalles cotidianos: “Le encanta y es muy buena en ese trabajo. Se sienta en los consejos de administración y me cuenta lo que sucede. No tengo cabeza para los negocios”.

Sobre la herencia musical es más esquiva. Hasta le faltan recursos para expresarse. “Mi padre era un enigma, pero a veces puedo escucharlo en mí, sobre todo ahora. Sé que tengo algo en el ADN, pero no comparto su voz ni su talento”.

¿Qué heridas ha cerrado la música? “Pues todas mis experiencias vitales”. Una de las empleadas en la habitación avisa que la entrevista llegó a su fin. Lisa Marie Presley se levanta como si el resto de los presentes se hubieran vuelto invisibles, lanza un suspiro de alivio o hastío y de una patada al aire se quita los zapatos de tacón.