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"El gobierno debe apoyar proyectos de cineastas, así lo critiquen"

Román Chalbaud, dramaturgo, director de teatro y cineasta venezolano / Alexandra Blanco

Román Chalbaud, dramaturgo, director de teatro y cineasta venezolano / Alexandra Blanco

 A 55 años del estreno de su ópera prima, el cineasta terminará en unos meses el rodaje de La planta insolente, sobre la vida de Cipriano Castro. No descarta hacer una película sobre Hugo Chávez 

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En 2014 se cumplirán 55 años del estreno de Caín adolescente, ópera prima de Román Chalbaud, uno de los cineastas y dramaturgos más prolíficos del país. A pesar de que recientemente cumplió 82 años de edad, el director de más de 20 largometrajes espera tener lista en unos meses La planta insolente, filme sobre Cipriano Castro, producida por La Villa del Cine. Su meta: hacer cine hasta llegar al centenario de vida.

Dice que antes que realizador fue crítico de cine, cuando por un tiempo escribió, ad honorem, reseñas de cintas para el suplemento Papel Literario de El Nacional.

—Siendo autor de una gran cantidad de obras de teatro, ¿por qué Caín adolescente fue la primera en llegar a la gran pantalla?

—A los 19 años fui asistente de director del mexicano Víctor Urrichua, en Bolívar Films. Caín adolescente, la obra de teatro, tuvo un éxito enorme en 1955. Entonces, Hilario González, un amigo mío cubano que llegó aquí con Alejo Carpentier huyendo de la dictadura de Fulgencio Batista, me recomendó que la llevara al cine. Formó la compañía Alegro Films y recabamos 1.200 bolívares, con aportes de la gente. Cuando se acababa el dinero, parábamos el rodaje y comenzábamos a pedir de nuevo.

—Su mamá y usted se mudaron de Mérida a Caracas para probar suerte. ¿Cuánto tiene de su historia personal la trama? ¿Fue seducido por el mal alguna vez?

—Sí, pero mi mamá no fue amante de un brujo (risas), y vivimos en una pensión y no en un cerro. Escribí el guión después del contacto que tuve con la gente de La Charneca, barrio que quedaba cerca de la Televisora Nacional, en donde trabajaba. Y sí, todo el tiempo estuve tentado por el mal, incluso ahora. Hubo una época en la que bebí mucho aguardiente y fumé bastante. Si no hubiese dejado de fumar, ya estaría muerto, como José Ignacio Cabrujas, Isaac Chocrón, Arturo Calderón o mi padrastro.

—¿Le cambiaría algo a su ópera prima?

—Haría el guión muy distinto porque los diálogos se mantuvieron muy teatrales, cosa que no hice con El pez que fuma, La quema de Judas, Sagrado y obsceno, etc.

—Teniendo una obra repleta de contenido social, algunos podrían pensar que su cambio de género hacia lo histórico durante los últimos años es para no molestar al poder…

—Siempre quise hacer cine histórico. Llevé a la televisión, en vivo, la vida de Simón Bolívar, Andrés Bello, Teresa Carreño. Pero se disponían de pocos recursos. Mucho antes de que llegara Hugo Chávez a la Presidencia yo quise hacer una película sobre “Las trece fieras”, los malechores que andaban con Martín Espinoza que Ezequiel Zamora mandó a fusilar. Yo envié ese guión al CNAC y no lo aprobaron; lo tengo todavía. Años después, me llaman para hacer la película Zamora porque César Bolívar no pudo y acepté encantado. El cine histórico es tan importante como la escuela y lo hago con mucha fe, no por interés.

—¿Haría en este momento arte con contenido social?

—¡Claro! De hecho, debido al éxito de El pez que fuma que dirigió maravillosamente Elba Escobar hace poco, estoy adaptando La oveja negra al teatro, con el productor Oswaldo Estrada y quizás la dirija Luis Fernández. Creo que esa es mi mejor película, pues muestra la marginalidad, que siempre he tocado, con un tono más poético. Yo no he dejado de hacer crítica social.

—Un intelectual como usted que ha sufrido censura de gobiernos anteriores, ¿qué opina de que el chavismo haya arremetido en contra de Mariana Rondón por sus críticas hacia Hugo Chávez?

—Ella es muy buena directora; Postales de Leningrado es bellísima. Lo que pasa es que en el país hay una pugna terrible entre los que piensan distinto. El gobierno debe apoyar los proyectos de cineastas, así lo critiquen. Esas personas que la atacaron metieron la pata, pero no todo el mundo es inteligente. Yo la admiro muchísimo, aunque después ella misma se desdijo.

—¿Estrenará La planta insolente finalmente?

—Espero que sí, aunque faltan cinco escenas por filmar. Detuvimos el rodaje por la bronconeumonía que sufrió Roberto Moll –protagonista-. Casi lo mata, pero ya se recuperó. Debimos esperar también que le creciera de nuevo la barba y engordara. Luego fue un asunto de falta de presupuesto, que ya está solventado.

—¿Por qué cree usted que las películas de La Villa del Cine tienen tan pocos espectadores cada año?

La casa del fin de los tiempos de Alejandro Hidalgo tuvo casi 600.000 espectadores, pero Cangrejo o Macu, la mujer del policía –de Solveig Hoogesteijn- llegaron en su momento al millón de admitidos. ¿Por qué? Porque antes existían cines populares, pero los eliminaron. Ahora va menos gente al cine, pero las entradas son más caras. Las distribuidoras ganan más dinero y sabotean las películas nacionales para que no pasen de la tercera semana en cartelera. A quien debemos atacar es a Hollywood, no al cine venezolano.

—¿Cuál es su apreciación del cine nacional de los últimos años?

—Ahora se hace más cine que nunca, cosa que me parece magnífica. El apoyo del CNAC es importante, que, por cierto, para bien o para mal, las dos comisiones están en manos de la oposición (aunque haya gente del gobierno, también): la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos y la Cámara Venezolana de Productores de Largometrajes, que aprueban el financiamiento de las películas. Ahora se protege más al cine nacional. En el mismo año en el que nació el CNAC, en 1994, se aprobó una Ley de Cinematografía Nacional chucuta. En 2005 la llevamos a la Asamblea Nacional y se reformó como debería ser. Por ejemplo: es obligatorio que una película venezolana deba estar mínimo dos semanas en cartelera, haga o no taquilla. Aunque las distribuidoras irrespetan todo eso.

—¿Haría una película sobre la vida de Hugo Chávez?

—No me lo han propuesto, pero sí creo que debería hacerse, aunque dentro de unos años. No todavía.

Respetar lo que piensa el otro

Aunque Román Chalbaud percibía más dinero haciendo televisión, en 1981 se alejó del medio por considerarlo degradante de la cultura (pese a ello, en 2005 hizo Amores de barrio

adentro para VTV). “Todos los canales deberían ser culturales, no solo Vale TV”, dice. Tanto en el teatro como en el cine siempre generó reacciones de las facciones más conservadores de la sociedad nacional e internacional. Aunque espera vivir más de 100 años, ya tiene listo su testamento. Su videoteca será donada a Uneartes y cree que sus archivos de prensa, que datan de 1949, los cederá a la Cinemateca Nacional. Pensando en qué comentará la gente cuando él ya no esté, dice: “Menos mal que no voy a estar allí” y se sonríe con el carisma que lo caracteriza. “Hasta ahora ha habido mucho respeto y cariño hacia mí. Tengo la suerte de que la gente me reconoce en la calle y eso no es común con los directores”, agrega. Para él, es importante que en el país se respete la manera de pensar del otro.