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Desde hace 50 años la realidad se cuenta a “Zapatazos”

El primer "Zapatazo" se publicó el 21 de enero de 1965

El primer "Zapatazo" se publicó el 21 de enero de 1965

Maestro para los humoristas y caricaturistas de Venezuela, sus creaciones e inventiva en El Nacional cumplen 50 años. Es, para muchos, uno de los artistas más completos del país

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El 21 de enero de 1965 se publicó el primer “Zapatazos” en El Nacional. Su autor es uno de los artistas más importantes de Venezuela: Pedro León Zapata, quien además de ser escritor, pintor y humorista ha dedicado gran parte de su vida al oficio por el que será más recordado: caricaturista.

Con un humor agudo, Zapata dibuja la realidad en las páginas de este diario.

Sus creaciones invitan a la reflexión. Sobre él reposa el logro de haber convertido al humor gráfico en género periodístico y vehículo de denuncias.

“Zapata es el maestro del humor en el país. Es un faro para quienes están perdidos. El día que no salga un ‘Zapatazos’ es porque algo pasa en Venezuela. Él es la voz de lo que todos pensamos”, dice el humorista Claudio Nazoa.

Laureano Márquez asegura que los “Zapatazos” son la radiografía más bien lograda de la contemporaneidad del país. “Zapata tiene la capacidad de decir en una sola frase lo que a un sociólogo le tomaría una tesis”, afirma.

Con él coincide Gabriel Bozzone, caricaturista de El Carabobeño, quien considera que a través de los “Zapatazos” el artista interpretó el humor del país y lo expuso con calidad.

“La caricatura en Venezuela está muy influenciada por su lenguaje, la forma en que se colocan los símbolos, cómo se alude a los políticos. En una sola imagen se esconde una figura conocida por todos a través de una alegoría”, agrega el dibujante.

Mara Comerlati, esposa de Zapata, resume las cinco décadas como un recorrido risueño y certero de lo que ha pasado en el país. “Siempre desde su punto de vista, porque la verdad no es una sola. La de él es auténtica y sincera, sin intereses espurios. Cuando ha apoyado una causa es porque ha estado convencido. Lo ha hecho de forma equidistante, sin fanatismo”, expresa.

El legado. Zapata ha influenciado a generaciones enteras de caricaturistas.

En el trabajo de artistas como Edo, Weil y Pinilla se evidencia el espíritu de los “Zapatazos”.

Bozzone se considera parte de este grupo: “Me levantaba todas las mañanas y tomaba café mientras veía el ‘Zapatazos’. Gracias a él, en Venezuela se le dio una mayor importancia al caricaturista como líder de opinión”, dice.

“Los humoristas gráficos están en deuda con él, con su  enseñanza de un humor comprometido, que no evade la realidad, que no fomenta el odio, que induce a la reflexión profunda. Los ‘Zapatazos’ son la visión más seria que alguien nos ha ofrecido de la sociedad venezolana”, indica Márquez.

Roberto Weil confiesa que el caricaturista lo influenció desde el quehacer pictórico. “Me metía en el laberinto de su técnica para recorrer los trazos y sentir la energía con que había sido creada la obra”, dice y agrega que el legado de Zapata es él mismo.

“Cuando uno observa sus caricaturas, entra en un mundo muy particular, un mundo único que es suyo, donde se encuentran ideas armadas de una manera que a uno nunca se le habían ocurrido”, completa el dibujante.

La más controversial. El viernes 20 de octubre de 2000 el trabajo de Pedro León Zapata tuvo un punto de inflexión cuando el entonces presidente Hugo Chávez se refirió en cadena nacional a uno de sus “Zapatazos”.

Al fallecido mandatario le molestó una pieza que ilustraba el temor de Zapata por la militarización del país, en la que un sable acompañaba a la frase “A mí la sociedad civil me gusta firme y a discreción”.

Comerlati considera difícil elegir alguna caricatura representativa, pero no duda en decir que la aludida por Chávez fue un hito. “Eso no había pasado antes. Él estaba en una boda en Colombia. Cuando llegó, le mostré el video. Sintió mucho estupor, le pareció insólito”.

Con ella coinciden Nazoa y Márquez, quien afirma que esa caricatura puede resumir todo el proceso del chavismo: “La construcción de una sociedad en la que solo quepa la obediencia militar, donde toda disidencia sea considerada un exabrupto. Zapata tiene ese tino, ese brillo para expresar estas cosas, que es inigualable”.

Días después de lo ocurrido, Zapata se refirió al tema en una entrevista publicada en El Nacional. Dijo que le parecía válido que el presidente ejerciera su derecho a réplica, pero lo contrarió en otro aspecto. “No le acompañó la razón cuando dijo que yo, Pedro León Zapata, pienso porque se me paga. Eso no me pareció correcto. Sentí que esa era la expresión de lo que quiero imaginarme que en los cuarteles piensan de la gente que piensa: que la gente piensa porque le pagan”, afirmó.

Muchos de las pinturas originales de los primeros años de “Zapatazos” se perdieron. Otras fueron donadas a la Galería de Arte Nacional y la Casa de las Américas. “En casa permanecen muchas. Se podría hacer un extraordinario museo con las obras de Pedro León y de otros caricaturistas. Él hizo que se respetara el género. Eso es un legado que las nuevas generaciones han prolongado”, señala Comerlati.


Un mural que espera su recuperación

Conductores de Venezuela (1999) es una de las obras más importantes de Pedro León Zapata en Caracas.

Son más de 150 metros de extensión en la autopista Francisco Fajardo en los que se ven figuras como Armando Reverón, Teresa de la Parra, José María Vargas y Simón Rodríguez.

Su majestuosidad se enfrenta al paso del tiempo y el descuido. “Es monumental. Lo que me duele muchísimo es su conservación. Tiene un par de boquetes muy grandes, a pesar de que la Universidad Central de Venezuela con sus escasos recursos hizo algunos arreglos hace varios años. Hay que desmontarlo completo, sanear el muro y volverlo a pegar”, dice Mara Comerlati.

La esposa del artista plástico recuerda que hay otros murales en similares condiciones. “En Lechería hay otro que está en mal estado. Hace poco denunciaron que cometieron vandalismo, incluso. No sé si aún exista el de la Casa Cultural Agua Fuerte, que está ubicada en la carretera que lleva al pueblo de Choroní, en el estado Aragua. También hay dos grandes en la Universidad de los Andes, en el núcleo de La  Hechicera, donde está la Facultad de Arquitectura y Diseño”, detalla.