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La gaita de protesta ya no suena en la radio

La agrupación, que cumple 30 años, le cantó “La gata blanca” a Blanca Ibáñez en 1990 | CORTESÍA MELODY GAITA

La agrupación, que cumple 30 años, le cantó “La gata blanca” a Blanca Ibáñez en 1990 | CORTESÍA MELODY GAITA

Desde sus orígenes, este género musical ha estado vinculado a la protesta. Hoy muchos de sus compositores se censuran 

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Hace muchos años que la gaita dejó las riberas del lago de Maracaibo y se convirtió en la melodía que musicaliza las navidades venezolanas. Por sus aportes a la cultura, el lunes será declarada a Patrimonio Cultural de la Nación por la Asamblea Nacional.

Aun cuando hay varias vertientes, el subgénero más conocido es la gaita tamborera. Y a pesar de que ha conservado sus raíces, la gaita ha cambiado al mezclarse con géneros como el vallenato y la salsa; combinaciones que han producido éxitos como “Amparito”, de Maracaibo 15 y “Pastelero”, de Guaco, entre muchos otros.

A esta tendencia se suma el hecho de que las canciones ya no suenan solo en Navidad. En Caracas y otras regiones del país puede escucharse desde junio en las radioemisoras, pero en Zulia este ritmo no abandona las tarimas. Grupos como Rincón Morales, que cumple 56 años, se presentan durante todo el año.

Una historia de protesta. Aunque le ha cantado al amor, al despecho, a la Chinita y al Zulia, la gaita tradicional es esencialmente contestataria. La primera canción de la que se tiene conocimiento, según la tradición oral zuliana, es “Ampoa”, un canto con el que los esclavos del Sur del Lago protestaban en contra de sus patronos.

Una de las piezas más conocidas, y quizás la única que todavía suena en radio, es “La grey zuliana”, de Ricardo Aguirre, un manifiesto en contra del centralismo, compuesta en 1968.

“En todas las circunstancias del país, la gaita siempre ha tenido una respuesta”, asegura Abdenago “Neguito” Borjas, líder de Gran Coquivacoa. Este grupo se ha consolidado como uno de los más frontales a la hora de alertar con canciones como “Dr. Caldera”, “Aló, Presidente”, “La Ley Mordaza” y la más reciente “No quiero ser la mitad”.

Otra de las más famosas gaitas de protesta es “La gata blanca”, de Melody Gaita, dedicada a Blanca Ibáñez, escrita en 1990. Años más tarde, la misma agrupación le cantó a Jaime Lusinchi “El perro”. Todavía las piden en vivo, asegura Álvaro “Cuchillo” Durán, director de la agrupación.

Sin embargo, ya no se escriben. Tanto Durán como Borjas afirman que no vale la pena producir canciones que no vayan a rotar en la radio debido a la censura.

“No podemos tapar el sol con un dedo, hay censura en las emisoras, entonces uno hace una gaita de protesta y no la transmiten porque no quieren meterse en problemas”, señala Bolívar Blanchard, de Rincón Morales, que este año sacó “A bachaquear”, un tema jocoso sobre el contrabando de productos de primera necesidad, sabiendo que no sonaría en la radio. Otra que se puede escuchar esta temporada es “La bomba de tiempo”, de Happy Gaita, dedicada a Nicolás Maduro. Barrio obrero de Cabimas, que ha mantenido su lírica protestataria durante sus 59 años de vida, tiene importantes temas como “¿Y qué vamos a esperar?” y “¿Dónde queda eso?”

Los resultados. La ausencia de las letras de protesta ha hecho que los compositores volteen a ver otros temas. “Ahora se escriben gaitas más nacionalistas. No les ha quedado de otra, porque tampoco pueden escribirse piezas como ‘La gaita de las locas”, dice Durán.

Borjas señala que con reproducir las canciones viejas es suficiente. “¿Para qué vamos a escribir más gaitas así, si hoy se protesta por lo mismo que se protestaba en el pasado? Si abres un periódico ves lo mismo: huelgas en Sidor, asesinatos, corrupción”, agrega.

Entretanto, Blanchart afirma que sí hacen falta, puesto que llaman la atención sobre los problemas del país y con él coincide Durán.

“Sobre el gobierno hay demasiado material y un montón de personajes: no solo gatas o perros, sino cualquier cantidad de animales que dan para una colección completa”, concluye el líder de Melody Gaita.